Mi primera profesora de interpretación trabajaba principalmente con presidentes y ministros, en reuniones con prensa y discursos cuidados al milímetro. Quizás por eso cuando le preguntamos qué hacía cuando el ponente decía una palabra malsonante, nos aseguró que eso no iba a pasar.
Mi segundo profesor conocía más el entorno en el que tiene que trabajar el intérprete autónomo y me respondió que hay varias opciones:
· Es poco probable pero a veces la gente suelta tacos que no representan información prioritaria y por tanto se pueden omitir. Por ejemplo, el ponente quiere poner un vídeo durante su presentación pero no consigue entenderse con el portátil y suelta un sentido $#@*. En ese caso no es necesario informar al público, porque la expresión del rostro del ponente ya ha comunicado su estado de ánimo.
· Si las palabrotas forman parte del discurso del ponente entonces nos enfrentamos a una cuestión muy diferente y cada intérprete debe tomar una decisión: interpretar o no interpretar.
Ese mismo profesor me enseñó que mi labor era comunicar y que por ese motivo mi objetivo era que el público que escuchaba el discurso en el idioma original y el que escuchaba la interpretación debían recibir la misma cantidad de información. Si sigo ese consejo queda claro que también debo interpretar las palabrotas.
No es una decisión que haya tenido que tomar en muchas ocasiones pero me he encontrado con algunos casos curiosos.
· Al terminar una ponencia sobre la crisis económica, uno de los asistentes pidió el micrófono para hacer un comentario y se dedicó a proferir todos los insultos conocidos dado que opinaba que el ponente no tenía ni idea del tema. Mientras se producía una batalla verbal digna de una saga cinematográfica, el moderador optó por informar al resto acerca de la ubicación de las mesas con café. En ese caso, mi compañero resumió brevemente el acalorado debate y se centró en la información práctica.
· No todo son palabrotas, también están los chistes verdes o de difícil traducción. En unas jornadas financieras el moderador, consciente de la tensión en la sala, pensó que no era mala idea arrancar las presentaciones de cada una de las mesas con un chiste subido de tono. Cada chiste duraba más de cinco minutos y nos dimos cuenta de que no podíamos tener a los asistentes sin interpretación tanto tiempo. Lo curioso fue cuando llamaron a la puerta de la cabina. Una de las directoras de proyectos de la agencia que nos había contratado estaba en la sala y quería saber si pasaba algo porque mi compañero llevaba un minuto interpretando un chiste de dudoso gusto.
En otras ocasiones los chistes tienen gracia en castellano pero no es posible interpretarlos sin tener que hacer una larga nota del intérprete. Por ejemplo, en una conferencia el presentador preguntó al público:
- ¿Cómo se dice funcionario en francés? Baguette.
El intérprete optó por una socorrida formula:
- Por favor, ríanse, el presentador ha hecho una broma.
¿Qué opción es la más correcta?
Para que podáis tomar una decisión os voy a proponer un ejercicio que uso en el curso. Esta es la presentación de los nuevos vuelos de Ryanair en Alemania. El consejero delegado de la aerolínea de bajo coste pone a su intérprete en un aprieto. El vídeo está en inglés y alemán, no es necesario saber alemán pero si alguien quiere la transcripción del inglés puedo ponerla luego en comentarios. Pero, os aviso que contiene $#@*!
¿Qué harías vosotros en su lugar?








Publicado por Jordi Balcells Antón (@jordibal) en mayo 8, 2012 at 9:44 pm
Eso sí es un choque cultural: O’Leary contra la formalidad germana. Es como un Berlusconi vs. Merkel.
Publicado por aidagda en mayo 8, 2012 at 10:00 pm
Muy cierto, pero… ¿Qué harías en ese caso?
Publicado por Jordi Balcells Antón (@jordibal) en mayo 9, 2012 at 7:13 am
¿Que qué haría? Si fuera intérprete, quiero pensar que lo traduciría sin más. El señor tiene un historial de armarla a base de payasadas, con lo que entiendo que es lo que quiere. Ahora, primero dudaría y me pondría como un tomate.
Está claro que hay un choque cultural, pero quizá también haya un choque de sexo. Yo ya he dicho qué haría desde el punto de vista de un hombre español. Si fuera mujer alemana… bueno, tú tienes uno de esas dos cualidades. Te devuelvo la patata: ¿qué harías?
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 11:11 am
Yo he buceado por Youtube y he visto que en cada entrevista decía lo mismo como lema publicitario. Con tiempo puedes preparar un lema similar en castellano que sorprenda a la prensa pero con el que te encuentres cómoda. No sé, “colchones y $%#@! para todos”
Publicado por Ismael Khayal en mayo 8, 2012 at 9:51 pm
Desde luego, yo me quedaría tan parado como ella… Difícil decisión. Imagino que se lo explicaría al oyente de la manera menos grosera posible…
Publicado por aidagda en mayo 8, 2012 at 10:19 pm
Lo complicado es que el consejero delegado esperaba una reacción de la prensa y se da cuenta de que ella no ha interpretado la palabra que genera esa reacción
Publicado por Ismael Khayal en mayo 8, 2012 at 10:22 pm
Sí, la verdad es que en vez de callarse totalmente y reirse, al menos le podría haber explicando lo que ha pasado para que lo entienda, porque no debe sentar muy bien ver que todos reaccionan riendo y no enterarte de qué está pasando.
Publicado por noeliaberna en mayo 8, 2012 at 10:25 pm
Qué bueno…, pues tiene telita el momentazo; yo creo que trataría de “generalizar” la bromita, seguramente dando una explicación, como dice Isamel, tal vez cambiando el palabro en cuestión por algo más general, tipo “sexo”
Imagino que el oyente acabará sonriendo, al menos…
Genial, la entrada,
Saludos,
Noelia
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 5:26 am
No es mala opción, no dices tacos y se transmite más o menos la misma idea aunque más suavizada. Pero, ¿y si él no quiere que se cambie el término?
Publicado por killahdreams en mayo 9, 2012 at 9:21 am
Él es el que contrata pero se supone que tú sabes hacer tu trabajo. Si no lo dices, es una decisón que tomas racionalmente y para la que te has formado. Así que si decides no decirla, será por algo. Por mucho que él no quiera que cambies el término. Es como si vas al taller y te dicen que tienes que cambiarte la bateria. Y tú no quieres. El que se queda con el coche con la bateria mala eres tú. Aunque como siempre, el que paga es el que manda y si no quieres, en el taller no te lo cambian y supongo que si insiste, al intérprete le toca decir “el término”. ¿De verdad te has encontrado en esa situación de ponente exigente? La interpretación siempre es una caja de sorpresas y experiencias
Me ha gustado la entrada.
Un saludo
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 11:07 am
Totalmente de acuerdo en que el intérprete es un profesional preparado y toma las decisiones por un motivo. En este caso que he propuesto no estoy a favor de la decisión tomada por la intérprete pero sí me gusta el hecho de que se mantiene firme, ha decidido omitir esa palabra por algo.
Cada uno puede encontrar una solución diferente pero en la interpretación, igual que en la traducción, tenemos que tomar decisiones con cabeza y ser fieles a ellas.
Publicado por Jeffrey Collado en mayo 9, 2012 at 7:20 am
Yo, desde luego, diría el taco. ¿Por qué voy a cambiarlo si es lo que ha dicho?
Un saludo,
Jeffrey
Publicado por Carmen Fernández (@cfgauchi) en mayo 9, 2012 at 7:27 am
Ufff! ser intérprete de O’Leary debe de dar más miedo que ser intérprete de Chiquito de la Calzada!
Pues yo en este caso habría traducido cada una de sus palabras sin duda alguna. Este señor no es precisamente conocido por su diplomacia, y supongo que el uso de tacos, connotaciones sexuales y frases incendiarias forma parte de su diálogo con la prensa. No creo que a nadie le extrañase oír ese blowjob, hasta diría que él habría preferido que se tradujese su “gracia”.
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 11:09 am
De hecho es que es el lema publicitario de esa campaña, lo repite en cada entrevista y cada rueda de prensa. Un poco de investigación en YouTube avisa al intérprete de lo que le va a tocar interpretar y así puedes prepararte.
Publicado por Jordi Balcells Antón (@jordibal) en mayo 9, 2012 at 11:47 am
O’Leary no es el peor interpretado que me viene a la mente. Si te toca con Mou, ya puedes ir preparando tu seguro de vida.
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 11:55 am
Los hay peores y menos conocidos. Los tacos no son el enemigo, los peores son los ponentes metralleta.
Publicado por curribarcelo en mayo 9, 2012 at 8:05 am
En el último caso… ¿Y decirle algo así como “Se está cagando en tu madre y toda tu familia. ¡Enfádate, coño!”? XD
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 11:08 am
Curri, tienes que ser intérprete, tu blog de interpretación sería mucho más divertido que el mío
Publicado por curribarcelo en mayo 9, 2012 at 11:14 am
Jajaja. ¡Qué va! La idea me la diste tú con lo de “Ríanse; el presentador ha hecho una broma”.
Pues ya está, yo diría lo mismo, pero con el enfado: “Hala lo que te ha dichooooooo… Buenoooooo… ‘Uybá’… Si yo fuese tú, le daría un puñetazo en toa la boca… Halaaaa, ¡lo ha vuelto a disir! Lo siento, pero me educaron en un colegio de curas y no puedo reproducir las blasfemias de este ponente” XD
Publicado por aidagda en mayo 9, 2012 at 11:25 am
Las cabinas las carga el demonio, a veces nos toca decir cada cosa.
No sabes lo que te pierdes (te convenceré para que te pases al lado oscuro)
Publicado por Nieves Gamonal (@surrealitybytes) en mayo 10, 2012 at 11:10 am
“Por favor, ríanse, el presentador ha hecho una broma.”
Grandísimo. La verdad es que no me había llegado a plantear el tema de las palabrotas en interpretación. Lo que me lleva a hacerte algunas preguntas como ignorante total del tema: ¿Qué harías con alguien que usa muchas, más como coletillas y por inercia que para darle algún sentido concreto al discurso en momentos puntuales? ¿Hasta qué punto es importante en interpretación mantener el tono y la personalidad del ponente? Me despierta mucha curiosidad este tema.
Publicado por aidagda en mayo 10, 2012 at 11:23 am
Las coletillas en general se eliminan, la mayoría de los ponentes repiten palabras o sonidos (eeh, aahh) al hablar. No aportan nada y se consideran ruido. Si el ponente usa una palabrota como coletilla, haría los mismo que con otras coletillas. Ahora, a veces te das cuenta de que es necesario incluirla para marcar el tono que quiere el ponente.
No es nuestra labor mejorar la presentación, pero si se le escapa al ponente y no viene al caso, el intérprete puede optar por eliminar la palabrota o dejarla. Lo que estime que es más oportuno.
Si por el contrario nos toca interpretar a una persona que quiere dejar claro que está en contra de algo, que está cabreado o que quiere usar las palabrotas para generar un efecto o porque es su estilo al hablar, en ese caso, las mantengo. Las dice por un motivo y debo respetarlo.
No soy muy partidaria de suavizar en exceso, porque pasa como en subtitulación. No te pega en medio de un discurso cabreado que el ponente diga “cachis” o ” maldición”
Publicado por Nieves Gamonal (@surrealitybytes) en mayo 10, 2012 at 1:58 pm
Totalmente de acuerdo con tu método, ¡gracias por las respuestas!
Publicado por aidagda en mayo 10, 2012 at 2:06 pm
De nada, un placer.
Publicado por STANAG6001 testos en mayo 21, 2012 at 6:56 am
Que situación! ¿Has visto una reación de la intérprete?