Cuentos de terror y otras leyendas de cabinas

Da igual que Halloween sea una tradición importada, a mi me gusta y me ofrece la oportunidad ideal para sacar del armario esas historias de terror que pueblan mil cabinas. Os aviso, muchas de las frases que van a quedar aquí plasmadas os marcarán de por vida, seguid leyendo únicamente si tenéis una buena taza de té al lado o nervios de acero.

Vamos a hacer un repaso a las frases que un intérprete no quiere oír jamas en el trabajo porque generan escalofríos y a todos esos misterios ilógicos que suceden en el trabajo que si se entera Iker Jiménez nos dedica un programa:

- Como manda la tradición, lo suyo es empezar con los clásicos, con esas frases capaces de helar la sangre del profesional más experimentado, todos hemos tenido que lidiar con alguna o con varias:

  • “Los traductores suelen quejarse porque hablo muy rápido, veamos que hacen los que me han tocado hoy”
  • “Solo me quedan 5 minutos pero he preparado 70 diapositivas, de las que aún quedan unas 50, y en lugar de resumir, voy a leerlas todas a gran velocidad”
  • “Soy español y aprendí inglés en un curso por correspondencia durante las vacaciones de Semana Santa del año pasado pero me veo capacitado para dar esta charla altamente técnica y de una hora de duración completamente en spanglish
  • “Hablo algo de español, que aprendí en el instituto de California, así que salpicaré mi charla en inglés con frases extremadamente coloquiales y mal pronunciadas que un intérprete nacido en España va a tener que buscar en Google mientras su compañero le pide el cambio”
  • “Me han dado un micro de mano para que pueda moverme por la sala pero puedo prometer y prometo que no hablaré directamente al micrófono más de 5 veces en toda la charla, para ayudar al intérprete a agudizar el oído y desarrollar poderes mutantes”
  • “Mi charla iba a tratar sobre los distintos pernos y mecanismos muy técnicos (pero mucho, de técnica de esa chunga) que permiten el cierre de las puertas del metro de la ciudad de Tokio, pero en lugar de eso y aunque le pasé las diapositivas al intérprete, he decidido que voy a hablar sobre la arquitectura de mi ciudad natal, Turín….”
  • “¿Descanso? Sé que llevas 4 horas de consecutiva pero, ¿quién ha dicho nada de descanso para comer?”
  • “Como soy un tío gracioso, voy a contar chistes guarros y francamente imposibles de traducir cada dos frases para ver qué hacen los intérpretes”
  • “¿Dos intérpretes? ¿Para qué quiero dos si total solo son 9 horitas de nada de conferencia de tema general?”
  • “No hay botón Mute”
  • “No, no hay cabina, ¿cómo que no puedes hacer simultánea sin cabina?”

- Si hay algo digno de estudio en el ámbito paranormal es el extraño atractivo que genera ese espacio prohibido que se encuentra delante del cristalito de la cabina del intérprete, esa zona que al parecer desprende feromonas y otras cosas del querer y hace que la gente se desmadre, pierda los papeles, abandone el juicio y el sentido común para colocarse ahí, en todo el medio, donde más molesta, aunque se lo digas. Es como el campo de fuerza de la Estrella de la Muerte y atrae a todo ser vivo incluso contra su voluntad (sobre todo contra la voluntad del intérprete que se queda sin ver un pimiento). A todo esto, el ponente, desconocedor de esta ley de la física cuántica, sigue tan tranquilo con su exposición, señalando cosas en la diapositiva sin tener idea de que su intérprete ha perdido por entero la opción de ver sus indicaciones.

 

Presiento la presencia de una cabina justo enfrente

 

- La lucha imposible que tenemos que batallar casi en cada proyecto para demostrar que no pedimos el material para: (a) molestar, (b) vender secretos a Rusia, (c) ¿puedo pedir el comodín del público? o (d) liar porros con las diapos.

Es necesario seguir con la lucha pero hay días en los que las respuestas que recibes te dejan temblando.

- El surrealismo es posible, siempre. No os extrañe demasiado si un día recibís una llamada de un cliente potencial que ha encontrado tu perfil en LinkedIn (por poner un ejemplo) y quiere saber si eres la persona que está buscando. Hasta ahí, todo parece bastante normal, asumes que te va a preguntar por tu formación, experiencia, campos de especialización, disponibilidad para las fechas en cuestión y la tarifa, pero no…

[Extracto de la conversación]

- ¿Puedo pedirle que me hable en inglés? Es para estar seguro de que lo domina.
– Llevo casi 10 años trabajando como intérprete del y al inglés pero, bueno, si tiene dudas, no pasa nada. ¿Qué quiere que le cuente en inglés?
– Pues hable del tiempo que hace hoy.
– It’s sunny…blah, blah, blah…[así 5 minutos]
– Muy bien, me ha encantado, no he entendido una palabra, porque yo no hablo inglés pero todo sonaba muy bien.

- La percepción que tiene a veces el público de la cabina y de sus habitantes no deja de sorprenderme. He visto cosas, como dirían en los programas de medianoche. Desde mujeres que entran como almas poseídas preguntando si eso es el aseo. No señora, esta cajita tiene ventanas, si fuera el baño tendríamos un serio problema de intimidad. Hasta mi favorito, un hombre que sufrió casi una embolia en una charla y tuvo que parar al ponente porque no sabía a ciencia cierta si el Translator System estaba encendido.

- ¿No se escucha la traducción en los cascos?

-Sí, eso sí, pero no se ha encendido ninguna lucecita roja encima de la cabina.

En el fondo, nos queda mucho camino por recorrer si queremos informar de forma clara y precisa sobre nuestra profesión. En una búsqueda rápida vi que en Estados Unidos existe la más amplia selección de disfraces sexy de cualquier profesión u objeto para estas fechas pero no hay un intérprete ni una cabina sexy (eso casi es algo positivo).

Aunque las cabinas tienen un largo historial de disfraces. Todos hemos oído hablar de ese cliente que quería meter la cabina en el aseo o montarla en el cuarto de los trastos para que no quedase fea en medio de la sala del congreso. Algunos intérpretes al trabajar con infoport se han visto castigados tras un biombo o un helecho para así quedar más mimetizados con la sala. En cierto modo, somos maestros del disfraz.

Recientemente, me tocó interpretar en un congreso de vampiros y uno de los ponentes se dedica a hacer colmillos de manera profesional, pero cuando le dije que quería unos él no tenía claro si sería muy práctico que una intérprete tuviese colmillos de vampiro:

 

vampire

Un taller de traducción en Tarazona

Me encantan las novelas de ciencia ficción, por lo que soy una fan incondicional de los que las traducen, dado que sin su trabajo no habría podido descubrir algunos de los libros que más me gustaron durante la infancia.

La semana pasada, Manuel de los Reyes, uno de estos traductores, habló en Barcelona sobre su experiencia con este género. Aún se pueden leer las ideas principales en Twitter (#APTIC_CF).

Este verano, él fue uno de los profesores de los talleres de traducción que tuvieron lugar en Tarazona. Le comenté que iban a celebrarse estos talleres a una de mis antiguas alumnas, Nina Pantelic, porque sé que comparte mi pasión por la fantasía y la ciencia ficción. En agradecimiento por la recomendación, me ha enviado esta crónica sobre su experiencia del curso que espero os guste.

Crónica sobre un taller de traducción celebrado en Tarazona

 

A medida que las hojas empiezan a caer junto con las máximas de temperatura, a menudo recuerdo con cariño esos escasos e intensos días dedicados a la traducción del pasado mes de julio. Quizás debería echar la vista atrás un poco.

 

Todo empezó hace unos meses cuando envié un mensaje a mi antigua profesora de interpretación a través de una red social, un mensaje que no tenía nada que ver con este tema. Ella mencionó un taller de traducción que se iba a celebrar en un par de semanas y que, en su opinión, podría ser de mi interés. En efecto, el precio estaba bien, se ofrecía la opción de alojamiento para los participantes y el lugar donde se iba a celebrar era Tarazona, una localidad preciosa que había visitado de paso hace un tiempo y a la que siempre había querido volver. Además, uno de los organizadores del taller era la Casa del Traductor, sobre la que apenas había oído hablar y de la que sabía muy poco, a pesar de que ese nombre figuraba en varias de las publicaciones que leí al estudiar traducción. Lo único que conocía en ese momento era que se encontraba a una hora de distancia de mi nueva casa en Zaragoza.

 

Tarazona

Tarazona

 

Acababa de pasar la fecha límite para las inscripciones, pero con la ayuda del personal de la Casa del Traductor y, sobre todo, de los principales organizadores, ACE Traductores, pude ser el miembro número 14 del grupo con el que compartiría cuatro días llenos de traducción y de nuevas amistades. Durante los días antes del inicio del taller, mantuvimos un contacto constante entre nosotros y con Ana Mata, intercambiando correos sobre cómo organizar el transporte, así como la división de compañeros de habitación y de los grupos de traducción. Los participantes debíamos dividirnos en dos grupos con el mismo número de estudiantes. Cada grupo tendría un traductor profesional al frente. Nos dieron la opción de elegir entre Gema Rovira y Manuel de los Reyes, pero como los dos son excelentes, basé mi decisión en la sugerencia que me dio mi antigua profesora de interpretación y me quedé en el grupo de Manuel.

 

Nina 2

 

Todos llegamos el domingo por la tarde, muchos nos dedicamos a conocernos un poco antes de llegar al Seminario de Tarazona, un edificio antiguo, enorme y precioso que aún se utiliza y en el que tuvieron lugar las comidas de los siguientes tres días que estaban incluidas en la pensión contratada.

A la mañana siguiente nos presentamos oficialmente durante el desayuno y a pesar de que algunos ya nos conocíamos de la tarde anterior, al inicio del taller casi todos nosotros no nos conocíamos de nada. Había alumnos de primer año de la universidad, traductores recién graduados y profesionales que tras una década de trabajo habían descubierto que la vida les llevaba por nuevos caminos cuando encontraron que lo que realmente les apasionaba era la traducción. La mayoría eran de España y tenían el español como lengua materna, pero no era la única que provenía de otro país; lo que fue un alivio, puesto que sabía que no estaría sola a la hora de traducir a un idioma que no es mi lengua materna. Simplemente iba a tener que esforzarme más.

 

Habían contratado transporte para que pudiéramos ir y venir del Seminario a la Casa del Traductor, aunque algunos optamos de vez en cuando por el paseo de 25 minutos y, a menudo, nos quedábamos en Tarazona a comer o cenar para probar los platos de la zona.

 

Nina 3

 

Los días del taller fueron intensos, con sesiones de mañana y tarde. La primera mañana nos recibieron en la estupenda Casa del Traductor, un edificio renovado de tres alturas, que incluye aulas, un amplio salón con puertas de cristal que dan a un balcón desde el que se pude ver el pueblo y, en la planta de arriba, hay una zona de habitaciones privadas para futuros talleres de traducción, que aún están en las últimas fases de construcción. Tras la presentación del personal y de los organizadores, nos pusimos manos a la obra.

 

Cada uno de los dos grupos recibió un paquete de hojas, que eran los textos que ibamos a traducir esos días. Luego, nos subdividieron en grupos de dos y de tres en momentos puntuales, dado el número total de alumnos. Pasamos los siguientes días trabajando con los portátiles, diccionarios y con el cerebro que echaba humo. Mi grupo en concreto tenía seis cuentos cortos individuales que a la vez estaban entrelazados y trabajábamos con un par de ellos en cada sesión. Manuel nos explicó datos sobre el autor para que pudiéramos entender lo que pensaba y comprendiéramos mejor su estilo al escribir. También analizamos la estructura de los cuentos en el formato online interactivo, dado que este era otro recurso al que teníamos acceso. Creo que mi compañera de traducción y yo tuvimos suerte, dado que congeniamos de inmediato y pasamos esos días trabajando en una cierta armonía. Durante esos días, trabajamos con los cuentos, dejando por la tarde que los otros grupos revisasen nuestras traducciones hasta que terminamos. Otra de las cosas que tuvimos que aprender fue a gestionar la revisión de las traducciones de los otros alumnos, dado que para esto nos asignaron a un nuevo miembro en el grupo y, en ocasiones, uno se ocupaba de revisar la traducción de un texto que ya conocía. Sin embargo, de este modo pudimos ver el estilo de los otros participantes y tuvimos acceso al trabajo que había llevado a cabo otro de los grupos durante la mañana. Hay que tener en cuenta que por las mañanas nos enfrascábamos en nuestro propio trabajo y apenas interactuábamos con el resto.

 

Por las tardes la actividad era igual de frenética, recibíamos cursos intensivos sobre el mundo de la revisión, cómo se debe presentar una sugerencia sobre una traducción, cómo funciona el diseño, cuáles son las partes importantes del proceso y hasta qué punto el traductor puede influir en el producto final. En dos ocasiones tuvimos el privilegio de escuchar a gente que trabaja en el sector editorial: una de estas personas trabaja en España, la otra en Estados Unidos. También les planteamos preguntas al final. Durante la última tarde, vimos un diseño de prueba del aspecto que podrían tener nuestras traducciones, incluyendo la información sobre los autores que habíamos recabado todos juntos.

 

Nos explicaron el funcionamiento de la revista Granta

Nos explicaron el funcionamiento de la revista Granta

 

No quiero decir con esto que solo nos limitamos a trabajar. Uno de los participantes organizó una visita guiada a la preciosa catedral de Tarazona y a toda la localidad. El tercer día nos fuimos a comer con el grupo al completo y, la gran mayoría, incluyendo a los profesores, se reunía al final de las sesiones para charlar y conocernos todos un poco mejor, no solo como traductores sino también como amigos. La ceremonia de despedida del jueves resultó agridulce, porque vivimos días muy intensos y provechosos. Nos prometimos mantener el contacto y lo hemos hecho.

 

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Al echar la vista atrás, a menudo las mejores experiencias llegan de forma accidental. Si no hubiera enviado un mensaje a mi antigua profesora no me habría enterado de la existencia del taller y ahora viviría una vida más pobre si pienso en los contactos obtenidos, el conocimiento adquirido y las amistades que nacieron allí. Si alguien me preguntase ahora si volvería a hacer el taller, mi respuesta sería sí, pero con la única diferencia de que esta vez sería la primera en inscribirme.

 

[Todas las fotografías utilizadas son propiedad de Elisa María Castillo]

Un premio y un micrófono para liarlo todo

Quería publicar una entrada para dar las gracias a todos los que han votado en los premios Community Choice de Proz, puesto que esta bitácora ha recibido por segundo año consecutivo el premio a mejor blog de interpretación. Es algo que puede parecer una tontería pero me hace mucha ilusión saber que mis entradas con títulos extraños le interesan a alguien.

Este año no he ganado el premio a mejor profesora de interpretación, pero creo que es justo, puesto que por ahora he dejado de dar clases, al menos durante un tiempo y la ganadora es la fantástica Esther Navarro-Hall, que nos concedió una entrevista para el blog el año pasado.

Sin embargo, ha sido una grata sorpresa recibir un premio por el taller que impartí en Lenguando Madrid sobre interpretación susurrada.

 

 

Hace mucho que no incluyo ninguna de las aventuras de la intérprete anónima en el blog, esa chica que trabaja en cabina con el intérprete de la moto y que se mete en las situaciones más extrañas. Bueno, me han pedido que no la olvide y hace poco me enteré de una de sus últimas anécdotas, así que espero que guste.

Vamos a ponernos en situación: ella tenía que trabajar en una entrevista para un programa de televisión, el entrevistado era un artista bastante amable y el programa les había citado a última hora de la tarde. Hasta ahí, todo bien. La cabina estaba en un edificio distinto al que albergaba el plató de televisión por lo que se despidió del artista con el que todavía no había tenido mucho tiempo para hablar. Un técnico le mostró su silla y el micrófono. Tenía una pequeña pantalla para ver lo que pasaba durante la entrevista y poco más. Ni un botón de volumen, ni el siempre valioso botón de mute.

- ¿Y si tengo que toser?

- No tosas.

- ¿Y si realmente tengo que toser?

- Esto duran 15 minutos, es como un concierto de música clásica, solo puedes toser al final.

Menos mal que tenía tiempo para toser y carraspear hasta el infinito mientras preparaban todo para la entrevista.

De repente una voz le habló desde los cascos. El técnico, tras dejarla sola, ya había llegado a su puesto, en otra planta de ese mismo edificio y se disponía a hacer las pruebas de sonido.

- ¿Puedes decir 1,2,3 en el canal de español? Este es el sonido que va a salir en directo.

- 1,2,3 y 1,2,3

- Perfecto. Ahora, vamos a probar el canal de inglés, que solo es para que el entrevistado se entere de las preguntas.

- Vale, ¿1,2,3 en inglés?

- No, mujer, recita un poema en inglés.

Cualquiera diría que era una petición fácil, había pasado 5 años en un edificio de Ciudad Universitaria estudiando literatura inglesa, pero nada, no se acordaba ni de su poema favorito de Byron:

She walks in beauty, like the night

of cloudless climes and starry skies;

and all that’s best of dark and bright

 meet in her aspect and her eyes:

Imposible recordar ni una sola estrofa del discurso del día de san Crispín que memorizó para un examen. Rebuscó en su disco duro como si le fuera la vida en ello pero es que ni siquiera logró sacar partido de su lado más friki:

One Ring to rule them all,

One Ring to find them,

One Ring to bring them all

and in the darkness bind them.

El libro en la mesa estaba traducido al castellano, no contaba

El libro en la mesa estaba traducido al castellano, no contaba

 

 

Al ver que el técnico podía quedarse frito esperando, decidió optar por la solución de emergencia: ¿Y si te cuento un chiste en inglés?

Fue justo en ese instante en el que Murphy y el otro técnico que estaba en el plató decidieron que era el momento de conectar el pinganillo que el artista llevaba. Por supuesto, el pobre artista solo escuchó el final y desde la pantalla se podía ver su cara de: ¿Perdón? ¿Qué ha pasado?

Sobra decir que el técnico de sala casi se muere de la risa y que la intérprete tardó 2 segundos en explicar al entrevistado que no era más que la prueba de sonido, pero volvemos a la moraleja de una de las últimas entradas: ¡Cuidado con el micrófono! 

Nicole de la cabina

Por si alguien del sector no se ha enterado, hoy es el día internacional de la traducción y todos los traductores comparten en redes sociales la imagen de San Jerónimo y su calavera. Ya sé que, técnicamente, también es el día de los intérpretes, no en vano la mitad de los clientes nos llamará siempre traductores, pero…

¿Es que no tenemos un santo propio?

Ya está aquí la que quiere separar la traducción de la interpretación, con lo bien que se llevan las dos. No, no es eso. De hecho, es la pregunta que me ha hecho la persona para la que interpretaba hoy. Al comentarle lo del día de la traducción, primero se ha reído y luego me ha dicho muy serio: ¿No tenéis santos? ¿Ninguno? ¿Ni una sola persona buena o al menos maja que os represente a todos como colectivo?

Normalmente se habla de los juicios de Núremberg como el nacimiento de la interpretación simultánea moderna pero la historia está llena de intérpretes de enlace y consecutiva anónimos, más o menos profesionales, que han estado en todos los saraos pero que han pasado sin pena ni gloria por los textos o el recuerdo. Si nadie les conoce, entonces, ¿a quién podemos nominar para el cargo? ¿A Nicole de las cabinas?

La muchacha con los cascos de un modo poco convencional

La muchacha con los cascos de un modo poco convencional.

 

Te puede gustar o no la película pero, tenemos que admitir que La intérprete sí ayudó a que la gente conociese un poco más la profesión. De acuerdo, no me convence del todo el modo en el que nos representa y en el fondo solo habla del trabajo en organismos internacionales, pero que levante la mano al que no le hayan mentado a la rubia al menos una vez después de decir que es intérprete.

No es por ser friki pero…bueno, sí, ¿para qué engañarnos? Vale, otra opción que acabo de leer en Twitter podría ser la de alzar como icono y símbolo del día del intérprete a un currante con una combinación de lenguas impresionante y difícil de superar: C3PO en la Guerra de las Galaxias o Star Wars.

 

Hola, yo venía a hacer una susurrada.

Hola, yo venía a hacer una susurrada.

 

 

El pobre nos representa bien: trabaja en condiciones que no siempre son las deseadas, viaja bastante, es una fuente constante de información extraña y a menudo inútil, no le suelen hacer demasiado caso, le toca hacer susurrada en circunstancias muchas veces poco agradables, tiene un compañero y se queja de que nadie le entiende.

 

¿A esto llaman micrófono?

¿A esto llaman micrófono?

 

Después de este momento friki, si me permitís volver a la interpretación que me ha tocado esta mañana, una de las frases que he oído me ha parecido curiosa: “las entrevistas son como citas. Dos desconocidos se reúnen, hablan y la cosa puede ir bien o salir fatal”.
Si eso es verdad, entonces, ¿qué pasa con el intérprete en las entrevistas? ¿Somos la amiga que les presenta o la casamentera de turno?
Se lo pregunté en el descanso y se echó a reír de nuevo, tras lo que me dijo:
- En ese caso es lógico que no tengáis santo.
¿Tendría dotes de intérprete La Celestina ? Desde luego, a la Malinche no le dio buen resultado lo de fusionar trabajo con la búsqueda de pareja.

El límite del estudio

Hay pocas cosas que tenga tan claras en esta profesión como la necesidad de preparar a fondo un tema antes de una interpretación. Es una de las cosas que me gustó de este trabajo, me gusta estudiar, aprender cosas nuevas y verme obligada muchas veces a leer sobre temas que sin un apoyo externo no habría tocado ni con un palo en toda mi vida.

Sin embargo, cada vez que me enfrento a un proyecto de interpretación que requiere mucho estudio me planteo la siguiente respuesta: ¿Hasta qué punto debo dedicarle horas? Parece fácil cuando eres estudiante en la universidad, te toca estudiar todas las horas que tienes libres para sacar una buena nota. Hasta ahí la cosa no cambia, el estudio en el trabajo también tiene un fin concreto: dar un buen servicio. Sin embargo, en el ámbito profesional entran otros factores en juego. En primer lugar, el estudio forma parte de ese proyecto y te van a pagar por hacerlo por lo que debe ser rentable. ¿A qué me refiero con esto? Muy sencillo, la tarifa que facturo debería cubrir el tiempo durante el que interpreto y el tiempo de preparación del tema. Parece sencillo y hasta básico, pero el problema surge cuando para estudiar un tema tengo que dedicarle tanto tiempo que si hago números la tarifa ya no es tan interesante.

De ahí mi pregunta: ¿dónde está el límite que debo imponerme al estudiar un tema?

Los problemas a los que nos podemos enfrentar suelen ser:

- Falta total o casi total de material. Muchos diréis que es una contradicción, si no hay material no hay nada que estudiar pero generalmente eso no es así. No puedes ir a un congreso sin saber absolutamente nada, te arriesgas a quedarte en blanco a la mínima y aunque no es culpa tuya no haber recibido las ponencias, no es plato de buen gusto verse en esa situación. A las malas, si no recibes nada, lo que haces es una auténtica labor de investigación en base al programa del evento y tiras del hilo hasta donde llegues. Lo malo en estos casos, es que sin una guía puedes ponerte a estudiar hasta el final de los tiempos, porque cada tema lleva a otro y así hasta el infinito. Eso desde luego no está pagado por muy buena que sea tu tarifa.

- Exceso de material. Los extremos son malos, ni mucho ni poco, lo que necesitamos es la cantidad justa pero, como todo en la vida, no siempre obtenemos lo que queremos. Algunos clientes te mandan tantos documentos, libros, presentaciones, carpetas con archivos, que es imposible hacer frente a todo. A veces le dedicas más de tres días a un proyecto que supondrá ni media jornada. No compensa a menos de que te interese mucho el cliente o el tema.

Sin embargo, ¿cómo decir que no a un trabajo interesante? ¿Cómo negarse a estudiar algo nuevo?

y sobre todo ¿cómo gestionar el estudio para que sea más rápido y eficaz? Últimamente estoy leyendo sobre técnicas de estudio, lo que es un regreso a los viejos hábitos universitarios. Tengo la suerte de no haber perdido del todo la costumbre de estudiar de la facultad pero es complicado cuando tienes varios proyectos la misma semana. La idea de ir a una interpretación sin estudiar me resulta impensable, pero a veces cuando llevo más de 200 términos anotados en el glosario de un proyecto me pregunto: ¿dónde está el límite? ¿Se dará cuenta el cliente del trabajo que hay detrás de una interpretación bien hecha?

Mientras tanto, estos son mis nuevos aliados, no solo de post-it vive la intérprete:

 

Marcapáginas de todos los colores

Marcapáginas de todos los colores

 

Highlights of highlighting

Highlights of highlighting

Ponga un mute en su vida

La relación entre el intérprete y el micrófono es compleja. Es nuestro instrumento de trabajo y cuando nos toca interpretar sin micrófono le echamos de menos. Sin embargo, el micrófono es terrible a la hora de guardar secretos.

 

Pequeño pero matón

Pequeño pero matón

 

¿Cuántos telediarios se han frotado las manos al ver que a un político, director de cine o entrenador de fútbol le pillaban en un renuncio con el micrófono encendido? Todos nos podemos acordar de al menos uno de esos grandes momentos y de lo que pensamos: ¿Es que no podía darse cuenta y apagar el micrófono?
Los intérpretes tenemos un gran aliado para estas cosas: el botón mute o botón para la tos. En la lista de artículos necesarios para la interpretación simultánea de AIIC lo mencionan como uno de los elementos que debe formar parte del pupitre o panel del intérprete.
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Prácticamente todos los modelos con los que he trabajado cuentan con este botón. Desde que empiezas la formación te familiarizas con él, a veces con el riesgo de pillarle demasiado cariño. Se supone que su uso debe limitarse a esos momentos en los que el intérprete necesita beber agua rápidamente, debe hacer una consulta puntual a su compañero, mover papeles en la cabina o toser.
Cuando me explicaron esto la primera vez en cabina me pasó lo mismo que me sucedió durante el primer concierto de música clásica al que asistí. Basta que me digan que no puedo toser hasta el descanso para que me pique la garganta como nunca antes. Menos mal que en cabina no es absolutamente necesario esperar al descanso para toser como si fueses la protagonista de La Bohème, para eso tienes el ya famoso botón.
Si tan solo la vida tuviera un botón mute

Si tan solo la vida tuviera un botón mute

 

Lo siguiente que aprendes sobre el botón es que si vas a usarlo lo mejor es que lo pruebes antes de empezar a trabajar porque cada pupitre tiene su sistema, en algunos basta con pulsarlo una vez, en otros se trata de una palanca que debes subir o bajar, en otros hay que mantenerlo pulsado. Algunos pupitres indican con la luz del micrófono si este ha quedado o no mudo pero en otros debes confiar en que la tecnología no te falle.

 

El mute es el botón pequeño junto al de encendido del micrófono

El mute es el botón pequeño junto al de encendido del micrófono

 

Entre palancas y ruedas está el botón mute

Entre palancas y ruedas está el botón mute

 

El clásico

 

Nuevamente el botón junto a la palanca del micrófono

Nuevamente el botón junto a la palanca del micrófono

 

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Los técnicos siempre te recuerdan que existe para evitar los comentarios a destiempo o los ruidos molestos que pueden escaparse desde cabina. Un intérprete una vez me preguntó si no sería más útil apagar el micrófono en determinados momentos en lugar de fiarnos del mute, puesto que había tenido una mala experiencia en la que creía que el micrófono estaba silenciado y dado que el botón había pasado por tantas manos, no hizo bien su trabajo y toda la sala se enteró de lo rico que estaba el croissant que se estaba zampando en un descanso entre ponentes. Me pareció que su idea no era mala pero es útil salir de cabina y ver las cosas desde el otro lado. Cuando apagamos y volvemos a encender el micrófono en cuestión de segundos o de escasos minutos el público percibe un pequeño sonido en los cascos, no llega a ser un chasquido en la mayor parte de los casos pero si se da cuenta de que has apagado el micrófono. ¿Es eso algo malo? No necesariamente, pero si lo hacemos muchas veces durante una jornada puede resultar molesto. Es mejor usar el mute.

Vale, esa parte ha quedado clara, pero ¿y si no hay botón de mute? ¿Es esa una posibilidad?

¿Ha visto el botón de mute por algún sitio?

¿Ha visto el botón de mute por algún sitio?

 

Sí, en muchos casos vamos a trabajar en cabinas que no son las estándar con sistemas más antiguos o simplemente diferentes. Por ejemplo, en la radio puedes trabajar en consecutiva o en simultánea pero no es habitual tener este botón. No pasa nada, solo hay que acordarse de que todo se emite y tener cuidado con los carraspeos, toses, etc. Lo bueno es que no suelen ser interpretaciones muy largas, por lo que no plantean grandes problemas.

 

Cuando interpreté a este caballero  ninguno de los dos podíamos toser en antena

Cuando interpreté a este caballero
ninguno de los dos podíamos toser en antena

 

En algunas de las cabinas de la televisión no hay opción mute ni nada similar. En el momento en el que el técnico te indica que empieza a grabar ya no hay marcha atrás, te toca tener cuidado con los papeles, la voz, los posibles ruidos y además interpretar correctamente. Es verdad que impone un poco al principio, pero como la interpretación exige mucha concentración, rápidamente se te olvida y te lanzas a la piscina.

En otras cabinas de televisión sí tienen una opción silenciadora pero es necesario mantener pulsado el botón todo el rato si quieres que el micrófono esté mudo. No parece nada del otro mundo, pero imaginad que empieza la retransmisión y el ponente da una vuelta, saluda a los asistentes con gestos de aprecio (pero sin palabras), un grupo de jóvenes del país le da la bienvenida con un espectáculo de danzas tradicionales que dura quince minutos y durante todo ese tiempo tu micrófono está encendido. En ese instante te puede picar la garganta o puedes sentir sed o simplemente no quieres que se escuche el ruido que hace la silla en la que estás sentado cuando te mueves. Así que no te queda otra que pulsar el botón (“la seta”) con ganas.

 

La seta y los post-it

La seta y los post-it

 

Nadie quiere oír al intérprete toser antes del discurso

Nadie quiere oír al intérprete toser antes del discurso

 

Siempre que estoy en una cabina me acuerdo de la anécdota que cuenta George Clooney de sus años mozos, cuando iba de extra al programa de noticias de su padre y se sentaba en la parte de atrás, en las mesas de redacción que se ven de fondo y hacía que tecleaba algo. El actor confesó que cada vez que lo hacía sentía terror de liarla en directo, pensaba que en cualquier momento le podían grabar poniendo caras o diciendo tacos.
El consejo que se suele dar es: usa el botón mute para la tos o beber agua, evitar comentar nada en cabina y si tienes que pedir ayuda a tu compañero usa una hoja de papel para anotarlo. Si el ataque de tos es digno de una opera lírica pide a tu compañero que se ocupe de la cabina un rato y sal a toser fuera. El micrófono de cabina es un ser indiscreto y no perdona.
P. D.: El blog ha sido nominado a los premios Community Choice de Proz 2014, muchas gracias por vuestro apoyo y este año, aunque no hay candidatos todavía en todas las categorías sí se ha notado el esfuerzo de la comunidad para demostrar el trabajo de los intérpretes, los blogs, los profesores y los ponentes. También estoy nominada como profesora y ponente, lo que me ha hecho mucha ilusión. Muchas gracias tanto si gano en algo o no.

 

Premios Community Choice 2014

¿Otra entrada sobre premios? Pues sí, eso me temo. En este caso he decidido publicar esta entrada hoy puesto que es el último día para nominar o elegir candidatos a los premios Community Choice 2014 que organiza el portal Proz.com. Es la segunda edición de los premios y la idea es que sea la propia comunidad la que decida cuáles son los profesionales que más han marcado al sector ese año en redes sociales, libros, conferencias, cursos y talleres de formación.

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El año pasado expliqué en detalle el proceso de votación, por lo que no voy a repetirlo, dado que es el mismo, os dejo el enlace para los que os interese. Hoy termina el proceso de nominación o selección de candidatos y después será posible votar.

Este año voy a centrarme en la selección de candidatos por un motivo sencillo, solo pasan a la fase de votación aquellas candidaturas que hayan obtenido como mínimo 3 opciones de voto, de lo contrario quedan desiertas.

 

Las candidaturas explicadas en inglés

Las candidaturas explicadas en inglés

Como muestra la imagen hay dos secciones separadas: traducción e interpretación. Bueno, pues estos son los ganadores del año pasado:

 

Premiados en 2013

Premiados en 2013

 

Antes de nada, es un honor haber sido la ganadora en dos categorías: formadora y blog de interpretación. Muchas gracias a los que me votaron, fue una enorme alegría. Sin embargo, basta con echar un vistazo para ver que hay muchos más ganadores en traducción y no se debe a que en interpretación no haya gente muy interesante y que trabaja muy duro por la profesión. 

En estos años he visto que el número de ponencias sobre interpretación aumenta en los congresos del sector, se han publicado libros fantásticos sobre la interpretación y su enseñanza, hay cursos de verano, seminarios, talleres, blogs, grupos de práctica, podcasts, etc. 

Es el último día pero la interpretación bien merece un esfuerzo para que al menos quede bien representada, si tienes cuenta en Proz.com, tanto de pago como no, puedes nominar a quien consideres que ha hecho algo por el sector este año, basta con pinchar aquí. 

Luego, cuando empiecen las votaciones, haré uso de las lecciones aprendidas al ver a Leonardo en las galas de premios.