Las palabras se las lleva el viento

Hace unas semanas os presenté a mi compañero habitual de cabina, Iván, porque siempre es bueno leer diferentes puntos de vista. Este es un blog personal y lógicamente yo soy la que doy mi opinión la mayor parte del tiempo (aunque corra el rumor de que tengo un mono que escribe algunas entradas). Sin embargo, me gustó la experiencia de tener otra voz y he invitado a una compañera de fatigas, para que ella también pueda hacerse oír.

Elvira Bartolomé es traductora, editora en una de las principales editoriales de España, correctora y profesora de traducción en Estudio Sampere (tiene que soportarme en los descansos de clases). Es una de las profesionales más serias y responsables que conozco y he tenido la suerte de colaborar con ella en proyectos de traducción. Además de todo eso, es una gran persona y una buena amiga. Os dejo aquí su artículo-contribución para el blog:


¿Las palabras se las lleva el viento?

 

Recuerdo que cuando estudiaba traducción en la facultad, la profesora de interpretación nos dijo que algunas personas preferían la interpretación a la traducción por aquello de que las palabras se las lleva el viento. No comparto totalmente esa opinión porque a un mal intérprete también se le pilla si no ha hecho un trabajo de calidad. Sin embargo, es cierto que cuando traduces, tu trabajo lo dejas por escrito. Es difícil retractarse de algo de lo que ha quedado constancia impresa y su lector tiene muchas más oportunidades de comprobar la calidad de lo entregado.

En una entrada anterior, Aida ha hablado del documental La mujer de los cinco elefantes sobre la traductora de la obra de Dostoievski al alemán, Svetlana Geier. Al hablar de su experiencia dentro del mundo de la traducción, decía que siempre seguía el consejo que le dio una de sus profesoras: “al traducir, debes tener bien alta la nariz”. Algunas personas la consideraban arrogante por mantener tal actitud. Sin embargo,  lo que ella quería decir era que a la hora de traducir hay que despegarse del texto, hay que asimilar su contenido en conjunto antes de expresar lo que en él se dice. De ahí la importancia de dejar reposar el texto (si la fecha de entrega te lo permite) y retomarlo posteriormente para pulirlo.

Resulta curioso el proceso de traducción de Svetlana y, en especial, el de corrección porque no era sino un músico el que le servía de corrector. Al ver el documental me chocó que no fuera un especialista de la lengua el que realizara comentarios a la traducción de Svetlana. Claro que la traductora, a pesar de su reticencia a llevar a cabo algunas correcciones sugeridas por el músico, tenía claro que la traducción no solo consiste en traducir y en tener conocimientos lingüísticos, sino en expresar también el sonido de las palabras y su ritmo dentro de la frase. Todo esto me lleva a un libro maravilloso de Álex Grijelmo, La seducción de las palabras, en el que habla de los colores presentes en los sonidos de las palabras. Por ejemplo, la luz se encuentra en las que tienen la letra “u” como “luz” o “lumbre”, el blanco en palabras con la letra “a” como “alma” o el negro en las que tienen la “o” como el nombre de este mismo color.

Evidentemente, cuando se traduce un texto literario resulta imprescindible plasmar el sonido para dotar al texto de una gran belleza. No obstante, cualquier texto, con independencia de dónde vaya a ser publicado o quién lo vaya a leer, es digno de llevar un precioso traje formado con palabras que hagan que su lectura sea un verdadero placer.

Elvira Bartolomé Correia

 

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Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace siete años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

11 thoughts on “Las palabras se las lleva el viento

  1. Gracias a las dos por el post.

    La Sra. Geier me recordó a un profesor de universidad cuya máxima que me lleva acompañando desde que me dedico a las letras. Siempre decía que “La Filología (Clásica y con mayúsculas) es como el arroz, hay que dejarla reposar”. Se refería precisamente a ese momento de levantar la nariz para pensar y asimilar los textos, tan importante durante la edición y la posterior traducción de los mismos. Madre mía, más de 12 años.

    Nos vemos en la Filmoteca. Un saludo, Elvira y Aida 🙂

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    1. Gracias en nombre de Elvira.
      Muy cierto, a veces es complicado dejar reposar una traducción por culpa de la falta de tiempo, pero lo de leer en voz alta el texto me gusta, me ayuda sobre todo con algunas partes en las que tengo dudas, lo leo y le pido a alguien que me escuche o que lo lea.

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      1. Gracias FrauPita. La corrección es casi más importante que la traducción porque es justamente en esa etapa cuando podemos conseguir que el texto no parezca una traducción. Leer el texto en voz alta ayuda a conseguirlo porque la lengua nació para ser hablada. Si algo no suena bien es porque algo falla.

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  2. Es un placer leer un texto de Elvira Bartolomé, y me uno a la elogiosa opinión sobre ella. Quizá es una profesional tan excelente porque también escribe unos deliciosos cuentos para niños. Escribir para otras sensibilidades es también, en cierta forma, traducir de una lengua a otra. Cada lengua que se habla es un mundo más en el que se vive.

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      1. Escribir es un arte y traducir también. En todo traductor se esconde un escritor que quiere hacer partícipes a sus lectores de otros mundos y realidades.

        Gracias, Aida y Javier.

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  3. Gracias por el post, me ha parecido fascinante la idea del color de las palabras (y, sin lugar a dudas, me dan ganas de leer el libro de Álex Grijelmo) así como la música de las palabras como bien comprobaba la traductora Svetlana Geier. Hace tiempo leí también a un autor canadiense francófono, Jacques Poulin, que en su novela “La traduction est une histoire d’amour” hablaba también de la música de las palabras, “la musique des mots”. Y desde entonces también estoy obsesionada con cómo suena lo que escribo, qué letras y qué palabras combinan con qué otras, más largas, más cortas. Me alegra ver que efectivamente esto es algo que se tiene en cuenta, y además los colores de las palabras, ¡es increíble! 🙂 Es cierto que la palabra en sí es representación de la idea y que además de sentido, connotación, etc. tiene cadencia, ritmo, sonido ¡y color!

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      1. Las palabras también encierran un significado porque su sonido nos evoca algo. Pensad en aquellas que incluyen la letra “n”. Muchas se refieren a algo insistente, como ocurre con “pedigüeño”. ¿Y qué os sugiere “hecatombe”? Las consonantes explosivas producen mucho ruido cuando se pronuncia la palabra. El sonido hace que las palabras tengan vida propia y produce diferentes reacciones en nosotros cuando las oímos.

        Os invito a leer el libro de Álex Grijelmo. Con él descubriréis el mensaje subliminal, por así decirlo, de muchas palabras.

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