Una intérprete al otro lado del espejo

Creo que ya comenté en una de las primeras entradas que me encanta el libro de Los tres mosqueteros pero no sé si he dicho que el libro que más me gustó de niña fue el de Alicia en el país de las maravillas. Hoy me he acordado de ese libro  porque una compañera de cabina me comentó hace poco que a menudo esta profesión te ofrece la posibilidad de ser Alicia durante unas horas para que atravieses el espejo (al entrar en la cabina), salgas de tu vida cotidiana  y pases de puntillas a otros mundos a los que, de lo contrario, no tendrías acceso.

 

Hace unos meses una lectora del blog me dijo en un correo que daba la impresión de que solo hago interpretaciones divertidas y de temas amenos. Me temo que no es así, hago un poco de todo, aunque tengo la enorme suerte de poder trabajar con algunos clientes fantásticos que me permiten no solo ver exposiciones sino que además me ofrecen la opción de descubrir todos los detalles, la historia detrás de cada cuadro, cada fotografía, cada instalación. He podido ver cómo se organiza una entrega de premios desde detrás del telón o como se hacen las entrevistas en las suites de los hoteles más caros de esta ciudad. He vivido la magia de la radio y el mar de cables que requiere la televisión. He paseado por los pasillos de Telecinco (sí, esos por los que Jorge Javier persigue a las tertulianas indignadas) y he tenido la oportunidad de sentarme a hablar con gente a la que admiro. Y no es solo eso, esta profesión, de la que me declaro fan, me ha regalado momentos únicos, como poder sentarme en un descanso a hablar del Corazón de las tinieblas y las hermanas Brontë con Siri Hustvedt  o caminar con Ron Galella por la Gran Vía.

Durante unas horas me deja ver otros mundos, muy diferentes al mío y aprendo continuamente cosas nuevas. No todas son interesantes pero me enriquecen (y mejoran mis opciones de ganar al trivial).

 

No todo es de color de rosa en este trabajo, apenas se habla de las horas de conferencias aburridas, de los ponentes que hablan durante cuarenta minutos sin decir nada o los que dicen tanto que  no hay forma de seguirles. Hay días pesados, días menos estelares y como en todo trabajo, hay días frustrantes. Pero si lleno el blog de esas cosas acabaría deprimida y vosotros hartos.

Lo que más me gusta del trabajo es la gente con la que interactúas. La traducción me resulta más solitaria, la interpretación es social. Desde personas de protocolo, organizadores y directores de prensa, hasta entrevistadores, fotógrafos, técnicos de sonido y ponentes. Cualquier trabajo puede tener algo curioso, el factor sorpresa que hace que ninguna jornada sea igual a otra. El trabajo en equipo en cabina es lo mejor de todo. Nada como reír con tu compañero porque hay dos ponentes que están a punto de llegar a las manos antes del descanso para el café o esas miradas extrañadas cuando al presentador le da por contar chistes. Cada proyecto tiene su magia, sus bromas, su truco. Mientras estás ahí es como si el mundo real desapareciese (porque tienes que concentrarte solo en lo que pasa en esa sala).

A veces lo veo muy claro, como una jornada en el que un ponente decidió sortear una botella de una deliciosa bebida espirituosa y otro daba las gracias al Real Madrid por ganar el último partido (y el técnico de sonido asentía), ese día la realidad nos sorprendió en la cabina, porque las noticias internacionales se colaban por el Twitter. Pero mientras estoy al otro lado no quiero saber nada, ya tendré que leer la actualidad al regresar a casa (porque mañana será tema de conversación en la siguiente interpretación)

 

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Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

11 thoughts on “Una intérprete al otro lado del espejo

  1. Ser montañista o ser intérprete, ¿qué es más emocionante? Pues déjame pensar. Aún soy estudiante y como tal no puedo hablar del ámbito profesional real desde dentro, pero aun así siento una admiración tremenda por personas como tú que no sólo están dispuestas a estar en tensión (o lo que yo llamo tensión) cada día de su vida sino que además les apasiona tanto que no lo cambiarían por nada.

    Me parece una profesión increíble y que es tan invisible como imprescindible. Te felicito por ser feliz, si se me permite 🙂

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    1. Hay intérpretes montañistas, yo he compartido cabina con una.
      Gracias, no deja de ser trabajo y hay días en los que cuesta y mucho pero en el fondo no me imagino en otro trabajo.

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  2. Tienes toda la razón: está bien dar alguna pataleta de vez en cuando en los blogs como llamada de atención sobre la profesión, pero es mucho mejor contar lo positivo que lo negativo, porque para lo malo siempre tenemos tiempo (por desgracia para nosotros). Y si se cuenta algo malo, que sea al menos para sacar una anécdota o enseñanza general que nos pueda servir para evitar golpes, que también es de agradecer :P.

    ¡Muchos besos!

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  3. Hola, me gustaría felicitarte por el blog y comentar que comparto tu pasión por la interpretación. Me ha encantado la metáfora de Alicia 🙂 Y ya que estoy me gustaría pedirte consejo (si me lo permites): soy recién licenciada en traducción e interpretación, en el último curso hice la especialidad en interpretación y acabé con muy buenas notas, y ahora llega lo peliagudo: ¿cómo se empieza en esto? Llevo casi un año mandando currículums y me empiezo a hartar de que sólo me ofrezcan prácticas que luego me niegan porque ya no soy estudiante y mi universidad ya no firma convenios de prácticas para mí. Sé que es un momento muy difícil, pero igual tú tienes más ideas. Es triste tener 21 años, una carrera y verlo todo tan negro. Habrá que emigrar 🙂

    ANA

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    1. Entrar es siempre complicado, la crisis no ayuda pero nunca ha sido fácil. La clave es la confianza, conocer gente que te pueda recomendar para trabajos. En su día yo opté por formarse en seminarios, conocer a otras personas en la misma situación y buscar oportunidades (nunca sabes de dónde te va a llegar la primera oportunidad de trabajo). Siempre he trabajado en España de modo que desconozco la situación fuera pero no te desanimes, no es fácil (nunca lo ha sido) pero se consigue (eso sí, con mucha paciencia y sin rendirse)

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    2. Ana, por si te sirve, todos los de mi promoción que hicieron interpretación se pagaron ellos mismos prácticas en la ONU cuando acabaron. Sí, es una pasta, pero era la única forma que encontraron para poder hacer prácticas.

      Yo lo probaría todo: haz algún máster de especialización o cursos y, si puedes, al mismo tiempo, sigue haciendo prácticas. Diles a tus padres que te coges como un préstamo por adelantado y que se lo devolverás cuando consigas trabajar de esto (yo lo hice para venirme a Londres, que mi padre me prestó 1000 euros para ir tirando mientras encontraba curro, aunque aún no le he devuelto nada porque no me deja). No es la opción ideal, pero algo es algo.

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  4. ¡Ay, qué bonito! Jo, ahora me dan ganas de dejarlo todo y dedicarme a la interpretación 🙂 Prefiero que me cuentes alguna historia de esas malas para que pueda decir: mmm, no, prefiero quedarme en casa traduciendo mis videojuegos 🙂

    Me molaría un día escucharte interpretar. Ya te he dicho que admiro a los intérpretes porque yo no me veo capaz de poder escuchar a alguien y hablar al mismo tiempo. En el ordenador es diferente. Puedo tener tres conversaciones por skype en dos idiomas, más atender Twitter y Facebook y leer los correos que me van llegando… Porque todo lo hago callada (bueno, a veces también hablo sola, sobre todo si me río o le cuento algo a alguien emocionada).

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    1. Aún estás a tiempo, tú puedes con las cabinas, todo es ponerse (y contar con la profe adecuada 😉
      Compaginar las dos opciones es mi opción: hay días en las que quiero estar en casa con las traducciones (en pijama) y otros en los que apetece salir, ponerme los zapatos de persona mayor y probar los desayunos de los hoteles en los que se celebran las conferencias.

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  5. Me ha encantado el artículo, Aída (y además es la primera vez que te dejo un comentario). Qué bonito el símil de la interpretación con el mundo de Alicia… pero es cierto, al entrar en una cabina uno se aísla en cierto modo del mundo exterior.
    Aunque mi formación es de traductora e intérprete, principalmente me dedico a la traducción, y de vez en cuando hago interpretaciones, pero me gustaría meter más la cabecita en el mundillo… Solo necesito más tiempo para practicar en casa, soltarme más y lanzarme a la aventura. 🙂
    ¡Gracias por este artículo tan motivador!

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    1. Gracias por el comentario (que también motiva y anima).
      Me pasaba lo mismo, me ofrecieron una oportunidad para hacer más cabina y no pude negarme. Hoy por hoy, me alegro de haber dicho que sí, mi vida habría sido mucho más aburrida si no me hubiera lanzado a la aventura.

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