Caminando con el destino (y detrás de la prensa)

Esta semana me ofrecieron una interpretación muy interesante, nuevamente para la Comunidad de Madrid y para la inauguración de una exposición. No hay nada que me guste más que una buena inauguración así que pregunté directamente fecha y hora. La pena era el horario, pues justo a esa hora tenía que dar una clase, pero mientras barajaba las opciones me hicieron una pregunta que me hizo decidirme de inmediato. Me preguntaron si conocía a alguien que fuera tan bueno como yo en las interpretaciones consecutivas en temas de exposiciones de arte porque les habían dicho que en ese tipo de actos yo era de lo mejor. No podía perder una oportunidad y mucho menos dejar pasar el momento.Cuesta mucho hacerse un nombre, aún más si es un buen nombre y soy una defensora a muerte de la necesidad de profesionalizarnos en línea con las nuevas tendencias de marketing. Ahora todo el mundo quiere tener su marca personal y perder la oportunidad de trabajar en mi imagen corporativa como intérprete de exposiciones habría sido un error.

Por otra parte, siendo sincera, me pudo la curiosidad. Me dijeron que acudiría al acto la presidenta de la Comunidad de Madrid y siempre que me han contratado para interpretar en un acto al que iba a asistir ella al final pasaba algo y no venía. Por eso quería saber si vendría y, si era así, qué era lo que pasaba en temas de protocolo y jaleo periodístico en tales circunstancias.

El acto no decepcionó, fue mucho más entretenido de lo que pueda parecer (al menos desde mi punto de vista). Me citaron a las 12:30 porque la inauguración empezaría a eso de las 13:00 pero como en Madrid últimamente hay carrusel deportivo de inauguraciones el acto se tuvo que adelantar. Cuando llegué a las 12:25 ya estaban con la visita guiada. Según accedí al recinto me lanzaron a la sala de exposiciones con cuaderno en mano y abrigo a medio quitar (dos horas en casa pensando en qué chaqueta ponerme para eso) y me puse a seguir a la procesión que daba vueltas por la sala. Es curioso el afán de la prensa por hacer fotos de cada segundo de la visita, si la presidenta se detenía ante una foto, pues foto del momento, si ella hablaba con el bisnieto de Churchill (un hombre encantador por cierto), pues vídeo sin audio de este encuentro, si ella preguntaba por la relación de Sir Winston Churchill con su madre, un periodista sacaba el iPad y buscaba en Wikipedia fotos de la madre…..y así más de veinte minutos. Era como un enjambre bullicioso que no perdía detalle de lo que pasaba. Por supuesto meterse en medio de ese circo es un suicidio dada mi estatura (las cámaras me pueden dejar sin cabeza) y un riesgo innecesario, porque realmente no necesitaban interpretación para las fotos y yo lo único que iba a hacer era estorbar porque sinceramente la prensa no me quería en primer plano. (Además, no soy tan valiente como para meterme ahí)

Finalmente tocaba la parte que suelen llamar “palabras”, es decir, la inauguración propiamente dicha. Había podido hablar con Jack Churchill y con Jennifer Brooks del Churchill Archive Centre y habíamos acordado que harían pausas en sus discursos para la consecutiva y que les susurraría el discurso de la presidenta. Como íbamos con prisa la gente se agolpó frente al cartel de la exposición (o zona Photocall) y me quedé en el fondo, en una zona poco práctica para trabajar pero es muy difícil explicar eso cuando hay foto oficial de por medio. (Se me ve ahí susurrando y tomando nota mental de la necesidad de comprar tacones para estos actos para evitar el riesgo de ser confundida con un hobbit con cuaderno).

Una vez que empezaron los discursos, he de reconocer que fueron muy fáciles, las organizadoras del evento me habían facilitado mucha información y no tuvo la menor dificultad. Fue un placer interpretar a gente que habla el inglés tan maravillosamente y aunque las cámaras me ponen más nerviosa, fueron pocos minutos.

Lo divertido fue mientras Jack Churchill hablaba de la figura histórica pero también humana de su bisabuelo y una mujer mayor que iba totalmente vestida de la época de Churchill se emocionó y empezó a decir: “Hear, hear!”

La exposición es curiosa y recomendable para los amantes de la historia, se puede ver en el centro cultural El Águila hasta el 5 de junio 2011 y como me encanta esa sala de exposiciones pues la recomiendo. Intenté subir a la planta donde tienen la cabina para cumplir mi promesa de mostrar una cabina en todo su esplendor pero había mucho jaleo y luego me llamaron para las entrevistas y no pude hacerlo. La próxima vez será.

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Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace siete años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

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