La deformación profesional

Últimamente he tenido el enorme placer de formar parte de equipos de intérpretes en varios proyectos y en estos casos, como en las fiestas de cumpleaños en las que invitas hasta a los primos de los vecinos de tus amigos, el dicho es verdad: cuantos más mejor.

Cuantos más intérpretes conozco más me gusta esta profesión. Me siento parte de un colectivo en el que encajo. Generalizar es una imposibilidad pero hay cosas que no fallan, bien por forma de ser, formación o deformación profesional, los intérpretes tendemos a la puntualidad. Es más, a veces somos tan puntuales que llegamos demasiado pronto. Si nos dicen a las dos de la tarde, llegaremos al menos quince minutos antes. Esto está muy bien en el trabajo pero, en ocasiones, cometo el error de seguir viviendo de acuerdo a este extraño código de puntualidad en mis ratos de ocio. Para los amigos soy siempre puntual pero me aburro como una ostra esperando. Lo bueno es que si quedas en sitios ligeramente concurridos como la salida del metro de Sol, puedes aprovechar ese tiempo para conocer a todos los raros que merodean la zona e incluso ligar si te descuidas.

Otra de las cosas que nos encanta hacer, muchas veces sin darnos cuenta, es contar a la gente (familia, amigos o personas que pasan por ahí) esa información tan curiosa que hemos aprendido en las conferencias (esto mismo le pasa a los traductores, no pongáis cara de que no va con vosotros). Además, ya que nos ponemos a dar datos, tendemos a elegir los menos interesantes y más enciclopédicos que hayan tenido la mala fortuna de caer en nuestras manos. Hoy, sin ir más lejos, he tenido un momento histórico en un aparcamiento. Al ir hacia el coche, le he saltado a un amigo que muchos aparcamientos tienen un plan de gestión de la iluminación, dividiendo las zonas en fases para no tener nunca todas las luces encendidas y así ahorrar. Por suerte, este amigo no se ha dado a la fuga abandonándome a la contemplación de las luces y ha tenido la decencia de llevarme a casa sin soltarme un merecido: “¿Y a mi qué me importa?”

No es nuestra culpa que a veces parezcamos Sheldon de The Big Bang Theory, es este oficio que nos ha hecho así. Desde luego, si tuviéramos más tiempo libre, deberíamos ir a la tele, nos forraríamos en Pasapalabra.

Sin embargo, ir al cine es aún peor que ir de paseo con un traductor/intérprete (no vamos ni a mencionar lo que debe ser ir con un subtitulador). Os dejo aquí un link del blog de Mox que explica de forma muy gráfica la situación. Never go to cinema with a translator

Tenemos que reconocerlo, somos un poco frikis a veces, pero cuidado, porque digo frikis en el mejor de los sentidos. He realizado una breve búsqueda sobre la palabra y he encontrado una definición en la Wikipedia

Friki o friqui (del inglés freak, extraño, extravagante, estrafalario, fanático), es un término coloquial, no aceptado actualmente por la Real Academia Española, que se refiere a aquellas personas específicamente interesadas (en algunos casos de manera obsesiva) hacia los temas de la denominada cultura friki: la ciencia ficción, la fantasía, el manga, el anime, los videojuegos, los cómics y la informática, entre otros.”

Luego he encontrado en la Frikipedia (que existe) la definición de lo que es un intérprete y he decidido incluirla como nota de humor:

“Ser a menudo invisible, de mente superior y de una imaginación infinita que se encarga de traducir a tiempo real lo que dicen los demás, como en congresos, parlamentos internacionales, reuniones de vecinos y quedadas con amigos de intercambio. Su función es básicamente escuchar e intentar entender lo que dice otra persona en otra lengua para luego inventar algo en la lengua de destino.”

Confesad, ¿os consideráis frikis (con orgullo) de la traducción/interpretación?

Nota de la autora: la culpa de esta entrada es de un intérprete que me ha dado la idea.


Publicado por

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

17 thoughts on “La deformación profesional

  1. Totalmente ^^. Tengo frito a mi novio, pobrecito, con curiosidades que se puedan aprender traduciendo/interpretando (hace no mucho, traduje un texto en el que se mencionaba una reserva de petróleo concreta, y durante la fase de documentación, le estuve dando la murga con la vida, obra y milagros del proceso de extracción de petróleo… por Skype xD); pero también con cosas más “prácticas” de la traducción, sobre todo con alguna película, video juego o artículo de periódico: “claro, esto no se puede decir así porque…”, “aquí se han comido un falso amigo…”, “… los matices…”, “mira qué fallo más gordo…” o “qué ingenioso el traductor, que ha utilizado X”. O quedarme en trance mientras vemos un DVD de Les Luthiers pensando como podría traducirse tal o cual cosa.

    Por no hablar de las cosas de referencias culturales (como cada vez que mencionan algún personaje en Padre de Familia que no es conocido aquí): “¿ves? Qué pasa, que aquí no se conoce a esa persona y no se entiende el chiste, pero claro, está el problema de la imagen y…”

    Y él, que es monolingüe absoluto y las cosas “de letras” (expresión escrita, sinonimia, etc.) no son lo suyo, pues tiene paciencia, me escucha y no me manda a tomar viento. De hecho, le hace mucha gracia que me emocione tanto “con esas cosas” 🙂 y está tan acostumbrado que incluso a veces es él quien me dice “¿y tú eso cómo lo hubieras traducido?” o “mira, mira que burrada de traducción he encontrado” xD

    Así que creo que un poco friki (orgullosa) sí que soy xD

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  2. Yo siempre que voy al cine y aparece el típico “ruso malvado” y habla “ruso”, si es que se puede llamar así, empiezo a dar la tabarra a mi novio y a traducirle lo que pone o dice, e incluso a veces intentar averiguar en que idioma habla, ya que ruso no es.
    Y bueno, hace poco estuve traduciendo una catálogo de arte, y le contaba la vida y milagros de cada cuadro, estatua, dibujo o lo que sea que aparecía en el catálogo. He conseguido que quiera venir a ver la exposición conmigo 😀
    En nuestra casa cada cual más friki, ¡y orgullosos de serlo!

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    1. Lo del catálogo de arte me llega al alma, por ahí he pasado y lo bueno de traducir el catálogo de una exposición o de interpretar en la inauguración es que luego cuando vas a verla como una más del público la exposición te sabe a más, es una experiencia fantástica. Gracias por comentar.

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  3. ¡Una entrada magistral! Me siento plenamente identificada.
    Pues sí, yo soy muy friki, a mucha honra 🙂 y creo que la cosa va en aumento con los años, pero como en nuestra profesión es un valor añadido… Como en el caso de Mar, mi chico es un auténtico sufridor de mis rarezas y aguanta como un campeón hasta los eventos traductoriles. Pobrecito, qué engañado lo tengo. Supongo que eso es el amor 🙂

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    1. Esta entrada se está convirtiendo en un lugar perfecto para mencionar a nuestros “sufridores” favoritos, me encanta, ellos y ellas también se merecen su reconocimiento.
      Estoy de acuerdo, con los años esto va a más, veo intérpretes trabajando en la tele y me entra una necesidad tipo E.T. de saludarles y decir: “mi casa”.

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  4. Yo soy friki y a mucha honra. Afortunadamente, mi monolingüe pareja (aunque entraría en los que dominan su lengua a muerte) es de los que adoran aprender y siempre anda preguntándome cosas, escuchando pacientemente o, incluso, obsequiándome con maravillosos neologismos que escucha en su entorno laboral. Se agradece, desde luego. Por cierto, yo no soy intérprete, pero suscribo lo de la puntualidad al 100 %.

    Más vale friki y con inquietudes que encefalograma plano espectador de Sálvame, ¿no?

    ¡Saludos!

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    1. Como Rubén de la Fuente puede comentar, yo trabajé de intérprete en un programa de ese tipo y sí, ocasionalmente (antes más todo es verdad) hasta nos colamos en esos programas. Yo soy puntual siempre, como traductora y como intérprete y me sienta mal que duden de nuestra seriedad con las horas.
      No sé si es mejor o peor dedicarse a esta profesión, pero es que no me imagino haciendo otra cosa (bueno, vivir leyendo libros en la playa es la segunda mejor opción)

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  5. ¡Hola, Aida!
    Sigo tu blog desde hace ya un tiempo, pero no me había atrevido a comentar. ¡Cosa tonta! Yo sí que me considero un freak total de la traducción. ¡Mi hermana está loquísima ya conmigo porque no paro de corregir a las traducciones de series! Siempre acabo diciendo “eso no está bien traducido” o “yo lo traduciría como…” 😀 ¡Y eso que acabo de empezar…!

    Espero que mi gusto por la traducción no cese nunca.
    Un saludo y sigue así,

    Ismael

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  6. Ah, los traductores, somos todos estrafalarios!

    Lo del cine es lo más cierto, mi grupo de amigos traductores y yo, además, siempre nos quedamos hasta el final de los créditos para ver quién a traducido la película, por mucho que tarden en ponerlo, y a los pobres “legos” que nos acompañan siempre les parece una tortura.

    Pero veo que parece todos ejercemos de traductores para quejarnos del trabajo de los demás, y eso tampoco es siempre así. La última vez que fuimos al cine, recuerdo que en un diálogo con un juego de palabras bastante complicado que el subtitulador supo resolver con especial soltura y acierto, se extendió un leve murmullo de aprobación por mi fila mientras todos susurrábamos “muy buena…” sin darnos cuenta ni habernos puesto de acuerdo. Somos terribles.

    Lola

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    1. ¡¡Oh, horror y confusión!!

      Esto me pasa por escribir y publicar con prisas. “Ha”. Ahí arriba debería poner “Ha traducido la película”… ay, Señor.

      Me retiro a autoflagelarme un rato, ¡qué vergüenza!

      Lola

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    2. Me ha pasado lo mismo con un par de libros que he leído primero en inglés y he visto cosas que han hecho que compre la edición traducida principalmente para ver la solución y en estos dos casos me quité el sombrero ante la creatividad de la traductora. Claro que hay grandes traducciones, del mismo modo que muchas veces cuando trabajo en cabina con otras personas me quedó asombrada de su capacidad y aprendo mucho de los compañeros y compañeras.

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