El padre de dragones y otras traducciones (primera parte)

La fantasía está ahí fuera

 

Si habéis prestado atención alguna vez (un domingo, un fin de semana que llueve) a los programas de los congresos de traducción, en ocasiones uno puede ver patrones y tendencias, a lo especial primavera-verano de Vogue o Mulder cuando veía conspiraciones en todas las esquinas. A lo que me refiero con esto es que hay años en que se habla mucho de temas como branding, interpretación en servicios públicos, localización, audiodescripción y otros es la traducción de novela romántica o directamente erótica y en los últimos años se han colado en estos programas un montón de temas que antes ni se tocaban en las aulas magnas de las universidades y que sin embargo son parte de nuestro trabajo. En Alicante hubo una mesa entera dedicada a la traducción de franquicias: cómics, Marvel, DC, videojuegos, películas de superhéroes, etc.

Hace ya un tiempo pude publicar en el blog una entrevista a una editorial española, Fata Libelli, en la que hablaban de literatura fantástica y las procelosas aguas del mundo editorial. El verano pasado Nina nos contó su experiencia como alumna del taller de traducción que se impartió en Tarazona y por fin podemos seguir este camino con otra entrevista sobre la traducción del género fantástico y la ciencia ficción y ver si en realidad es una moda o un tema del que podemos hablar durante mucho tiempo (yo apuesto por la última opción).

Para hacerlo, tenemos el placer de contar con un traductor que ha peleado en importantes batallas y que cuenta con una lista muy envidiable de títulos traducidos a sus espaldas: Manuel de los Reyes.

 

El padre de robots, dragones y otros bichos
El padre de robots, dragones y otros bichos

 

– La primera pregunta es un clásico en el blog: ¿qué hace un traductor como tú metido en un mundo lleno de seres imposibles, espadas, naves espaciales y otros bichos del querer? ¿Cómo arranca tu historia? 

Muchos compañeros cuentan que llegaron a la profesión de rebote, por azares del destino, por hacer algo mientras buscaban otra cosa, etcétera. En mi caso, la fascinación que la lengua inglesa ejercía sobre mí de jovencito y mi desmesurada afición por la lectura y la escritura se aliaron para convencerme de que traducir aquello que más me gustaba (los cómics, los juegos de rol y las novelas de género fantástico en todas sus vertientes) podía ser, no ya una forma de ganarse la vida como cualquier otra, sino, al menos para mí, la mejor. Con esa idea en la cabeza me presenté a los exámenes de acceso de Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca, tras un par de años lejos de las aulas convencionales pero inmerso en la «escuela de la vida» durante los que aprendí mucho más de lo que podría ofrecer jamás ningún currículo académico. Superé dicha prueba y, entre 1996 y el 2000, me dediqué a perseguir ese sueño.

Corría el último año académico y yo me encontraba en Escocia, «disfrutando» de una exigua beca Erasmus que no hizo sino animarme a utilizar aquella cosa tan enigmática pero en apariencia repleta de posibilidades que la gente denominaba Internet. Puesto que sospechaba que desde que empezara a enviar solicitudes de empleo hasta que recibiese respuesta iba a pasar mucho tiempo, decidí abreviar la espera, me dirigí a la biblioteca de la Universidad de Glasgow, me abrí una dirección de correo electrónico, busqué la página web de la editorial que publicaba los juegos de rol a los que yo por aquel entonces era tan aficionado, escribí para resumirles más o menos quién era y cuáles eran mis intenciones… y a vuelta de correo recibí mi primer encargo, el Libro de Clan: Salubri, un suplemento para Vampiro: Edad Oscura.

Cuando regresé por fin a Salamanca para presentarme a los últimos exámenes de la carrera ya contaba en mi haber con tres manuales por el estilo. Lo cierto es que ni estaba realmente preparado para zambullirme tan de sopetón en el mercado laboral ni fueron unos primeros pasos tan sencillos como pueda dar a entender esta versión abreviada de lo ocurrido, pero el caso es que aquí sigo, quince años después, con un centenar largo de ISBN a mi nombre y ni una sola semana de parón laboral involuntario en todo este tiempo. Como sé que mi caso es poco representativo dentro de la profesión y, por añadidura, no soy nada desagradecido, procuro mostrarme tan cauto como optimista por lo que al futuro respecta cada vez que se me presenta la oportunidad de exponer mi caso particular ante todos aquellos, jóvenes y talluditos por igual, que en la actualidad comparten las ambiciones de aquel soñador, alocado e insensato veinteañero yo mío, tan afortunado él.

 

– ¿Has trabajado o trabajas como traductor de otros temas y géneros? Si la respuesta es sí, ¿existen diferencias significativas entre los encargos fantásticos y los mundanos? Y si la respuesta es no, ¿no te tienta el mundo Muggle?

He traducido de todo y, como se suele decir, volvería a hacerlo: narrativa contemporánea, novela histórica, rosa, negra y de todos los colores. He interpretado en congresos, localizado software, traducido publicidad… El canto de sirena que me atrajo hasta las exóticas costas de esta profesión, sin embargo, entonaba en mis oídos desde el principio melodías que evocaban seductoras imágenes de trasgos, marcianitos, hombres del saco y pulverizadas velocidades de escape, así que desde el principio mismo de mi andadura profesional me he dedicado a explorar y cartografiar minuciosamente esos territorios. Tras unos satisfactorios pero que me dejaban con ganas de más escarceos iniciales con los juegos de rol, los cómics y las franquicias noveladas, pronto me brindaron la oportunidad de traducir literatura fantástica hecha y derecha. Y fue exactamente tal y como yo siempre había soñado: una verdadera pasada.

Puesto que yo siempre he leído de todo pero sentía predilección por un género determinado, pensaba que las editoriales se regirían por los mismos parámetros: que publicarían de todo pero a mí me encargarían, con suerte, solamente títulos adscritos a un género determinado. Cuando ya llevaba un tiempo siendo así, no obstante, entre unos y otros me fueron abriendo los ojos a una desagradable sentencia categórica que, al parecer, todo el mundo menos yo veía con claridad meridiana: traducir siempre «lo mismo» equivale a encasillarse. La poderosísima sensación de rechazo e incredulidad que me sobrevino al experimentar aquella epifanía vicaria se convirtió en el motor hiperlumínico que habría de impulsarme con más brío que nunca, y ya para siempre, a adoptar una actitud que desde entonces ha dictado prácticamente todas mis decisiones profesionales: dado que el género fantástico no solo es que no tenga nada que envidiar a los demás, sino que algunos de los títulos adscritos al mismo se cuentan entre las obras más reconocidas de la historia de la literatura, no cabe hablar de encasillamiento, sino de especialización.

Entre la traducción de narrativa fantástica y la de otros géneros literarios existe una diferencia fundamental, íntimamente relacionada con la carga de imaginación e inspiración que haya volcado cada autor sobre su obra. Quien más quien menos escribe con un estilo determinado, más o menos enrevesado; quien más quien menos te obliga a documentarte acerca de un tema concreto, más o menos abstruso; pero solo el escritor de literatura fantástica te obliga a abrir de par en par las puertas de la cripta donde sin dormir yace eternamente la creatividad y sondear esas fértiles profundidades para desenterrar las prendas más insospechadas y espectaculares con la que engalanar tu trabajo. Es una labor muy exigente, a veces, ora extenuante, ora ingrata… pero no la cambiaría por nada en el mundo.

 

Algunas de las joyas de la corona
Algunas de las joyas de la corona

 

 

– Los neologismos, los juegos de palabras no son más que algunos de los enemigos de este género, enemigos con los que ya has peleado en varias ocasiones. ¿Qué pasa por la mente de un traductor cuando se encuentra con uno de esos palabros que se inventan los escritores? ¿Podemos hablar de los nombres de los personajes/castillos/animales/espadas que tienen un significado en inglés? ¿Qué se puede hacer con esos regalos envenenados?

Se pueden hacer tantas cosas… Lo primero que conviene preguntarse, a la hora de resolver este tipo de problemas, es si el escenario en el que transcurre la acción comprende la lengua del autor o no. En la Tierra Media del Señor de los Anillos, por ejemplo, un mundo imaginario en el que nadie habla inglés porque ni siquiera existe Inglaterra (ni ningún otro país conocido), está claro que dejar que cierto hobbit se llame Baggins en su traducción al español no tendría sentido. Quizá luego Bolsón guste más o menos, pero al menos respeta la idea del original. Si la acción transcurre en nuestra realidad, aunque esta contenga elementos netamente fantasiosos, la cosa cambia. Motes y sobrenombres, emplazamientos geográficos, cargos públicos, bebidas y especialidades culinarias… todo tiene su porqué y su porqué no cuando de verter palabras extranjeras (neologismos o no) a nuestro idioma se trata. Por lo que a mí respecta, decisiones exclusivamente mercadotécnicas y editoriales mediante, si se puede traducir, se traduce.

El papel de verdadero «enemigo» del género, empero, no se lo atribuiría yo a los neologismos (¡si es donde está toda la gracia!) sino a los anacronismos, un adversario mucho más sutil e insidioso al que, en ocasiones, no se le presta la debida atención. ¿Puede ser «maquiavélico» alguien que vive en un universo en el que nadie ha oído hablar nunca de Maquiavelo, por ejemplo? ¿Qué sentido tendría que los pobladores de una colonia alienígena emplazada en los confines de la galaxia utilizaran expresiones como «de Perogrullo» o «meterla por toda la escuadra»? A veces estos anacronismos vienen marcados de antemano por el original, intencionadamente o no, pero como traductores conviene estar alerta y tener los ojos bien abiertos en todo momento para que no se nos escape ninguno demasiado improcedente, so pena de sacar al lector de la historia.

 

 – Si una cosa ha quedado clara tras escuchar a Cristina Macía es que los fans de este tipo de literatura son lectores apasionados, entregados y que no perdonan una si consideran que la traducción no se adapta a sus expectativas. La exigencia de calidad puede ser un aspecto positivo pero también un tanto agobiante ahora que con internet tienes foros especializados, booktubers, etc. ¿Cuál ha sido tu relación hasta ahora con los lectores? ¿Alguna historia curiosa? ¿Te subirías a una mesa del Celsius a hablar de tu traducción con los fans delante?

De mil amores, pero solo si antes me invitaran a hacerlo, que a uno le falta algún que otro tornillo, pero no tantos. El caso es que en el Celsius aún no he tenido ocasión de participar como ponente en ninguna mesa, pero sí en un par de Hispacones, y la respuesta de los asistentes no podría haber sido más positiva. A lo largo de los años he concedido entrevistas en la radio, impartido talleres y cursos para otros compañeros de gremio, expuesto algunas de mis vivencias y teorías en librerías, hablado en público ante propios y extraños… pero conversar con los lectores cara a cara, de tú a tú, es una de esas cosas que no se pueden comprar con dinero. Puesto que ya he sido cocinero antes que fraile, o aficionado antes que profesional, por una parte me resulta especialmente enriquecedor escuchar sin intermediarios los comentarios y observaciones que suscita en los lectores el estado actual de la traducción editorial en España; por otra, muchas de las dudas que se expresan durante los turno de ruegos y preguntas en este tipo de acontecimientos me permiten analizar y explorar los entresijos de esta profesión nuestra por fuerza someramente pero con una espontaneidad que, al menos por lo vivido hasta la fecha, el público agradece a su vez.

En cuanto a anécdotas… las tengo para todos los gustos, claro. Me considero una persona accesible y siempre respondo a todos los mensajes que recibo en privado, ya sea por email, mediante privados en las redes sociales, a través del formulario de contacto de mi página web, etcétera, lo cual a lo largo de los años me ha llevado a entablar muchos y muy curiosos intercambios de impresiones con los lectores. Creo que estos, aun a riesgo de generalizar, ignoran hasta qué punto influye realmente su opinión en las decisiones que podemos llegar los distintos eslabones que componemos las largas cadenas editoriales. En el momento de escribir estas líneas, sin ir más lejos, acabo de cerrar un compromiso para traducir varios libros a lo largo de los próximos meses, quizá años, después de que la editorial que los publica en España escuchara las críticas negativas que estaba recibiendo la traducción de los primeros volúmenes de la serie y decidiera intervenir activamente para atajarlas. Aun sin proporcionar más detalles ni nombres, creo que este ejemplo ilustra a la perfección lo que decía antes.

Para terminar, aunque el tema daría para hablar mucho más largo y tendido, me gustaría añadir que cuando más satisfechos se muestran los clientes y los lectores por igual, según mi experiencia, es cuando uno se muestra deontológicamente respetuoso, no con ellos ni con el autor, sino con la obra en cuestión. Acercarse con profesionalidad al texto conlleva automáticamente que las demás partes implicadas sientan que se les está dispensando un trato favorable que suele traducirse, a su vez, en críticas elogiosas, reseñas positivas y trabajo continuado.

 

– Un fenómeno que ha sucedido con los libros de Harry Potter y Juego de Tronos (y muchos más) es que los lectores que hablan idiomas aprovechan que ya han leído el original y se lanzan a hacer su propia traducción para los que no hablan más que su lengua. Un poco como los fansubs de las series. ¿Te ha pasado? ¿Supone un problema para el traductor o no tiene la menor relevancia?

No me ha pasado, pero conozco a varios compañeros que sí se han visto en esa tesitura y algunos de ellos coinciden en la preocupación que supone tener que evitar de forma activa el tropezarse con esas traducciones hechas por y para aficionados, so pena de que acaben insinuándose en sus decisiones terminológicas o estilísticas más adelante, siquiera involuntariamente.

[Y hasta aquí podemos leer…la primera parte. En breve se publicará el resto de la entrevista]

 

Publicado por

Aida

Soy una traductora e intérprete de conferencias desde hace más de once años, trabajo principalmente en Madrid para agencias y clientes diversos.

One thought on “El padre de dragones y otras traducciones (primera parte)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s