Día del libro

El 23 de abril es San Jordi y el día del libro. La tradición manda regalar libros y rosas, por eso la mayor parte de las librerias aplican descuentos y se organizan actividades culturales más o menos originales.
Este año los compañeros de APTIC, la Asociación de Profesionales de la Traducción e Interpretación de Cataluña han creado una campaña genial para recordar a la gente que todos hemos leído algún gran libro gracias al trabajo de los traductores. Tienen un punto de información en Girona y una cama en plena Rambla de Cataluña para dar visibilidad al traductor literario.

Pero, ¿qué libro quiero que me regalen?

Mi autor favorito es Thomas Hardy. Cuando leí a Hardy en la carrera me encantó el uso del simbolismo, de la naturaleza y la religión en sus novelas pero no ha sido hasta que realmente he sido adulta de pleno derecho que he entendido a muchos de sus personajes de otro modo.

Cuando descubrí a Thomas Hardy me dejé llevar por las novelas más conocidas, Tess y sus relaciones dudosas con la pureza y Jude y sus deseos irracionales de ir a la universidad y superar el destino maldito de su familia.

Estaba claro que Tess era una historia para Roman Polansky
Estaba claro que Tess era una historia para Roman Polansky

Desde luego las dos novelas tienen en común el destino imposible de vencer que marca tu camino hagas lo que hagas y esa preocupante obsesión por buscar pareja entre los familiares cercanos y desconocidos hasta ese momento. Las dos se han llevado al cine y en el caso de Jude el oscuro, dirigida por Michael Winterbottom en 1996, además de ser estéticamente preciosa y dura hasta ser deprimente, cuenta con una maravilla de banda sonora obra de Andrew Johnston que no es fácil de encontrar en CD pero os dejo este enlace por si queréis escuchar pequeños fragmentos (Love discovered y Beautiful days):  Banda sonora de Jude

Este póster me acompaña desde el estreno en 1996
Este póster me acompaña desde el estreno en 1996

Pero ahora creo que prefiero otras dos obras de Hardy, con menos primos y mujeres más fuertes, aunque igual de atrapadas por las circunstancias: El regreso del nativo y Lejos del mundanal ruido.

Hay pocos personajes femeninos tan interesantes como Eustacia Vye, la “mala” de El regreso del nativo, que vive con su abuelo en el campo pero que además de ser muy guapa, ha recibido una buena formación y se aburre como una ostra en el entorno rural. La pobre es acusada de todo por querer ser libre y disfrutar de la vida. Vale que lo de la infidelidad no lo lleva bien pero me encanta que en cuanto regresa el nativo la muchacha empieza  a maquinar para cazar a ese soltero viajero con el objetivo de largarse lo más lejos posible y cuando el mozo finalmente se declara le suelta sin miramientos: como te quiero tanto, me quedo aquí contigo, montamos una casa, criamos animalejos e hijos y nos morimos de viejos sin salir de la aldea. La cara de horror de la chica es de lo más entendible. No os cuento el resto porque vale la pena leerlo.

Eustacia es una bruja para el resto de sus vecinos, para Hardy ella está hecha del mismo material que las diosas: amor, ira y una necesidad vital de huir del inframundo al que se ve condenada.

En la miniserie para la tele Catherine Zeta-Jones  interpretó a Eustacia y sí, ese de las barbas es Clive Owen
En la miniserie para la tele Catherine Zeta-Jones
interpretó a Eustacia y sí, ese de las barbas es Clive Owen

Pero, en mi muy humilde opinión de lectora, la mejor escena de las novelas de Hardy sucede en Lejos del mundanal ruido. Gabriel Oak con su rebaño de ovejas suicidas que hace lo imposible por enamorar a Bathsheba Everdene. ¿Cómo no te va a gustar un personaje que se llama Bathsheba?

Gabriel se enamora nada más conocerla y al inicio del libro decide pedir su mano, ella acepta escuchar la petición. Gabriel comenta que a muchas mujeres les gusta tocar el piano, por lo que él aprenderá a tocar la flauta, además le comprará una calesa para ir al mercado y unas gallinas, por eso de ser prácticos. Luego le pondrá un huerto de pepinos. Hasta ahí la chica no parece disgustada con la idea. Normal, ¿quién va a decir que no a ir en calesa con tu marido flautista después de plantar pepinos? Pero el muchacho se anima y pasa lo siguiente:

Le faltó decir: Chico, que corra un poco el aire
Le faltó decir: Chico, que corra un poco el aire

Ya tengo las novelas de Hardy así que tendré que buscar otro libro para aprovechar los descuentos del día, pero a lo mejor os apetece darle una oportunidad a este autor de Dorset, cuyos personajes viven en un Wessex inventado.

Thomas Hardy
Thomas Hardy

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Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

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