¡Por amor del PC….!

En el teatro griego existía un concepto que se tradujo al latín como “deus ex machina“, que era cuando una grúa o una máquina del tipo que fuera traía a un dios griego a la escena mientras se representaba la obra. Sin embargo esto generó nuevas interpretaciones, utilizándose en diversos contextos, como cuando llega el héroe en el último instante y salva la situación, vamos un séptimo de caballería en toda regla.

Y sin embargo siempre que oigo la expresión pienso en mi máquina mágica: el ordenador. Mi HP es el héroe a diario, el que me salva de entrar en crisis existencialistas y el que a veces las provoca, como cuando le da por dar error o no encender, etc.

Hace poco en Twitter alguien comento que los traductores estamos locos y que somos unos adictos al trabajo porque, ¿cuándo se ha visto que un minero termine de trabajar y se vaya a casa a jugar con el pico y la pala?

La cuestión es que el ordenador es la herramienta básica para ser traductor y si me apuran, es igual de importante e útil para un intérprete.

Sin ordenador no podemos traducir, pero tampoco podemos encontrar clientes, darnos a conocer, encontrar glosarios, información, revisar y aclarar dudas, etc, etc. Sin Internet no podemos comunicarnos con otros traductores, ni con las agencias, ni enviar las traducciones, ni buscar vídeos en YouTube de los ponentes para conocer de antemano el acento, vamos, no quiero ni imaginarme lo que sería de nosotros sentaditos en casa realmente solos con la única compañía de los diccionarios de papel.

Muchos alumnos en clase me preguntan: ¿cómo se hacía este trabajo antes de Internet? La respuesta realmente la desconozco porque yo empecé a trabajar en el año 2002 así que siempre he trabajado con Internet.

Pero si me permitís que me remonte un poco en el pasado cercano, Internet y los ordenadores son juguetes bastante nuevos para mi, soy parte de esa generación esclava y beneficiaria de la alta tecnología pero yo hace quince años no tenía ni siquiera móvil, mucho menos un ordenador personal.

En la carrera entregaba los trabajos a mano porque me resultaba más cómodo y, dicho sea de paso, tengo muy buena letra (gracias a los cuadernos de caligrafía en verano) y en la facultad de filología inglesa de la Complutense tan solo había una mini sala de ordenadores a la que no teníamos acceso porque era de los de filosofía. Nos colábamos en la sala de ordenadores de ingeniería aeronáutica porque teníamos una amiga que estudiaba ahí y nos pasaba la contraseña. Cuando cursé el master de traducción en la misma facultad las cosas no habían mejorado mucho, espero que diez años después ahora sí tengan de todo pero entonces la clase de búsqueda terminológica se realizaba con diapositivas que nos explicaban pantalla a pantalla cómo buscar en los tesauros. Por supuesto no se mencionó en ningún momento el Eurodicautom (ahora IATE), ni Proz, ni nada por el estilo.

De modo que cuando decidí que esto era lo que quería hacer el resto de mi vida y me di de alta, lo primero que compré fue un ordenador portátil (hasta entonces usaba el sobremesa que compartía con mi hermano). Ya voy por el segundo ordenador de trabajo y uso un netbook en cabina, tengo un smartphone con tarifa plana de Internet y un pincho de Internet móvil para las interpretaciones. Tengo el iPad en mi wishlist para llevarlo a cabina, sé que ya hay intérpretes poniendo a prueba este nuevo milagro de la tecnología y tiene una pinta muy interesante. No soy la traductora/intérprete con más dispositivos o programas de software, más bien todo lo contrario, soy consciente de que me queda mucho camino por recorrer pero quería dedicarle una entrada con cariño a mi HP, mi compañero de faena y el único que sabe lo divertido y frustrante que es a veces este trabajo.

Publicado por

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

2 thoughts on “¡Por amor del PC….!

  1. Yo no podría vivir sin mi PC 🙂 Es mi herramienta de trabajo, mi comunicación con el mundo exterior y la forma de poder sentirme viva.

    Eso sí, de vez en cuando echo de menos escribir una carta a mano… Pero es que ahora soy más rápida con 10 dedos que con una mano 😉

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