Bienvenido a la república independiente de su cabina (parte 1)

Todo aquel que siente un mínimo interés por la traducción e interpretación, es decir, muchos traductores y asistentes a conferencias saben cómo es una cabina, al menos por fuera. Las hay de muchos tipos, desde las fijas y bien preparadas, como las del Museo Reina Sofía o las del CaixaForum (a las que no les falta detalle), hasta las portátiles que se asemejan más al híbrido que surgiría si una pecera de langostas en un restaurante gallego tuviera un hijo después de una noche loca con una caja de cerillas.

Tipos de cabinas:

– Las nuevas, recién diseñadas teniendo en cuenta que los intérpretes necesitan algunas cosas para hacer bien su trabajo, como mesas amplias, buenas vistas de la sala y la pantalla, sillas cómodas y algunas incluso obtienen el sobresaliente cuando tienen baño propio para que el intérprete no pierda tiempo en el trayecto o las colas (si es chica)

-Las fijas sin lujos. No están mal pero francamente ya que se han gastado el dinero para hacerlas podían haberse molestado en diseñarlas mejor. La de la semana pasada tenía tal orientación que para ver la sala y a los ponentes me tenía que poner de pie todo el rato, la ventana estaba muy alta y si me sentaba solo veía la pared. Menos mal que solo fueron cuatro horas pero ahora puedo presumir de tener unas piernas que ni Roberto Carlos en sus buenos días.

– Las fijas y compartidas. Estas son un caos, el que las diseñó pensó que como nos llevamos tan bien con el técnico de sonido lo mejor es que estemos juntos. Es una solución que fastidia a ambas partes, porque a nosotros nos descentra cualquier ruido y la gente entra continuamente a buscar al técnico por diversos motivos: dudas, fallos o si el chaval es mono para ligar (me ha pasado una vez, casi mató a la azafata enamoradiza). Además al técnico no le dejamos tampoco hacer su trabajo con calma, tiene que andar de puntillas, no puede ponerse a hacer ruido con el equipo y tiene que olvidarse de la opción de leer el Marca cuando el tema le aburre.

– Las portátiles (ese instrumento del demonio). Son cajones de madera o metálicos con ventanitas delante y a los lados y una puertecita de ingreso que siempre da los siguientes problemas: o no se cierra del todo o no hay quien la abra. Lo peor de estos receptáculos del infierno es que no están ni mucho menos insonorizados por lo que yo oigo todas las conversaciones de las personas que se sienten al lado (sí, los organizadores aprovechan espacio y muchas veces ponen sillas alrededor de la cabina) y como yo nací con esta voz de opera (debe ser por el nombre), pues algunos se han quejado, diciendo que no necesitan cascos para seguir mi interpretación, que se oye de sobra sin ellos. No les tengo mucho aprecio porque en una ocasión se me cayó una encima, se desmontó como un castillo de naipes y terminé sujetando el portátil con una mano y con la otra el micrófono mientras mi compañero sujetaba el tablón que hacía de mesa para que no me hiciera daño.

Y esta anécdota me permite pasar al siguiente punto del que va a tratar esta entrada del blog dividida en dos partes con las pelis de Harry Potter (porque es casi igual de larga). La cabina, tal y como ya he explicado, en cualquiera de sus versiones, es un espacio reducido, cerrado, más o menos insonorizado y con un microclima que desafía todos los pronósticos de la televisión. Es decir, que si en el resto de Madrid están a treinta grados, nosotros podemos estar a menos uno o a cuarenta y cinco. Es una zona de clima extremo, en donde solo hay dos opciones: la congelación o la combustión espontánea. La semana pasada además de entrenarme para el maratón de horas de pie disfruté de una sesión de sauna finlandesa en la cabina. No puedo quejarme porque los del centro fueron muy amables y me avisaron con antelación por lo que fui un tanto veraniega y lo llevé bien. Claro que salir luego de la cabina para ir al metro no fue tan agradable pero ese es otro tema. Bueno, a lo que iba, en una interpretación lo que realmente importa no es si dispones de baño propio o de un sistema de climatización aceptable sino que sepas hacer tu trabajo y sobre todo que puedas confiar plenamente en tu compañero/a y que el sentimiento sea recíproco. Creo que no le damos la importancia que deberíamos al compañero de faena. Cuando trabajo como intérprete de consecutiva todo lo que hago depende únicamente de mi, si sale bien es que he trabajado como se debe y si sale mal me puedo autofustigar de vuelta a casa en el autobús porque la culpa es solo mía.

Published by

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace siete años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s