Bienvenido a la república independiente de su cabina (parte 2)

Ahora, después de la explicación de lo que son las cabinas que uno se encuentra en Madrid, paso al siguiente tema relacionado con el micro-mundo de la cabina: el compañero. Lo que me ha motivado a escribir este post en dos partes es que de repente he recordado lo difícil que es este trabajo cuando te toca un intérprete al lado que en lugar de apoyarte te complica la jornada. No nos contratan para que hagamos amigos, pero en mi humilde opinión, no es necesario ser colegas del alma para colaborar con otro intérprete y hacer que el trabajo salga mejor y sea más llevadero. Sin embargo, en una ocasión me tocó trabajar con una persona con la que no había compartido antes cabina y fue como arrastrarme por un campo minado.

Nadie es perfecto, a todos nos dicen en clase que en cabina hay que ser respetuoso y generoso, lo que es verdad. No se dice pero creo que es importante recordarlo, que a pesar de las muchas neuras que todos tenemos (más en este trabajo), no podemos agobiar al compañero con nuestras dudas o nervios. Si ya hay un intérprete nervioso en cabina la cosa se complica, no quiero ni comentar cómo termina si son los dos los que están histéricos. Hay que tratar de no ahogar al compañero con dudas y quejas, es un compañero, no el psicólogo del turno de oficio. 

Haciendo un poco de autocrítica, porque es sano, he de reconocer que yo soy una persona con un orden propio, a veces puede parecer caótico pero sé perfectamente dónde está todo, es más,  me gusta expandirme en mi lado de la cabina, dejarlo todo en un sitio donde pueda encontrarlo con facilidad y sin hacer jaleo. No me gusta pasar hojas (por el ruido del papel), por eso uso los post-it con las siglas y los términos que sé seguro que voy a necesitar. He colgado en otras ocasiones algunas fotos de la decoración de mi lado de cabina, pero para que se note la diferencia pongo un par aquí:

– La primera es de esta semana, la cabina era más pequeña y no quise abrumar a mi compañera, porque era la primera vez que trabajaba con ella (pero espero no la última, es un encanto) y pensé que era mejor no asustarla con mi desmadre de post-it (además así presento en sociedad mis cascos nuevos):

– La segunda es mi cabina hace dos semanas con Iván, que ya me conoce (la confianza da post-its) y en una cabina grande donde tenía espacio de sobra para desplegarme sin estorbar o molestar a nadie.

No puedo criticar ni mucho menos el trabajo del intérprete que me hizo pasar una mala jornada en cabina, tengo que reconocer que su técnica era excelente, muy profesional, pero su etiqueta en cabina dejaba mucho que desear. En consecutiva podemos jugar al “lobo solitario” pero en cabina no. Somos dos en el mismo barco y si no se colabora mínimamente el espacio parece encogerse y acabas centrándote en cosas en las que no deberías ni pensar porque estás ahí para interpretar no para maquinar nada más.
Si algo he aprendido de esta experiencia es que a los buenos compañeros de cabina hay que darles las gracias porque hacen que las cabinas se conviertan en sitios geniales y que el trabajo sea una delicia aunque los ponentes vayan deprisa o el tema pueda dormir a los insomnes. Me gustaría desde aquí dar las gracias a Iván, Iria, Estela  y Eleanor por ser tan profesionales y divertidos. Va por vosotros compañeros.

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Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

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