El límite del estudio

Hay pocas cosas que tenga tan claras en esta profesión como la necesidad de preparar a fondo un tema antes de una interpretación. Es una de las cosas que me gustó de este trabajo, me gusta estudiar, aprender cosas nuevas y verme obligada muchas veces a leer sobre temas que sin un apoyo externo no habría tocado ni con un palo en toda mi vida.

Sin embargo, cada vez que me enfrento a un proyecto de interpretación que requiere mucho estudio me planteo la siguiente respuesta: ¿Hasta qué punto debo dedicarle horas? Parece fácil cuando eres estudiante en la universidad, te toca estudiar todas las horas que tienes libres para sacar una buena nota. Hasta ahí la cosa no cambia, el estudio en el trabajo también tiene un fin concreto: dar un buen servicio. Sin embargo, en el ámbito profesional entran otros factores en juego. En primer lugar, el estudio forma parte de ese proyecto y te van a pagar por hacerlo por lo que debe ser rentable. ¿A qué me refiero con esto? Muy sencillo, la tarifa que facturo debería cubrir el tiempo durante el que interpreto y el tiempo de preparación del tema. Parece sencillo y hasta básico, pero el problema surge cuando para estudiar un tema tengo que dedicarle tanto tiempo que si hago números la tarifa ya no es tan interesante.

De ahí mi pregunta: ¿dónde está el límite que debo imponerme al estudiar un tema?

Los problemas a los que nos podemos enfrentar suelen ser:

Falta total o casi total de material. Muchos diréis que es una contradicción, si no hay material no hay nada que estudiar pero generalmente eso no es así. No puedes ir a un congreso sin saber absolutamente nada, te arriesgas a quedarte en blanco a la mínima y aunque no es culpa tuya no haber recibido las ponencias, no es plato de buen gusto verse en esa situación. A las malas, si no recibes nada, lo que haces es una auténtica labor de investigación en base al programa del evento y tiras del hilo hasta donde llegues. Lo malo en estos casos, es que sin una guía puedes ponerte a estudiar hasta el final de los tiempos, porque cada tema lleva a otro y así hasta el infinito. Eso desde luego no está pagado por muy buena que sea tu tarifa.

Exceso de material. Los extremos son malos, ni mucho ni poco, lo que necesitamos es la cantidad justa pero, como todo en la vida, no siempre obtenemos lo que queremos. Algunos clientes te mandan tantos documentos, libros, presentaciones, carpetas con archivos, que es imposible hacer frente a todo. A veces le dedicas más de tres días a un proyecto que supondrá ni media jornada. No compensa a menos de que te interese mucho el cliente o el tema.

Sin embargo, ¿cómo decir que no a un trabajo interesante? ¿Cómo negarse a estudiar algo nuevo?

y sobre todo ¿cómo gestionar el estudio para que sea más rápido y eficaz? Últimamente estoy leyendo sobre técnicas de estudio, lo que es un regreso a los viejos hábitos universitarios. Tengo la suerte de no haber perdido del todo la costumbre de estudiar de la facultad pero es complicado cuando tienes varios proyectos la misma semana. La idea de ir a una interpretación sin estudiar me resulta impensable, pero a veces cuando llevo más de 200 términos anotados en el glosario de un proyecto me pregunto: ¿dónde está el límite? ¿Se dará cuenta el cliente del trabajo que hay detrás de una interpretación bien hecha?

Mientras tanto, estos son mis nuevos aliados, no solo de post-it vive la intérprete:

 

Marcapáginas de todos los colores
Marcapáginas de todos los colores

 

Highlights of highlighting
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Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace siete años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

7 thoughts on “El límite del estudio

  1. Muy de acuerdo con tus comentarios en esta entrada, Aida. Hay veces que no merece la pena tanto estudio (porque luego no da para tanto) y otras no llega. Saludos.

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    1. Lo que me resulta complicado es determinar cuánto tiempo debo invertir en una preparación. Suelo dedicarle bastante tiempo pero en ocasiones es más del que realmente necesitaba, claro que nunca sabes 100% lo que puede sorprenderte luego cuando estés en cabina. Supongo que es mejor pasarse que quedarse corto.

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  2. Perfecto, Aida, tus publicaciones siempre son muy pertinentes. Esa, sin duda, es una de las ventajas que la profisión conlleva: estamos siempre estudiando y aprendiendo algo nuevo, sin embargo, es cierto que también hay que poner un límite para que el proyecto sea rentable. iMuy interesante!

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  3. Hola, Aida:

    Bonísima esta entrada. La verdad es que es muy difícil determinar el tiempo que le vas a dedicar. Yo, personalmente, siempre tengo la sensación de que me quedo corta. Obviamente, como bien recalcas tú, con otros encargos y trabajos, no siempre es fácil dedicarle un tiempo excesivo a cada interpretación. ¡Un tema complicado, sin duda!

    ¿Cuánto tiempo como máximo has dedicado a preparar un encargo? El máximo que dediqué yo (aunque valió la pena), fueron 5 semanas a horas sueltas. ¿Tema? Implantología y sin más material que el programa de dos días…

    Me encantaría saber que estrategias utilizas para enfrentarte a la preparación para conferencias sin material previo, salvo el programa.

    Saludos.

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    1. Creo que en mi caso el máximo han sido dos semanas, prácticamente dedicadas por entero a la preparación de un congreso de 3 días sobre medicina. Era muy técnico y sobre todo, tenía muy poca información, así que lo que hice fue buscar a los ponentes, ver qué artículos habían publicado, si tenían estudios colgados en la red sobre el tema del congreso e iniciar ahí la investigación. Lógicamente, pierdes mucho más tiempo al ir a ciegas, al no tener una guía que te avise si un artículo es realmente útil o no para el caso concreto.
      Es un trabajo casi de detectives, buscas pistas para seguir estudiando. A menudo tengo esa sensación de quedarme corta, tanto si es así como si no, pero también he tenido muchos casos en los que al no tener material, he estudiado más de lo que debería. Más cosas para el disco duro para el día que vaya a Pasa Palabra 😉

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