Cuidado con la intérprete…muerde

Esta entrada no es más que un breve apunte informal para contar algunas anecdotas de cabina y animar a otros compañeros del mundo de la interpretación a compartir algunos de esos momentos curiosos que pasan una vez que cruzas la puerta de la cabina y entras en una dimensión en la que la ley de Murphy es de cumplimiento obligatorio.

Mitos y realidades de la cabina portátil:

– Las cabinas en la gran mayoría de los congresos y reuniones en Madrid no se parecen ni en pintura a las de las Naciones Unidas o la UE. No son nada fashion y tienen un maravilloso enmoquetado interior para su insonorización que no cumple del todo su función pero que conserva los olores como nada en este mundo.

Mientras trabajas no eres consciente de estar en una sauna pero cuando sales a estirar las piernas notas el cambio de temperatura y cuando regresas, te da la bienvenida un calor con fundamento.

– Da igual el tamaño de la sala, si hay una columna, la cabina se colocará de tal modo que lo único que pueda ver el intérprete será dicha columna. Está todo fríamente calculado, porque así tendrás la oportunidad de explicar un poco tu profesión al encargado de turno, con el objetivo de convencerle para que mueva la cabina antes de que empiece el evento.

En una interpretación, fue imposible mover la cabina, de modo que conseguimos que cambiasen de sitio el atril de los ponentes, para poder verles la cara. La columna era enorme.

-Las cabinas portátiles fueron diseñadas por un espartano. No tienen ganchos para colgar el abrigo o el bolso. Así que vale la pena tenerlo en cuenta si una está pensando en llevarse ese abrigo blanco tan mono a la conferencia. Yo llevo siempre un bolso que sobrevive a más de ocho horas en el suelo sin perder la sonrisa. El espacio vital en su interior es mínimo, por lo que no es recomendable ir con tres diccionario, el portátil, dos botellas de agua, tres cuadernos, un pack de folios, la merienda y medio kilo de kiwis para el descanso.

-A veces, no vendría mal recordar al público asistente que las cabinas portátiles no están pensadas para determinadas actividades:

* No es el sitio que la organización ha habilitado para los fumadores compulsivos (basado en casos reales)

* No es el lugar en el que la gente puede dejar las maletas y trolleys (solo pasó una vez)

* Sí que molesta si deciden esconderse detrás de la cabina para hablar por el móvil, especialmente si la conversación es aburrida y a voz en grito.

*No es un sitio en el que uno se pueda apoyar. Nos ponen cristales por algo, para que veamos la sala (al menos la parte que no queda oculta tras la columna). Por eso, la gente que pasa delante nuestro continuamente nos desconcentra un poco, pero lo malo es cuando un asistente se queda de pie justo delante del cristal o ventana de la cabina y nos tapa la “vista” o cuando ya pasa al siguiente nivel y se apoya en la cabina. No es por ser alarmista, porque las cabinas portátiles no se caen con facilidad pero tampoco es cuestión de ayudar (a mi se me cayó una encima).

En mi última interpretación teníamos a dos apoyados a cada lado de la cabina, a una chica que paseaba sin cesar y a otro que la perseguía. Llegó la cosa a tal extremo que nos planteamos seriamente pegar este cartel en el cristal:

En general, las cabinas son esos pequeños espacios en los que todo es posible, cada intérprete debe tener mil historias y me encantaría leerlas en los comentarios o en los blogs de otros compañeros.

¿Por qué no dedicar el mes de marzo a las historias de cabinas?

Publicado por

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

24 thoughts on “Cuidado con la intérprete…muerde

  1. Hola, Aida:
    Muy interesante tu entrada. La ley de Murphy es implacable.
    Oye, no sé si se te había ocurrido o si lo habías usado antes, pero te paso una idea por lo del bolso en el piso (los supersticiosos piensan que se te va la plata si lo apoyas en el suelo… quizá esa sea la explicación de la fuga de capitales que has tenido últimamente :-p jeje). Hay unos ganchos hermosos que parecen llaveros, que los enganchas en el borde de una mesa y voilà, te sostienen cualquier bolso.
    Saludos
    L

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    1. No está mal pensado pero si apoyo algo en el tablero-mesa puedo tener peores problemas que los financieros. No todas las cabinas portátiles son iguales, esta entrada es una exageración de algunos casos concretos que he encontrado pero suelo dejar el bolso del portátil en el suelo y el que lleva la cartera colgando de la silla.

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  2. Muy buena anécdota.
    Yo soy supersticiosa y nunca dejo el bolso en el suelo. Y, aún menos, si está abierto. es algo que me pone nerviosa por varios motivos. Primero, que se mancha, y luego me lo cuelgo al hombro y toda la mierda me la reparto por los costados del cuerpo. Segundo, por la superstición de que el dinero se escapa. Tercero, porque no tengo ojos en los pies y no veo si alguien me lo roba (vale, en la silla tampoco lo veo, pero sí que hay más probabilidades de que “note” la presencia o el tirón).
    Lo del gancho que ha explicado Laura yo lo he visto. Mi hermana tenía uno que le regalaron en una boda y es una caña. Llevo tiempo queriéndome comprar uno así que, si encuentras algún sitio donde lo vendan, dame un grito 😉

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    1. Si la jornada es larga, salgo de la cabina en un estado infrahumano, la suciedad del bolso es lo de menos. Ahuyento gente en el metro, no te digo más.
      Mi bolso de cabina es muy sufrido y la verdad es que dentro de la “caja” no hay riesgo de robos (solo faltaba).
      Te dejo el enlace de Amazon.co.uk de los ganchos sujeta bolsos (purse hangers). Quizás deba probar el invento antes de decir que no.
      http://www.amazon.co.uk/Blue-Swirl-Purse-Handbag-Hanger/dp/B001D8RO2A/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1330610041&sr=8-1

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  3. «Mientras trabajas no eres consciente de estar en una sauna pero cuando sales a estirar las piernas notas el cambio de temperatura y cuando regresas, te da la bienvenida un calor con fundamento».

    Qué grande, Aida. Qué grande.

    Una vez a nosotros nos pusieron de cara al público, con una línea de visión de lo más limitada de la mesa de ponentes… y completamente expuestos a todos los asistentes. Cual gaticos desvalidos en un escaparate.

    En cuanto al cartel… deberías pensar en hacer una buena tirada. Seguro que tienen salida. 😀

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  4. Las cabinas portátiles las carga el demonio Aida 🙂 Y ese cartel no me habría venido mal en alguna ocasión.
    Y como anécdota, me viene a la cabeza una que quizás ya te conté. En una charla sobre un tema un poco sensible y con público implicado (inmigración de segunda y tercera generación en una ciudad en el extrarradio parisino), uno de los asistentes no estaba muy de acuerdo con algunos términos que había utilizado y se acercó a la cabina de cartón piedra a comentarlo ¡mientras seguía interpretando!
    Las mejores son aquellas que ni son portátiles, más bien de bolsillo, y que consisten en un cartón cutre plegable que se monta encima de una mesa cualquiera. Me recuerda a los parasoles de cartón del coche para ir a la playa con propaganda del Taller Paco de turno o la Pollería .G (existe y está en Pals, by the way). Por suerte, sólo lidié con una así en una ocasión.
    ¡Saludetes!

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    1. Yo tuve que interpretar una vez con lo más portátil de lo portátil, los cascos, el aparatejo y un micro. Para dar sensación de “cabina” y no molestar a la vista, me escondieron detrás de una cortina. Me pasé media conferencia estornudando pero quedó bastante gracioso.
      Un compañero en Madrid tuvo que interpretar en una esquina, con un maletín infoport como si fuera el niño castigado de clase.

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      1. Jo, qué grandes los maletines infoport. Yo eso lo hice una vez… en la catedral de La Almudena. 😀

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      2. Son elementos de tortura. En la catedral no he trabajado, cachis, tengo que ponerla en la lista de sitios en los que hay que trabajar antes de la jubilación

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      3. La única vez que hice una interpretación simultánea fue en la academia Vidal Sassoon (creo que esto os lo conté ya) para un cliente argentino. A los traductores nos pusieron al final de la sala, sentados en las mismas butacas, pero en la última fila, nos dieron el aparatito de interpretación con unos cascos aún peores que los que te regalan en los aviones y hala, a interpretar. Los peluqueros debían tener el micro agarrado al calcetín, porque no había dios quien les escuchase, sobre todo porque iban moviendo la cabeza de un lado a otro, con lo cual, solo oías (por los auriculares), dos de cada tres palabras. Para darle más emoción al asunto, al lado tenía a una intérprete japonesa que berreaba y, un poco más allá, a una intérprete italiana que, como tenía 4-5 clientes al mismo tiempo, les hacía “susurrado” (es decir, podía oírla por encima de los berridos de la japonesa. Al final, decidí que interpretaba sin cascos porque oía mejor al tío con el eco de la sala que con los cascos. Eso sí, tuve problemas para entender muchas cosas. Tuve que decirle al cliente por el micro que lo sentía mucho pero que no podía oír, y que él se girase cada vez que necesitase información, que yo iría escuchando e interpretando lo que pudiese (el cliente entendía un poquitín de inglés, gracias a dios, y ya me había dicho en otra ocasión que no tenía que interpretarle todo). Qué sufrimiento, josmíos. Eso sí, aprendí que, la próxima vez, me llevaba unos cascos de casa (o le ponía una mordaza a las intérpretes japonesa e italiana).

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      4. Es que tu “primera interpretación” fue un circo. Yo he estado en alguna de esas, pero para ser la primera es un poco “heavy”. En mi primera interpretación profesional se nos cayó encima la cabina. Supongo que lo peor te pasa el primer día para que salgas curado de espanto.

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      1. y sobre la ventilación..qué hay cuando tu compañer@ decide comer pan con jamón y mantequilla y tomar café con leche y muuucha azúcar? y si el sistema digestivo no le funciona bien…”ay mi madre!!!”

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    1. Peor. A mi no me ha pasado, pero a una colega una vez le improvisaron una cabina dentro de un baño al fondo de la sala, en la cual no cabía una cabina. La silla fue reemplazada por la tasa del baño.

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  5. Hola, cuasicolegas (yo soy traductora, no intérprete):

    Me han encantado tus peripecias, Aída. Y me ha recordado que unos traductores quieren escribir un libro con la recopilación de anécdotas relacionadas con el oficio de la traducción e interpretación (tanto de la carrera como del ejercicio de la profesión).

    Si estáis interesados, en esta dirección cuentan adónde hay que mandarlas.

    http://eltraductorerrante.blogspot.com/2012/02/antecedentes-estos-dias-el-juego-de.html

    Saludos desde Madrid

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    1. Lo sé, lo leí en Twitter y está en mi lista de cosas por hacer, pero no me ha dado tiempo a elegir algo que no haya contado ya o que no aburra a las moscas. Ese libro va a ser curioso, pasan cosas muy raras en esta profesión. Será por eso que engancha tanto.

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  6. Jajajajaja un saludo desde latinoamérica en donde la cosa no es taaaan diferente: una vez me tropecé con el fierrito del mal que sirve para que la puerta corrediza se deslice y casi atravieso el “vidrio”. Las cabinas son súper débiles, a veces están chuecas, el interior es de un tapizón que está lleno lleno de ácaros y Dios sabe qué más..lo que me ha pasado ha sido tener que interpretar en la sala contigua para “no interrumpir la reunión” y con equipos portátiles que sólo es un audífono y un micrófono. Y bueno una vez ocurrió en una conferencia de prensa fue que dejaron sus carteras (bolsos) y los celulares comenzaron a sonar ¡en plena interpretación! casi me muero…pero bueno, esas cosas pasan…ya pasaré por aquí a dejarles otras anécdotas que me acuerde..saludos!!

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