La importancia de llamarse Ernesto (traductor o intérprete)

La semana pasada tuve la suerte de poder trabajar como intérprete en la jornada “Ilustradores y otros creadores en la era digital” organizado por la APIM y me llamó la atención una cosa. Aparte de todo lo que aprendí sobre los derechos de edición digital, ese nuevo mundo que no solo interesa a los ilustradores o editores, sino que también debería interesar y mucho a los traductores, descubrí que hay cuestiones, problemas que compartimos en diversos sectores.

Desde el hecho básico de que somos autónomos y nos enfrentamos a las mismas dudas cuando empezamos nuestra andadura en el mercado, las peleas con algunos clientes para fijar tarifas dignas, la protección de nuestro trabajo (copyright, derechos de edición, etc.) y el hecho de que no somos profesiones estándar.

¿A qué me refiero con eso? Siempre han existido traductores e intérpretes, muchos historiadores de la traducción aseguran que somos una de las profesiones más antiguas del mundo y sin embargo, cuántas veces nos enfrentamos al desconocimiento de lo que hacemos y no solo por parte de la gente en general, sino en muchas ocasiones por nosotros mismos.

Todos conocemos ejemplos de personas que consideran que si chapurrean decentemente dos idiomas (y a veces ni siquiera decentemente) pueden y deben traducir textos. La interpretación solía dar más respeto pero últimamente ni eso. En más de una ocasión me han dicho en las fiestas de amigas: “¿eres traductora? Yo quiero hacer traducciones, ya sabes, por sacar un extra a final de mes, ¿me pasas el teléfono de tu editorial?”

Y en una ocasión me llamó una conocida: “Estoy traduciendo un libro, necesito que me digas que diccionario usas, porque solo tengo un Collins pocket y seguro necesitaré algo más grande. Si veo que hay partes muy difíciles ya te las paso y así te sacas un dinerillo”.

La formación es fundamental pero hay algo aún más importante y es el respeto a la profesión. Eso empieza por entender qué es y la dificultad que entraña. Ya sé que no es cosa únicamente de los traductores, los propios ilustradores lo dejaron muy claro. En la charla hablaron sobre la situación de su sector en varios países y lo que comentaban me sonaba familiar. Uno de los ponentes dijo que él tiene problemas para explicar a la gente, incluso a sus amigos cuál es su profesión, que muchos creen que es pintor o que hace dibujo técnico. Algunos podrían pensar que tampoco es para tanto, que al final todo está relacionado, pero a veces esas diferencias sí que tienen sentido. No es lo mismo ser traductor que intérprete. Se pueden ser las dos cosas, como servidora, pero es importante saber las diferencias.

Yo siempre entro en las salas de conferencia y me presento diciendo que soy la intérprete. En muchas ocasiones me miran sin entender nada, en algunas se preocupan y generalmente acaban asintiendo y diciendo: “sí, la traductora”. Hace poco un organizador al oírme sonrió y me dijo: “es verdad, la traductora, aunque os empeñáis en llamaros intérpretes”.

 

Y de ahí el título, la importancia de usar el nombre correcto, porque como decía Gwendoline:

“Hay en este nombre algo que inspira una absoluta confianza”


Publicado por

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

15 thoughts on “La importancia de llamarse Ernesto (traductor o intérprete)

  1. Me ha gustado mucho la entrada 🙂

    Recientemente me estrené como intérprete en un congreso y me ocurrió algo parecido: se empeñaban en llamarme traductora y sonaban grillos en la distancia cuando pronunciaba la palabra “intérprete”.

    ¡Un saludo!

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  2. Tienes toda la razón, cuántas veces habré oído/leído eso de “traducción simultánea”… Me imagino al pobre traductor tecleando a toda pastilla a la vez que va leyendo el texto.

    No debería ser tan difícil llamar a las cosas por su nombre.

    Un saludo,
    Almudena

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  3. Se empeñan y son tan testarudos como la heladera que quiere que le diga congelador. Si está ahí sólo para enfriar las gaseosas, vamos, ¿a quién quiere engañar? 😉

    Saben que por esto que es que soy muy amiga de storyboarders, fotógrafos independientes y editores de video. Al final de cuentas son los únicos que comparten nuestra problemática y frustración.

    ¡Abrazo de gol!

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  4. Pues mi madre va por ahí diciendo que yo estoy estudiando para ir de la mano de Zapatero y hablando con representantes de otros países, cuando yo lo que quiero es hacer traducción. El desconocimiento induce muchas veces al error, y los que se empeñan en llamarte “traductora” no hacen más que demostrar orgullosamente su ignorancia. Sólo puedo decirte que, ante tales especímenes, paciencia. Ya conseguirás el rayo de la muerte para aniquilarlos a todos.

    Una entrada muy interesante, al igual que tu blog 😉
    Un abrazo!

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  5. La semana pasada estuve a punto de escribirte un comentario en la última entrada, pero en esta pega más. Le contaba el otro día a una señora que es actriz (y además de las buenas, ojo, una cosa no quita la otra) mi primera experiencia de interpretación. La cosa fue más o menos así:

    – Ella: ¿y qué tuviste que hacer?
    -Yo: Pues básicamente interpretar al francés al oído del ponente y al español a la sala.
    -Ella (a su marido que, para más inri, es traductor): ¿Has oído, X? Bueno, él dice interpretar pero en realidad lo que hace es traducir, ¿verdad?

    Señor, ¡llévame pronto!

    ¡Un placer volverte a leer!

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  6. Yo ahora estoy en primero de la carrera, y ahora me estoy dando cuenta de eso que dices en la entrada de la importancia de llamar a las cosas por su nombre y de que traducir e interpretar no es saber solo bien dos idiomas, tengo amigos que como en primero principalmente lo que haces es reforzar los idiomas base (vamos, que eso parece más la escuela de idiomas) me dicen que ellos tendrían que haber cogido esa carrera, luego cuando les hablo de el tocho de teoría que hay que leerse para castellano se les quitan las ganas.

    Y lo peor de todo, no es solo que a los intérpretes les llamen traductores, si no que si las cosas siguen como están ahora mismo en la UAB se van a cargar las optativas de interpretación y aquí no va a saber interpretar ni dios…, como si no fuera necesario practicar la interpretación y con saber traducir fuese suficiente…

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  7. Pues mira, para mí lo del nombre pasa a un segundo plano hasta que no se resuelva el problema principal: ni traductores ni intérpretes tenemos que saber de todo, en todos los idiomas, y en cualquiera de las dos direcciones de cada par lingüístico, sino que tenemos la capacidad de formarnos para cada proyecto concreto.

    ¡De ahí la importancia de disponer de información (programa, ponencia, etc.) sobre la que basar la labor de investigación!

    Y de hecho, aunque me llamen traductora simultánea, siento más respeto cuando hago de intérprete que cuando digo que soy traductora en mi rincón (sí, esa profesión que cualquiera puede ejercer con un buen diccionario o con la ayuda del traductor de google…)

    ¡Un abrazo, bloguera!

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    1. Si pudiéramos dejar claras las condiciones “mínimas” ideales para que un trabajo salga bien a mi también me daría más igual el nombre, pero como comentaron en una de las sesiones del IntJC en Twitter, las cosas tienen que empezar de alguna manera, hay que formar al cliente para que se beneficie del servicio que contrata y para que el trabajo sea de mayor calidad.
      Yo me siento igual de bien cuando soy traductora pero he de reconocer que cuando termino una interpretación y ha salido bien más que caminar floto.
      Un abrazo traductora e intérprete

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  8. Sobre ese tema de “Sé tal y tal idioma, ¡voy a traducir un libro para sacarme un dinero extra!” Oliver Carreira tiene un post muy bueno: http://olivercarreira.es/blog/2011/11/15/%C2%BFdonde-me-apunto-para-ser-traductor/

    Y sobre lo del nombre… Soy la hermana más orgullosa del mundo, entre otras cosas, porque tras 4 años y pico, mis padres siguen sin diferenciar la consecutiva de la simultánea por el nombre, tengo q decir “la q se hace a la vez y la que no”, pero mi hermano ya sabe qué es la traducción a vista, la inversa y la directa (a mis padres tengo q especificarles los idiomas a veces), consecutiva, simultánea, usa bien “interpretación” y “traducción”…

    Y el otro día hablaba con compañer@s de la Universidad sobre las vairopintas respuestas q recibíamos en 1º cuando decíamos que habíamos empezado Traducción e Interpretación:
    – ¡Ah, que quieres ser actriz/bailarina/cantante!
    – ¿Interpre…? > Ceder antes ellos (total, no has hecho ni un año de carrera) y decir simplemente: “Estudio Traducción”.
    – Ah, para traducir libros, ¿no?
    – ¿Qué vas a hacer, ser la señora esa pequeñita que hace gestos mientras la gente habla? (Al menos conocen una acepción de intérprete más cercana que “actriz”)
    …..
    Éstas son las que recuerdo, pero seguramente las hayamos oído tod@s…

    ¡Un saludo!

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    1. Sí, recuerdo esa entrada, es muy buena.
      Muy bien por tu hermano, yo no me puedo quejar del mio, que a tanto no llega pero tiene muy claras las diferencias entre traducción e interpretación (pobre, no tiene valor para no sabérselas)

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