La cabina de los hermanos Marx

Aviso a aquellos que no leyeron la entrada Una intérprete en la carretera que esta es la continuación de las aventuras de esa intérprete que prefiere mantener su nombre en el anonimato y que sigue recorriendo este país con sus glosarios en busca de nuevos retos.

Este mes enviaron a la intérprete intrépida a una nueva ciudad a poner a prueba las cabinas de un salón de actos. Para poder llegar a la hora, nuestra protagonista y su compañera tuvieron que madrugar tanto que cuando el tren las dejó en la ciudad en cuestión por un instante dudaron: ¿Es verdad eso de que a ciertas horas no están puestas las calles? Pero no, es que la estación de tren está a una distancia prudencial de cualquier núcleo urbano. Menos mal que fueron con tiempo para poder llegar hasta el salón de actos en el que las esperaba ya la cabina.

Era un modelo clásico, casi podría decirse que era vintage, porque debía ser la primera cabina que se montó en España después de los juicios de Núremberg. No pudieron hacer fotos por miedo a que el flash dañase la madera (y la cabina se desmontase ante el ataque de las nuevas tecnologías).

El técnico les aseguró en repetidas ocasiones que no pasaría nada, que daba cosa pero que era más resistente de lo que parecía. Así que nuestras aventureras se pusieron manos a la obra, invadieron el espacio con post-its, netbooks, glosarios, diccionarios, un café y un par de donuts.

Como sobraba tiempo se pusieron a contrastar términos y en ese momento entró una mujer a toda velocidad, enviando la frágil puerta de la cabina poco más que a Cuenca y preguntó acelerada:

¿Os dejó aquí el pincho?

A lo que nuestra intérprete estuvo a punto de contestar: “Si es de tortilla sí”.

El técnico se la llevó, explicándole que las intérpretes no se encargan de proyectar las ponencias y ajustó la puerta para evitar problemas:

“Tranquilas, chicas, esto no se cae”.

Cinco minutos antes de empezar, la puerta volvió a sufrir los ataques de otra mujer que entró, grabadora en mano: “¿puedo grabar desde aquí la ponencia?”

Las intérpretes, recordando la entrada  Grabar o no grabar, le dijeron que no pero ella no quería la interpretación, quería la ponencia. Nuevamente, el técnico se la llevó para explicarle que eso debía pedírselo a él y colocó de nuevo la puerta de marras.

A la tercera va la vencida. Ya estaban interpretando cuando nuestra aventurera vio por la ventana lateral a una mujer haciendo pucheros que se acercaba peligrosamente a la puerta. Rauda, avisó a su compañera para que se hiciera cargo del problema y así seguir concentrada en la interpretación. Pero no sirvió de nada, la mujer iba tan decidida que no abrió la puerta, no, directamente la desencajó, lo que supuso que el “techo” se moviese, la cabina crujiese como si el lobo estuviera soplando y que la sala entera se diese la vuelta para ver si la cajita esa de madera se caía.

Y ahora os preguntaréis: ¿qué quería la buena señora que desmontó una cabina vintage en medio de una ponencia de una eminencia venida de allende los mares?

– ¿Es aquí donde dan los cascos?

– No.

¿Sabe dónde está el baño?

Publicado por

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

13 thoughts on “La cabina de los hermanos Marx

  1. xD ¡Qué risa, Aida! Sobre todo, un tiempecito después de haber pasado el trago, supongo 😉 Muy buena entrada.
    De paso, aprovecho la ocasión para felicitarte directamente por el webinario del pasado lunes en Asetrad, aunque no sea el tema de esta entrada 🙂 Me gustó mucho tu webinario.
    Muchas gracias por compartir tus experiencias y un saludo.

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    1. Lo cierto es que en este caso no fue la organización, más bien al contrario. Los organizadores fueron muy amables, preguntaron varias veces si las intérpretes querían calefacción, agua, otras sillas.
      La cabina era alquilada y a veces tocan las viejas, pero el técnico estaba siempre pendiente de sus intérpretes.
      Probablemente fue el lugar en el que pusieron la cabina, justo al lado de la puerta, cada vez que una persona entraba no podía contener las ganas de entrar y cotillear qué era eso.

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  2. ¡Hola! Soy una estudiante de Traducción e Interpretación de la Universidad del País Vasco y he estado siguiendo vuestros blogs fielmente durante los últimos pasos. Hoy he decidido dar el paso de crear el mío propio y este es el enlace: http://www.olatztranslatesandinterprets.com/
    Estaría muy agradecida y me ayudarías a difundirlo y que compartamos nuestras cosas de aquí en adelante.
    ¡¡¡Muchas gracias y hasta pronto!!!

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  3. Genial la anécdota. Ya me veía yo al tío con un pincho de tortilla, pero no, el que os quería dar no se puede comer.

    Tenéis que prepararos un cartelito chuli, plastificado y con cuerdecita, para colgar de la puerta de la cabina a cada interpretación a la que vayáis. Nos perderemos muchas anécdotas pero a vosotros os distraerán menos 😉

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    1. Necesitamos varios cartelitos, una vez dibujé uno que puse en otra entrada para evitar que la gente se apoyase en la cabina. No podíamos ver nada, más que espaldas de asistentes y el ponente venga a usar vídeos y señalar cosas que no veíamos de ninguna manera.

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