No me llames Dolores, llámame Lola, perdón, quería decir intérprete

Hay poder en los nombres. Andrea Brocanelli lo recordaba el otro día en Facebook y para eso los mitos nórdicos son muy ilustrativos. A Odín se le han llegado a adjudicar hasta 200 nombres, ahí es nada. El Padre de todos o dios cuervo tenía tantos nombres como algunos coleccionan posavasos de bares porque consideraba que si alguien los conocía todos, tendría poder sobre él. Las fantásticas novelas de Joanne Harris sobre la mitología escandinava aprovechan este detalle constantemente.
Hubo una época en la que me indignaba cada vez que me llamaban traductora u opciones más originales en lugar de intérprete. Echando la vista atrás, en la última década me han llamado todas las versiones de “traductora” existentes: traductora oral, traductora que habla, traductora inmediata, traductora simultánea, traductora rápida y hubo una vez en la que me preguntaron si yo podía traducir antes de que el ponente hablase o si lo hacía en diferido (lo primero habría tenido su mérito).

 

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Tranquilidad, me comentan que el compañero Sentamans sigue vivo y traduciendo

 

Con el tiempo dejé de darle importancia, porque las verdaderas batallas que me preocupan son las condiciones de trabajo y las tarifas. Cuando llevas unas cuantas cabinas y consecutivas llegas a la conclusión de que eso da igual si cumplen con lo acordado en la fase previa. ¿Cuántas veces hemos llegado a un hotel o sala de conferencias y nos hemos encontrado con que la información que nos habían pasado era un sueño de Resines? Simultáneas sin cabina para una sala de 100 personas en las que esperan que interpretes sola al mismo tiempo que habla el ponente y que no subas mucho la voz que a los del fondo les molesta, ¿micrófono? ¿Para qué quieres eso? ¿No sabes impostar la voz? Que te quedas con las ganas de darte con un poste más bien para acabar con tu sufrimiento. Por no entrar en los temas ya mencionados en la entrada sobre “uberización” como lo de querer descontar el tiempo de los descansos de café o pensar que las jornadas de 12 horas seguidas son perfectamente normales.

Negociar las condiciones, explicar el motivo por el que pedimos lo que pedimos siempre me ha parecido una batalla necesaria y cuyo final aún no está cerca. Pero, después de darte muchas veces con paredes, muros y puertas, una empieza a preguntarse ¿Qué es lo falla? ¿Por qué cuando pido el material pasan de mi correo? ¿Piensan que voy a vender el power point de 50 diapositivas con letras blancas en Times New Roman 8 sobre fondo gris a las potencias extranjeras?

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No veo un pimiento de lo pequeña que es la letra, pero esta presentación la vendo y saco para pipas

En el fondo creo que el principal problema al que nos enfrentamos es la falta de comunicación eficaz. Soy consciente de que esta no es más que mi opinión personal, pero tengo la sensación de que muchas veces la pelea por las tarifas, por una cabina desde la que pueda ver al ponente o el recibir el material para estudiar se deben a que el cliente que nos contrata no sabe qué se necesita para que el servicio funcione. No digo que la culpa sea del cliente, ni mucho menos. Cuando contratas el servicio de un fontanero no tienes ni idea de tuberías y después de pagarle sigues sin tener ni idea, para eso le contratas, pero haces un esfuerzo por no molestar y por aprender si te comenta algo. No es tarea del cliente aprender previamente lo que necesita un intérprete, pero sí podemos ir explicando de forma correcta y profesional cuáles son los requisitos mínimos para que salga adelante un proyecto con calidad, el motivo por el que pedimos las cosas y debemos intentar ser mejores a la hora de comunicarnos. Podemos evitar los malos entendidos y ser flexibles sin caer en malos hábitos que luego va a tener que sufrir el siguiente compañero al que contrate ese cliente.

Se nota cuando un organizador de eventos ha trabajado antes con intérpretes que han hecho bien su trabajo. Si el cliente recibe calidad, valora el servicio y entiende la tarifa. La mejor manera de explicar lo que costamos es ofrecer un servicio que lo valga. Cuesta menos pagar las cosas si consideramos que vamos a obtener algo bueno a cambio. En una ocasión un cliente nos comentó que nuestro presupuesto no era el más barato pero que era un evento demasiado importante como para dejarlo al azar y que prefería pagar más pero estar tranquilo. Aprovechó para preguntar un montón de dudas sobre el material: ¿Qué mando? ¿Cuándo lo mando? ¿Pongo fecha límite a los ponentes para que pasen las presentaciones? Este es un excelente modo de ver las opiniones de las dos partes y llegar a puntos de entendimiento. No es fácil, no siempre es posible, pero debemos intentarlo.

 

Sin embargo, los clientes no son los únicos que debe saber lo que hacemos, porque igual que podemos trabajar con cualquier tema, todo el mundo es un cliente potencial. Si uno sabe los beneficios que conlleva contratar a un intérprete profesional y la dificultad de la tarea en cuestión, no pensará en que esa reunión con los futuros clientes de Australia en la que se decidirá el futuro de su proyecto la puede “traducir” ese compañero que fue a Londres el verano pasado y se entendía de lujo con todo el mundo.

Todos los años por estas fechas hago jornadas enteras de consecutiva y hay momentos que nunca fallan:

  • Alguien me manda callar en una sala de exposición por interpretar en susurrada mientras habla el comisario.
  • Alguien interrumpe mi consecutiva porque necesita que me mueva para hacer mejor la foto, me echa la bronca por estar en medio cuando quiere pasar o apoya el micrófono/cámara/móvil en mi hombro para no cansarse (ha pasado más de una vez)
  • Alguien con la mejor de las intenciones se acerca al terminar la presentación para felicitarme por mi trabajo, me pregunta por las notas, se asombra de la memoria que se necesita para hacer una consecutiva y termina por preguntarme a qué me dedico.  La persona en cuestión suele sorprenderse cuando respondo que a ser intérprete y en algunas ocasiones se ha lanzado a preguntar si me pagan por eso.

 

El día que quede más claro qué es un intérprete, qué necesita para hacer su trabajo, qué se esconde en el nombre, quizás sea todo un poco más fácil. Que me llamen traductora cuando pregunto por la cabina no me ofende, me enorgullezco de serlo, pero quizás indica que hay una falta de información de fondo que no nos beneficia y que está en nuestras manos remediar.

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Hasta Julieta se preguntaba cuál era la importancia de un nombre, pero si uno estudia los nombres de la obra, muchos tienen un significado que encaja con la trama, por lo que no fueron elegidos sin motivo.

 

Ayer la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que reconoce el papel que juegan los profesionales de nuestro sector a la hora de ayudar a las naciones a establecer vínculos de entendimiento y declaró el 30 de septiembre como el día internacional de la traducción. Un pequeño paso para la ONU pero un paso en la buena dirección para el sector.

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Nota: Gracias a @jsentamans_  por la foto.

El intérprete y la tecnología – Curso AICE

AICE, la Asociación de Intérpretes de conferencia de España, ha organizado un curso presencial de un día que tendrá lugar el próximo 20 de mayo de 2017 en Madrid. El curso Interpretación y tecnología  impartido por el intérprete y profesor de la Universidad de Granada, Óscar Jiménez Serrano, va a tocar algunos de los temas que más me interesan: el papel de las nuevas tecnologías en nuestro sector, la interpretación a distancia o remota que ya no es una posibilidad, más bien se trata de una realidad en el mercado, las CAIT (herramientas informáticas para el intérprete), el BYOD (“trae tu propio dispositivo”) que en algunos países empieza a ser bastante frecuente, etc. Para saber un poco, he hablado con la intérprete Marcella Bracco, miembro de AICE y del comité de formación de la asociación, para que nos aporte algunas pinceladas más.

  • Estamos acostumbrados a escuchar charlas y ver cursos sobre las herramientas CAT y modos de aprovechar la tecnología en la traducción. Daba la sensación de que la interpretación vivía aislada de los nuevos avances, más allá de las mejoras en las cabinas y los equipos de sonido. Sin embargo, cada vez se habla más de la tecnología en el ámbito de la interpretación y este es uno de los primeros cursos que se ofrecen en España sobre el tema. ¿Qué ha motivado a AICE a dar este paso? ¿Qué se va a ver en el curso? ¿Tendrá un enfoque más práctico o combinará información y práctica?

 

Para contestar a esta pregunta tomaré prestadas las palabras de nuestra anterior Presidenta, Ana Villa, quien en su informe de fin de presidencia, hace poco más de año y medio, dijo: “El tema lo merece; que luego no nos pille la ola, ¡mejor surfearla!”.

La actual Junta de AICE, con su Presidenta Inés González Zarza a la cabeza, está profundamente convencida de la importancia de la formación continua, y en especial creemos que debemos estar muy bien informados sobre las últimas tendencias y novedades tecnológicas, que de alguna manera pueden afectar a nuestro trabajo. Si bien estas innovaciones pueden parecer algo muy lejano, sabemos que la tecnología avanza con pasos de gigante y no podemos quedarnos rezagados.

Este curso nace precisamente de esta inquietud y de la necesidad de estar preparados para lo que nos depare el futuro. Como asociación profesional, AICE quiere que sus miembros estemos formados e informados para poder seguir ofreciendo la calidad y profesionalidad que nos caracterizan. Este curso será eminentemente informativo, aunque también habrá la posibilidad de compartir y debatir los conocimientos adquiridos y otros temas de actualidad con los compañeros de profesión y de hacer algunas pruebas con el material que nos proporcione del profesor.

 

  • En Bruselas recientemente se han organizado talleres para aprovechar mejor las tabletas en cabina y en consecutiva, sin embargo, de acuerdo con algunos estudios realizados por estudiantes e intérpretes, no todos los intérpretes se animan a dar el paso. ¿Qué ventajas y desventajas tienen las nuevas herramientas a la hora de interpretar? 
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Mini portátil o tableta en cabina para tener a mano glosario, presentaciones, acceso a internet

Yo creo que las ventajas y desventajas son las mismas que en la vida cotidiana: si manejas bien la tecnología, esta te facilita la vida; sino la manejas bien, puede entorpecer tu trabajo (igual que en tu vida privada). Creo que ahí está el quid de la cuestión: muchos intérpretes no se atreven a lanzarse a la piscina por puro desconocimiento. Supongo que en su día pasaría lo mismo en el campo de la traducción. Sin embargo, en la actualidad, creo que la gran mayoría de los traductores (exceptuando, tal vez, a los literarios) utilizan herramientas de traducción asistida, con sus memorias de traducción, sus herramientas para la creación de glosarios, etc. Los intérpretes simplemente tienen que dar ese salto y por ello decidimos proponer un curso enfocado a la aplicación de estas nuevas tecnologías a nuestro trabajo. Por citar algunos ejemplos, se hablará, entre otros, de Skype Translator, Pilot Speech Translator, gestores de glosarios, asistentes de toma de notas, bolígrafos inteligentes, etc….

 

  • El curso no solo va a hablar de lo bueno de la tecnología, también mencionará los riesgos que conlleva. En el blog he hablado sobre el peligro de la “uberización” de los servicios, de la posibilidad de que el cliente pida una disponibilidad en cualquier momento y de inmediato, sin prestar atención a lo que una buena interpretación necesita. ¿cómo podemos prepararnos para las posibles demandas de los clientes en un mundo que no duerme ni cesa? ¿Es posible (o recomendable) agilizar el proceso de preparación de un trabajo y mejorar la calidad de la interpretación si aprovechamos la tecnología? Quizás, igual que los movimientos de rechazo a la cultura low-cost y fast-fashion, podemos aprovechar las redes para que los clientes de interpretación sean más conscientes del valor del trabajo bien hecho o ¿acaso avanzamos hacia una era de “fast-interpreting”?

 

Me gusta mucho tu manera de explicarlo, creo que has hecho un análisis muy correcto. Muchos intérpretes temen precisamente eso: si me apunto a un curso de tecnología aplicada a la interpretación, acabaré entrando en el peligroso y oscuro mundo del “fast-interpreting”. ¡Nada más lejos de nuestra intención! A mí me gusta decir que hay que conocer al enemigo para poder derribarlo . En el curso veremos hasta qué punto estamos hablando de un “enemigo” o, más bien, de un potencial “aliado”. Aprender e informarnos sobre las nuevas tecnologías nos servirá para responder mejor a las peticiones absurdas de algunos clientes, quienes, por desconocimiento o por atrevimiento, a veces nos proponen trabajar en condiciones inaceptables (y por tarifas irrisorias, no lo olvidemos). Ahí es donde el intérprete profesional (y bien formado e informado), tiene que saber asesorar y aconsejar al cliente sobre cuál es la mejor solución para una interpretación, dependiendo del tipo de evento.

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“Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos”

 

  • Por desgracia, no puedo asistir al curso por motivos de trabajo pero, ¿se va a repetir el curso? ¿Se va a grabar para aquellos que quieren ir pero no pueden? Creo que es un acierto y que no hay suficientes talleres y cursos especializados para intérpretes ya en activo, por lo que este tipo de iniciativas nos benefician. ¿Cuán importante consideras que es la formación continuada para los intérpretes? Muchos pueden pensar que con tener el título y el máster ya basta pero, ¿qué se puede aprender al acudir a este tipo de cursos de un día? ¿Por qué se opta por la formación presencial?

 

La grabación no está prevista en esta ocasión. Sin embargo, el curso se repetirá en la medida en que veamos que hay un interés por parte de nuestros miembros (más de un intérprete de AICE nos ha dicho que en esta ocasión no podrá asistir pero que estaría interesado en una segunda convocatoria del curso).

Y para contestar a tu última pregunta, como te decía antes, para AICE y su actual Junta la formación a lo largo de la vida esvital para los intérpretes. Tanto es así que este no es el primer curso que organizamos (hemos organizado, por ejemplo, un curso sobre cuidados de la voz y otro sobre gestión de la identidad digital) y pensamos seguir ofreciendo actividades formativas porque , efectivamente, escasean iniciativas de este tipo para intérpretes en activo. El hecho de que los cursos sean presenciales favorece además la posibilidad de compartir conocimientos y experiencias con compañeros de profesión.

 

  • Nos podrías adelantar de qué van a ir los próximos cursos. Dejo el espacio de comentarios abierto para que los lectores aporten sugerencias, ¿qué nos gustaría ver en un curso en un futuro no muy lejano? Personalmente me encantaría ver más talleres sobre nuevas tecnologías. 

 

La verdad es que AICE tiene varias ideas para futuros cursos, entre los que se incluyen cursos especializados en terminología médica, financiera y jurídica, cursos de actualización en las técnicas de interpretación, sobre todo la toma de notas para la consecutiva, o un curso sobre el uso y aprovechamiento profesional de las redes sociales, etc.

Sobre Marcella Bracco:
Intérprete de conferencias y traductora de italiano, español, inglés, francés y catalán. Trabaja como autónoma en España desde 2001, compaginando su profesión de intérprete y traductora con la enseñanza del italiano. Su trabajo de intérprete la lleva a todos los rincones de Europa, donde suele saborear las maravillas de ciudades como París, Praga o Bruselas desde las ventanillas de un taxi. Marcella es miembro de Asetrad y de AICE, aunque en su otra vida maña estuvo también militando en ASATI. Actualmente vive en Tarragona, donde disfruta como una enana del Mare Nostrum.

 

La pausa y la inmediatez

Esta entrada bien podría titularse “el fotógrafo, la fotógrafa-poetisa, el traductor-poeta y su intérprete”, pero tuitea tú semejante culebra.

Ayer me tocó el enorme placer de trabajar como intérprete de una pareja de grandes fotógrafos que presentaban su nuevo libro y exposición en Madrid. Si os gusta la fotografía en color seguro que os suena el nombre de Alex Webb, miembro de Magnum. Su mujer, Rebecca Norris Webb, también es fotógrafa pero antes de dedicarse a experimentar con el mundo cámara en mano, inició su camino profesional como poeta y sigue comunicándose a ritmo de versos. Son dos artistas profesionales, carismáticos, cercanos, amables, dispuestos a trabajar con su intérprete para que la velada sea un éxito, pues si la comunicación no funciona, el libro no se vende.

 

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Los dos en plena presentación en una sala llena.

En las entrevistas individuales ya habían comentado que estaban encantados con la traducción del libro, conocen al traductor y han mantenido una comunicación fluida con él para que los textos que se entrelazan con las fotografías en el libro transmitan lo mismo en los dos idiomas. Una conversación que cruzó un océano, pero que, sobre todo, ha permitido plasmar la poesía de Rebecca en español con gran acierto.

Tal es la buena relación con el traductor, que se unió a la presentación y participó activamente en la misma. Alex Webb y su mujer Rebecca Norris Webb nos explicaron el origen de este proyecto colaborativo titulado Rimas de reojo en español y Slanted Rhymes en inglés.

Brooklyn. Slant Rhymes covers

¿Qué es lo que significa este título? Tal y como explica el libro, lo que se plantea en sus páginas (y en las paredes de la sala de exposiciones de La Fábrica en Madrid) es una conversación entre fotografías (una de cada fotógrafo) o entre imagen y texto, o entre texto y texto. Son conversaciones que riman pero no con una rima pura y clásica, se trata de ese tipo de rima que no es obvia, que no se deja ver a primera vista, es la que se percibe al leer palabras en voz alta y ver que, aunque no lo parezca, sí que riman y se comunican. Como es el caso en inglés de “blue” y “moon”.

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Dos imágenes de Cuba, distintos temas, misma paleta de colores.

Aquí, cuando Rebecca explicó este concepto en inglés, el traductor, Ignacio Fernández Rocafort, me miró y antes de que yo empezase a interpretar me lanzó el guante del reto: ¿Qué vas a hacer con eso?

Como todo, lo bueno de la preparación previa es que ya había leído un poco sobre el motivo por el que habían elegido el título en su cuenta de Instagram (sí, uno también puede usar las redes sociales para documentarse, incluso Snapchat en ocasiones es útil). Además, aprendes a identificar las palabras clave que pueden dar problemas, esas que van a salir sí o sí y buscas soluciones antes de salir de casa. Para tener material lo ideal es tener a mano las definiciones de los términos en los dos idiomas.

Definition of slant

  1. intransitive verb
  2. 1:  to take a diagonal course, direction, or path

  3. 2:  to turn or incline from a right line or a level :

reojo

mirar de reojo

1. loc. verb. Mirar disimuladamente dirigiendo la vista por encima del hombro, ohacia un lado y sin volver la cabeza.

2. loc. verb. Mirar con prevención hostil o enfado.

sesgado, da

De sesgar.

1. adj. oblicuo (‖ que se desvía de la horizontal o vertical).

2. adj. Desviado, tendencioso.

3. adj. quieto (‖ pacífico, sosegado).

Pero hablamos de poesía, las definiciones frías de diccionarios no bastan, por eso leer las palabras de Rebecca previamente me dio un poco más de munición para no pillarme y poder jugar.

Tras la presentación de cada elemento que daba vida a la conversación entre las imágenes que adornaban las paredes le tocaba el turno a las rimas de las palabras y para eso nada mejor que dejar a Rebecca leer extractos del libro en inglés, tras lo que Ignacio leía su traducción. Dos autores en un diálogo en dos lenguas que dejaba claro que la poesía sí se puede traducir.

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Alex, Rebecca y su libro. De gris y micrófono en mano el traductor

La exposición estará abierta al público en la librería de La Fábrica hasta el 22 de mayo (C/ Alameda 9) en Madrid, aunque solo se pueden ver 21 de las 82 fotografías que hay en el libro.

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Diálogos basados en relaciones formales, paletas cromáticas similares, etc.

Al inicio de la exposición nos encontramos con uno de los textos de Rebecca que habla de su relación indirectamente, inspirado por un paseo de noche que dieron al volver del cine a su casa en Brooklyn. Encima de sus palabras una imagen de Alex rompe con el tono árido de su proyecto sobre la frontera entre México y Estados Unidos dejándonos ver un atisbo de romanticismo. Es una fotografía que tomó cuando acababa de empezar a salir con la que hoy es su mujer. Lo que vivimos nos influye y se transmite en nuestro trabajo.

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Saturno, te vemos

La consecutiva en las exposiciones de arte es siempre un ejercicio de concentración, hay mucha gente a tu alrededor, algunos hablando en voz baja, otros con móviles pero sin saber cómo silenciar los mensajes de Whatsapp, los hay con cámaras que hacen más o menos ruido, con bolsas de todos los tamaños existentes, bebés muy críticos con la exposición, etc. Siempre hay un factor sorpresa, en este caso hubo varios: eramos tantos que parecía una sauna y como había nevado esa tarde llevaba más ropa de la necesaria (capas, el gran aliado del intérprete). También hay cosas que ya te esperas, como que el artista se mueva por la sala para explicar mejor su obra. En ocasiones se queda sentado y te facilita la vida pero, como no suele pasar, un cuaderno con tapas duras, un bolso que no abulte y agilidad y mucha diplomacia para dejar claro desde el inicio que para que puedas tomar notas se tienen que quedar quietos de vez en cuando.

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Maravilloso primer plano de mi nuca mientras tomo notas.

Al terminar la presentación, el traductor me aseguró que había resuelto bien las rimas de reojo y hablamos sobre lo diferentes y hermanadas que estaban nuestras funciones a la hora de acercar una obra compuesta y explicada originalmente en inglés al público español. Me encantó lo que me dijo: Tú eres la inmediatez de lo oral, sin tiempo que perder, yo funciono con la pausa, dejando reposar las palabras escritas para poder volver a ellas y ver si al leerlas, el lenguaje funciona, el texto fluye.

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Me encanta cuando los libros que he ayudado a presentar se conocen. Max Pam te presento al matrimonio Webb. (El cuaderno de notas es de servidora).

¿Corremos el riesgo de ser uberizados?

Uberización: 

  • Por representar un símbolo de un nuevo modelo económico, el nombre de la firma Uber se prestó para crear esta expresión. Esta expresión se usa para definir los nuevos modelos de negocios en los cuales particulares pueden efectuar transacciones económicas vía plataformas accesibles desde aplicaciones que se encuentran en sus celulares inteligentes o en sus computadores. Además de Uber, los últimos años han experimentado una explosión de oferta de plataformas que van desde el alojamiento con AirBnB hasta plataformas de intermediación financiera, otras dedicadas a los servicios domésticos, a los servicios jurídicos, etc. [¿Qué significa la “uberización” de la economía? – Foco Económico]

 

Hemos leído noticias sobre Uber y la uberización de ciertos servicios, aunque cada vez se habla más de la posibilidad de contratar servicios a través de aplicaciones, de sitios web, en los que nada más entrar planteas lo que necesitas, te aparece un presupuesto en cuestión de segundos y se te asigna un “profesional” anónimo que prestará dicho servicio en el momento que se necesite y sin dar una sola pega, siendo al mismo tiempo amable y agradable. Hasta ahí todo es de color de rosa pero, ¿es oro todo lo que reluce en la “uberización” de servicios? ¿Se van a uberizar los servicios de traducción e interpretación?

De forma imparable, aunque las actividades económicas tradicionales se resistan, se está produciendo una drástica transformación en la mayoría de los sectores que acabará con lo que hoy conocemos. La banca, las eléctricas y otras industrias están llamadas a transformarse con rapidez o a desaparecer. No importa lo grandes y potentes que sean, o se transforman, o antes de que se den cuenta estarán en la puerta de salida. – Eduardo Olier en El Economista.es

Esta fue una de las preguntas que nos planteó ayer en Madrid Henry Liu, el presidente de la FIT, la Federación Internacional de Traductores, en el encuentro de asociaciones de la Red Vértice organizado por Asetrad en su flamante nueva sede.

No es la primera vez que se escuchan los gritos de pavor de la multitud del sector:

  • Las máquinas van a quitarnos el trabajo.
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Me encanta el olor a traductor chamuscado antes del amanecer
  • La uberización va a hacer que se desplomen las tarifas.
  • El intrusismo, el intrusismo (perdón, es marzo y este grito suele sonar más fuerte en temporada baja).
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Corred insensatos

Volviendo al tema que nos atañe hoy, ¿son las máquinas el final de la profesión? ¿Son el malo de la película ellas solitas? ¿Tienen secuaces? Quizás nos estamos equivocando y en realidad son el Clark Kent que aún no sabemos que puede salvarnos.

Lo que sí tenemos que aceptar es que están aquí, la tecnología ya no es algo nuevo y el hecho de que los consumidores quieren una homogeneidad en el modo en el que contratan servicios también. Se ha hablado mucho del efecto Ryanair y los productos “low-cost” y a eso ahora tenemos que añadir la urgencia de una sociedad que exige servicios las 24 horas, los siete días de la semana y los 365 días del año.

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La idea es buena y la tecnología lo permite, pero ¿qué significa para nosotros?

En lugar de decir sencillamente que NO, no quiero saber nada de eso o SÍ, es el futuro, aprovechemos las oportunidades que ofrece, tendríamos que plantearnos algunas preguntas.

¿Qué supone uberizar el servicio de traducción e interpretación? En traducción ya llevamos tiempo viendo agencias que lanzan aplicaciones que ofrecen básicamente ese servicio a los interesados. ¿Qué quiere traducir? ¿Para cuándo lo quiere? Esto es lo que cuesta. Para poder ofrecer esto tienen que contar con una base de datos de traductores que permita sacar el trabajo independientemente de la hora y además necesitas unos precios muy competitivos. La gente que opta por contratar traducciones de este modo quiere rapidez y que salga lo más barato posible. ¿Dónde queda aquí la calidad? ¿Es siquiera parte de la ecuación?

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Nadie contrata un traductor para conocer gente guay, pero si puede optar por un servicio uberizado de traducción para ahorrar tiempo y dinero.

Si somos sinceros, todos hemos tenido clientes que necesitan la traducción para ayer y que te saltan sin el más mínimo atisbo de vergüenza que tampoco la quieren perfecta, “con entender un poco lo que dice me vale”. Ahí te plantean un conflicto profesional serio. ¿Sabemos hacer las traducciones personalizando el nivel de calidad en: mal pero no se nota mucho / medio bien / pasable / excelente / si Hemingway levantara la cabeza me invitaría a una copa? ¿Nos interesa incluir la moda de la personalización o “customizar” nuestro trabajo hasta ese punto? ¿Es rentable hacerlo? 

Muchas preguntas, pero es necesario planteárselas en un mercado en el que tienes dos opciones: trabajar a destajo con tarifas bajas o ofrecer un nivel de calidad acorde a las tarifas que planteas. Si vamos más allá, la siguiente pregunta es: ¿Qué es lo que entendemos por calidad? ¿Es lo mismo que lo que entienden los clientes que nos contratan?

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Una cosa está clara, si prometes un servicio de calidad, lo tienes que dar.

La calidad no puede ser una promesa vacía que usemos para defender nuestras tarifas y que luego se quede en nada.  Si quiero cobrar tarifas altas tengo que diferenciarme del resto siendo bueno en lo que hago, esforzándome más en la preparación de los proyectos, formándome cada poco para mantenerme actualizado y seguir ofreciendo valor añadido a los clientes. Tampoco nos vendría mal escuchar más a los clientes, descubrir qué necesitan y de qué se quejan de servicios previos que han tenido.

Esa teoría es buena y ciertamente funciona pero, ¿qué hacer cuándo el cliente prefiere algo barato incluso si no es tan bueno?

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Existen distintos tipos de clientes igual que hay distintos tipos de servicios de traducción

El cliente debería conocer más el servicio, para saber así qué tipo de traductor o intérprete está contratando y qué calidad es la que puede esperar. No es lo mismo un traductor literario que traduce todas las novelas de un autor, un traductor autónomo que quiere ganarse a ese cliente, uno que trabaja para la agencia X y no tiene clientes asignados fijos, un traductor en plantilla que trabaja solo para una empresa, una agencia que mima a sus traductores por ser valiosos activos o un aplicación de móvil que te promete la traducción de 10.000 palabras en dos días.

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¿Quién traduce o interpreta tus contenidos?

La autoría, el que se sepa quién hace qué, es uno de los temas más complicados de nuestro sector. Quizás en la traducción editorial o literaria las cosas sean algo más fáciles (tampoco tanto, consultad la campaña Acredítame – Cita al traductor para ver de qué hablo). Pero en otros campos, por ejemplo el de la interpretación, la cosa es mucho más compleja. Durante años nos hemos enorgullecido de ser invisibles, si no se nota la presencia del intérprete es que estamos haciendo bien nuestro trabajo de facilitar la comunicación (cierto), pero esta invisibilidad nos perjudica a la hora de poder vender nuestros servicios. La clave es encontrar un modo de mantener la confidencialidad que piden muchos clientes y nuestra capacidad para vender nuestra experiencia profesional. Parece fácil y a veces no lo es tanto. Henry Liu comentó aquí el caso de una delegación china que visitó Nueva Zelanda (su país de origen) con unas 800 personas en total, de las que 9 eran intérpretes. Tenían un intérprete para las ruedas de prensa, otro para la negociaciones, etc. Nuevamente, la idea no es mala, si te juegas millones y necesitas que tu mensaje llegue tal y como tú quieres, ¿por qué no invertir en conocer los activos que te pueden dar los mejores resultados dependiendo de la situación? No hay un intérprete que sea bueno en todo, pero todos sabemos en qué somos mejores y dónde realmente destacamos. ¿Por qué no aprovechar eso? Aquí, Natalia González de AICE, Asociación de Intérpretes de Conferencia de España, apuntó con acierto que uno de nuestro principales fallos a la hora de ofrecer nuestros servicios es saber vendernos. No hablamos aquí de los colores que tenemos que elegir como fondo de la web, ni del grosor de las tarjetas de visita, sino de nuestra capacidad para expresar de forma clara, profesional y atractiva en qué somos realmente buenos, en qué somos mejores que otros que ofrecen el mismo precio o tarifas más bajas.

Las máquinas nos dan mucho miedo, no es nada nuevo: Google Translate nos va a quitar el trabajo, los nuevos auriculares que interpretan mientras caminan nos van a quitar el trabajo y encima son bonitos. Todos tenemos un familiar angustiado que nos manda artículos al WhatsApp con estos inventos que nos dejarán viviendo bajo un puente.

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Bonitos son

Llevamos años escuchando esto, quizás sea hora de ver lo que ha pasado en ese período.

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En 2014 ya hablaban de este tema en el congreso de la FIT

La traducción automática o MT es una realidad, hay una inundación de datos que requieren traducción, hay comunicados internos, manuales de instrucciones, etc. Henry Liu lo ha comentado: no existe una crisis de material a traducir e interpretar. Ese no es el problema, hoy por hoy se traduce más que nunca antes.

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No se trata de una crisis de palabras, en la actualidad ni siquiera hay una escasez de profesionales preparados (hay quien dice que incluso somos demasiados) pero sí que existe una crisis de percepción del valor de nuestro trabajo que da como una resultado una crisis de tarifas. Si no percibo que contar con un profesional preparado y serio tiene un valor añadido, voy a estar encantado de contratar a alguien por cuatro duros. Lógicamente, las futuras generaciones verán que esta no es una profesión suficientemente rentable y estudiarán otra cosa y en un futuro sí que tendremos una crisis de escasez de traductores e intérpretes que no beneficia al sector.

Ahorrar costes solo pone en peligro la sostenibilidad del sector.

Ahora bien, ese es nuestro trabajo, dejar claro qué hacemos y, para ser expertos en comunicación, se nos da fatal comunicarnos con el mundo exterior, ese que puede convertirse en un cliente potencial. Invertimos mucho en herramientas de software, actualizamos los programas de traducción asistida, intentamos ser cada vez más eficientes, llenamos las cabinas de tabletas, diccionarios electrónicos, cascos con mejor sonido, etc. Todo eso es aprovechar la tecnología para mejorar el servicio y es bueno. Pero en traducción estamos viendo que a veces eso juega en nuestra contra a pesar del tiempo y dinero invertido.

Henry Liu puso un par de ejemplos excelentes para ver lo absurdo que llega a ser:

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Si en las pruebas no me detecta nada nuevo no pago, hay una concordancia del 100% con la radiografía anterior
  • El ejemplo del médico está muy trillado pero vamos a verlo desde el punto de vista de la interpretación. Si eres el intérprete de la rueda de prensa del inicio de las reuniones del G7 o G8  en los últimos años te han tocado los mismo temas: la guerra de Siria, la crisis económica, Grecia, Brexit, el populismo, el calentamiento global. Muy bien, pues cada vez que salga un tema que ya se haya interpretado el intérprete cobra un 10% menos de la tarifa o no lo interpreta. Si nos parece ridículo en un servicio, ¿por qué dejamos que nos impongan ciertas cosas en otro? A ver que la interpretación no se libra de las peticiones desquiciadas. No creo que sea la primera a la que el cliente le quiere descontar (sin éxito) de la tarifa total los 15 minutos de la pausa del café o los 45 minutos de la pausa comida.
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No soy una máquina, no me desenchufo en la pausa café (que además rara vez dura 15 minutos). Ni soy un parking y no cobro por minutos

Nos reímos mucho de las “supuestas” traducciones hechas con programas gratuitos o baratos y las subimos a todas las redes sociales como modo de defensa contra el ataque de las máquinas, pero, ¿estamos seguros de quién ha sido el que ha traducido eso? A ver, en este caso, ¿quién ha sido?

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Se trata de una traducción literal del chino: resbale y caiga con cuidado
  • A) Esto ha sido G* Translate
  • B) Ese primo del director que pasó un verano estudiando chino y que hace traducciones de vez en cuando para sacarse unos eurillos
  •  C) Un traductor con inglés como lengua D o incluso F que había recibido pocas ofertas ese mes y total, es un montón de señales de advertencia, no puede ser tan difícil.
  • D) ¿Vamos a pagar a un traductor para esto? Trae para acá, que esto lo saco yo en un rato libre que hablo un inglés de Oxford nivel bilingüe.
  • E) Un traductor con buen dominio de chino e inglés con dos copas de más o un gripazo brutal de esos que no te dejan ver bien ni la pantalla.

¿Podéis acusar sin dudar a la máquina?

Lo que queda claro es que la tecnología ha llegado para quedarse, tenemos que aprender a aprovecharla, que el mercado demanda cosas de forma diferente, que tenemos que ser flexibles pero no por ello renunciar a una tarifas que nos permitan vivir de nuestro trabajo y sobre todo, no renunciar a tener vida. Las máquinas pueden trabajar las 24 horas, yo no y tampoco quiero hacerlo. Por lo que si quiero que me contraten, tendré que especializarme, venderme bien y ofrecerle al cliente lo que le prometo. ¿Corro el riesgo de ser uberizada?

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Muchas gracias a Asetrad por permitirme acudir, ha sido un placer escuchar a Henry Liu que habla de la realidad del sector sin dramatismo, con los pies en la tierra y con conocimiento de causa, dado que recorre el mundo visitando las asociaciones locales para ver qué podemos aprender unos de otros.

 

La cabina muda y el intérprete fantasma

¿Qué es una cabina muda?

Parece imposible que una cabina sea muda, su función es transmitir información en otra lengua para facilitar la comunicación en una sala de conferencias o a través de la televisión o la radio.

La cabina muda es básicamente hacer prácticas de interpretación en una cabina (normalmente a solas), con un discurso real que se desarrolla en la sala, pero sin que te escuche el público asistente. ¿Para qué sirve si no te escucha nadie? Cuando aún no has pisado la cabina profesionalmente, te ayuda a meterme en situación, no es lo mismo el aula de clase que una conferencia. También te permite familiarizarte con muchos de los detalles que solo se aprenden en el trabajo. Si está bien organizada, algún intérprete se ofrecerá a escucharte para poder darte luego feedback (el intérprete que no trabaja en ese momento en la cabina que sí está interpretando para el público) o simplemente te permitirán grabarte para luego repasar lo que has hecho bien y lo que has hecho mal. A veces viene bien incluso si ya llevas tiempo trabajando, porque te permite enfrentarte a temas que te producen cierta inseguridad, hacer más discursos para resolver problemas ya identificados, practicar combinaciones de idiomas que estás añadiendo o que usas poco, etc.

Se llama “muda” no porque no hable el intérprete, más bien porque nadie le escucha (o prácticamente nadie). Por lo que los ejercicios en casa son una especie de cabina muda cutre, en la que practicas en pijama pero te falta ese elemento del feedback (cosa que ahora está cambiando gracias a las iniciativas online sobre las que ya hemos hablado en el blog).

En inglés se llama dummy booth y siempre me acuerdo de los muñequitos a los que someten a accidentes de coches de esos que duele solo verlos.

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Me ha dolido menos que un discurso de economía.

Hoy sin embargo voy a hablar de los intérpretes que pueden parecer mudos y no lo son. Lo sé, lo sé, no parece tener sentido, pero ya habéis visto que existen las cabinas mudas y que son muy útiles. Lo mismo pasa con los intérpretes a los que apenas escucha alguien.

A menudo en el blog he hablado de visibilidad pero, ¿qué es un intérprete fantasma?. En televisión puedes ver al periodista, a los entrevistados, te muestran vídeos, imágenes pero nunca ves al intérprete, solo escuchas una voz que sale de la nada, como el narrador de Gossip Girl o de una de esas películas de calidad sospechosa que ponen en el horario de sobremesa. Vale, no nos hace falta salir en antena (personalmente no es algo que me llame la atención), pero imaginad que si ni siquiera se escucha tu voz. En ese caso, da la impresión de que ni siquiera has estado ahí y, lo cierto, es que has sido una pieza tan necesaria como todas las demás para que esa entrevista salga adelante.

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Oigo voces, ¿serán intérpretes?

¿A qué me refiero con esto? 

En las entrevistas en televisión normalmente (no siempre, por desgracia) hay dos intérpretes: uno interpreta al castellano lo que diga el invitado extranjero y el otro interpreta las preguntas y demás comentarios del castellano a la lengua del entrevistado.

¿Por qué necesitan dos intérpretes?

Muy sencillo, si queremos que todo fluya con la rapidez que exige la televisión, necesitas que un intérprete se centre en las preguntas y otro en las respuestas. Si solo tienes uno, lo más probable es que vaya escaso de tiempo y cuando vas muy acelerado cometes más errores, en ocasiones hasta olvidas cambiar las lenguas y haces magníficas interpretaciones del inglés al inglés, por lo que te la juegas si es una retransmisión en directo. Con dos intérpretes sale todo mucho mejor, hay menos estrés y encima se pueden ayudar el uno al otro. He probado las dos opciones y no hay color, en serio.

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Uno interpreta, el otro aprieta el botón MUTE y así no se cuela nada del otro micro en el directo

Cuando vemos la tele y escuchamos al intérprete no nos acordamos que hay otro compañero “en la sombra” que permite que el entrevistado entienda la pregunta. Esta labor que pasa tan desapercibida es clave para el ritmo del programa. No puedes eternizarte al interpretar preguntas, debes ser conciso, no añadir nada, no adornar en exceso pero, sobre todo, no cambiar en lo más mínimo el sentido de la pregunta o los posibles chistes. La respuesta debe encajar con la pregunta, de lo contrario dejas de ser un fantasma.

Si alargas mucho la interpretación de la pregunta el presentador se quedará esperando y el entrevistado pondrá cara de impaciencia, mientras en casa la gente se preguntará qué narices ha pasado. Eso por no hablar de los momentos en los que el entrevistador y el invitado deciden marcarse una charla entre amigos y hablan casi a la vez. Ese tipo de coloquios o charletas improvisadas le dan más dinamismo a las entrevistas y si surgen suelen demostrar que la interpretación va viento en popa, tanto que el extranjero sigue lo que se dice en plató como si pudiera hablar la lengua local. Ahí debes estar muy atento, algunos invitados te están escuchando y sienten la necesidad de interrumpir la pregunta, tu compañero debe entrar y tú debes dejar de hablar y empezar a presionar el botón MUTE de la consola para que tu micro no interfiera en el directo.

Puede parecer que si te llaman para ser el intérprete de las preguntas tu cometido va a ser más fácil y no es así necesariamente. Es verdad que será menos vistoso, ni siquiera tu abuela sabrá que has interpretado en ese programa, pero si no lo haces bien se va a notar, sin ti no funciona la entrevista. En ocasiones el intérprete que no se escucha en directo trabaja hasta más que el que sí se oye.

Visto desde otro punto de vista, si os agobia interpretar para la televisión por eso de que te va a escuchar media España, ofreceros para ser “el otro intérprete” y asunto resuelto.

Aquí os dejo un ejemplo de una entrevista reciente. Dado que el entrevistado era una hombre, la que no se oye es mi voz:

Entrevista a John Helliwell de Supertramp

Da la sensación de que soy la intérprete muda pero nada más lejos de la realidad. Una de las cosas que me gusta hacer cuando me toca ser fantasma es presentarme (I am the voice in your ear) y si es necesario, luego dedico los segundos antes de entrar en antena a explicar al entrevistado cómo va a funcionar todo el proceso, para que sepa que mi trabajo es hacer que no pierda nada de lo que se dice.

La gran belleza del italiano como lengua C

El año pasado, más o menos por estas fechas, os contaba mi experiencia en Roma en la entrada La dolce vita. En enero de 2017 se ha celebrado la XV edición del curso de actualización y mejora de la lengua italiana organizado por el CRIC (Consorzio Romano Interpreti di Conferenza), curso que recomienda AIIC a intérpretes miembros y a profesionales del sector. Quince años, se dice pronto, pero es complicado mantener la sala llena de intérpretes curiosos durante tantos años, seguir preparando un programa interesante, capaz de cubrir diversas temáticas, ofrecer actividades culturales para el tiempo de ocio y hacerlo todo con la atención a los detalles y el cariño que le ponen las tres organizadoras y todo el CRIC. Antes de contaros cómo ha sido el curso este año quiero dar las gracias a Mimma, Cristina, Luisa, Serena y Marina por la excelente organización, por la cantidad de correos para mantenernos informados, interesados y por generar tan buen ambiente (se nota), y por escuchar, meditar y aprovechar en la medida de lo posible las recomendaciones-peticiones de los asistentes año tras año.

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Mimma, Luisa y Cristina nos acompañaban en todas las sesiones

¿Cómo es el curso y cuánto dura?

Se trata de cinco días intensos compuestos por una serie de conferencias, una por la mañana y otra después de comer. Cada conferencia trata sobre un tema diferente, el italiano es la única lengua empleada en la sala. Este año no se realizaba la sesión terminológica al terminar las ponencias porque salíamos huyendo como liebres, Roma es demasiado tentadora y en plena ola de frío polar (norvegese según la RAI) teníamos que aprovechar para patear calle antes de que las temperaturas nocturnas nos regalasen un lifting facial. El martes tuvimos cena de grupo y el jueves nos fuimos todos al teatro.

En 2018 el formato va a cambiar por varios motivos pero antes de ver eso, vamos a repasar lo que ha sido esta edición del curso en 2017.

El programa se ha centrado mucho en política y economía. Por una parte lógico, son dos temas que dominan en gran parte los discursos que interpretamos, además de que explicar la política italiana de los últimos 10 años no se hace en cinco minutos, mucho menos si toca cubrir lo sucedido en los últimos meses. La primera ponencia Dimmi che ne Renzi, impartida por Massimo Franco, me resultó de lo más interesante, sobre todo porque la visión del gobierno Renzi que dan los medios españoles no es 100% igual que la que te exponen los italianos que lo han vivido y eso ayuda a entender cosas que sin contexto no dejan de ser nada más que palabras en una lista dentro de un glosario, vamos, términos sin alma.

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¿Por qué llaman a Renzi “vendedor de ollas”? ¿Qué es el M5S? ¿A qué se refieren con “la transizione” si no han pasado de una dictadura a una democracia recientemente? ¿Qué es eso del gobierno fotocopia de Gentilone? Preguntas que puedes resolver con una consulta rápida a Wikipedia o un par de periódicos en internet, pero que no terminas de entender del todo hasta que no te metes en harina. Porque, en mi humilde opinión, esa es la verdadera magia de este curso, aprender terminología dentro del contexto, para poder comprender realmente de qué están hablando.

Las lenguas están vivas, los intérpretes deberíamos dedicarnos a no perderles la pista demasiado y, ya de paso, disfrutarlas.

¿No hubo sesión sobre arte este año? 

Me encanta que me hagas esa pregunta… Aviso, esta es la parte de arte (es larga). Penelope Filacchione volvió a dejarnos sin palabras mientras nos contaba la historia de las mujeres pintoras entre los siglo XVI y XVIII.

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Penelope al inicio de su conferencia

Si el tema os interesa y estáis en Madrid, tenéis la exposición de Clara Peeters en el Museo del Prado hasta el día 19 de febrero de 2017. Penelope nos habló de Clara y de Sofonisba Anguissola.

Muchos pintores tenían hijas que seguían sus pasos pero al ser mujeres no podían firmar contratos, aceptar encargos o vender sus obras sin que un hombre de la familia (marido, padre o hermano) negociase por ellas y firmase en muchos casos con su nombre. Imaginad si nos tocase lo mismo a nosotras.

-Papá, mira que te he dicho que esa tarifa de media jornada es muy baja.

-Ya, pero el cliente me pide que descuente la hora de la comida…dice que ha encontrado a otro que sí lo hace.

-¿Qué será lo siguiente? ¿Van a cronometrar las veces que vaya al aseo? Papá, tienes que negociar mejor las condiciones, me haces un flaco favor.

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A otras incluso las disfrazaban para que pudieran ir a aprender con el padre.

Sofonisba tuvo mucha suerte con el padre (quizás no tanto con el nombre) que la animó y favoreció su formación hasta tal punto que se la considera la primera mujer pintora con éxito del Renacimiento. Conoció a Miguel Ángel y su talento era reconocido por artistas e historiadores del arte. A pesar de eso, como le pasaba a otras mujeres con aspiraciones similares, no podía estudiar la anatomía humana con modelos puesto que eso sería indecente y seguramente “excesivo para su delicada condición de mujer”. Quizás por ese motivo las pintoras practicaban tanto con autorretratos, porque tenían muy limitadas las opciones. Sofonisba aprovechaba también que tenía varias hermanas. Uno de los elementos que se repite con frecuencia en las descripciones de estas pintoras es el uso de la palabra “virgen” o “virginal” para indicar que a pesar de tener un oficio (algo propio de varones) no eran ni mucho menos mujeres de mala reputación. Eran pintoras, sí, pero no unas casquivanas. Sofonisba lo incluía en su firma para no dejar lugar a dudas. Ya había sucedido algún escándalo cuando una pintora describía con demasiada pericia la anatomía humana. ¿Dónde había aprendido esta muchacha que eso tiene esa pinta? ¿Cómo sabe que eso va ahí? Esta sabe mucho, ays, guarrilla…

 

A los 27 años, que para la época era una edad ya avanzada para una mujer soltera, se va a vivir a la corte del rey español Felipe II, donde se convierte en pintora de corte y dama de compañía de la reina Isabel de Valois y algunos de sus mejores retratos son los que realiza de las infantas a las que estaba muy unida. Suyo es el famoso retrato del rey que se asignaba antes a Sánchez Coello.

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Se debate si La dama del armiño fue obra suya o de El Greco, como se ha creído hasta ahora (está en Glasgow)

Se mantuvo soltera tantos años que finalmente el rey español organizó su matrimonio a la muerte de la reina, que ya le tocaba y la historia de la pintora se desplazó a Palermo. No lloréis por Sofonisba, el primer marido le duró poco y encontró a otro más joven al año siguiente con el que se fue a Genova. Virginal podía haber sido, tonta desde luego que no. Van Dyck fue a conocerla y se conservan los bosquejos que hizo en ese encuentro. Hay obras suyas en el Museo del Prado, por si os he picado la curiosidad.

La segunda gran pintora de la que nos habló, Artemisia Gentileschi, fue muy valiente y diferente en estilo artístico y forma de entender la vida. Hija de pintor, formada por su padre y de la escuela caravaggista, aunque adaptaba su estilo a lo que estuviera de moda en las ciudades donde residía porque era una autónoma lista y sabía que el talento es necesario pero también hay que adaptarse ligeramente para atraer clientes. Las facturas no se pagan solas.

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La exposición en el Museo di Roma

Igual que el año pasado el curso incluyó una visita guiada con Penelope por la Capilla Sixtina, este año nos explicó cada sala de la exposición sobre Artemisia que hay ahora en el Museo di Roma (en el magnífico Palazzo Braschi). Una delicia poder colocarte los auriculares y escuchar a una experta que hace tan amena la historia.

Artemisia fue una mujer de armas tomar, con tantas luces como sombras, de hecho con una vida tan caravaggista que no es de extrañar que esa fuera su escuela pictórica. De joven pintaba en el estudio con su padre, hasta que tiene lugar un suceso terrible. Curiosamente,  a veces los historiadores de arte se centran en exceso en ese momento y analizan su carrera sin perderlo de vista, convirtiéndola en víctima una y otra vez cada vez que hablan de ella. Un amigo de su padre la viola y para librarse del juicio acepta casarse con ella. El matrimonio finalmente no se celebra y el padre se la lleva de Roma para protegerla y permitir que siga trabajando. Este punto oscuro de su biografía es lo que muchos ven reflejado en uno de sus cuadros más famosos: Susana y los viejos.

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Quita, pesado

Sin embargo, uno de los aciertos de esta muestra es incluir en las salas obras de Artemisia y de otros pintores de la época para que veamos que en realidad ella lo que hace es pintar los temas que estaban de moda. Es como ver las revistas hoy o cualquier blog de tendencias. Si este año se lleva una chaqueta amarilla, vas a ver mil y un versiones en todas las tiendas, blogs, revistas, etc. Pues igual, los temas se repiten en las distintas salas, porque era lo que el público (y el cliente con dinero) quería ver en las diversas ciudades donde vivió y trabajó, con sus variaciones, con sus copias descaradas, con sus innovaciones aquí y allá. Perdí la cuenta de las veces que aparece una Judit decapitando a Holofernes, una Susana con cara de horror porque dos viejos cotillas y libidinosos se le han colado en el jardín mientras la muchacha se daba un baño en pelotas, o Cleopatra con la viborilla enroscada en esa parte de la anatomía humana que tanta vergüenza le da a Facebook, etc.

Esta joven que se negó a vivir traumatizada, se casó, tuvo un amante, le pedía todo tipo de favores al amante, hasta el punto que incluso el marido escribía directamente a ese pobre amante (santo varón). Luego el marido se fue a por tabaco y está visto que en esa época encontrar un estanco estaba complicado. Cosa que tampoco la agobió mucho al principio, pero luego escribía cartas para ver si alguien sabía qué había sido de él. Tuvo hijos, la mayoría se le murieron, con la que sobrevivió a ratos no sabía qué hacer, porque su vida era pintar, lo de ser esposa y madre era secundario, aunque más secundario era pagar deudas o empezar los proyectos a tiempo para que no la pillasen las fechas de entrega. Era autónoma, no cabe duda. Vivió en Roma, en la Florencia de Cosme II de Medici (y acabó enemistada con esa familia), en Venecia, Londres (en la corte de Carlos I) y en Nápoles. Su tumba estaba en esta última ciudad (HEIC ARTEMISA) pero fue destruida junto con el resto de la iglesia tras la segunda Guerra Mundial y su historia quedó en el olvido. Una de sus vírgenes con el niño y rosario está en El Escorial.

Si visitáis Roma no os perdáis la exposición, esta no era una delicada florecilla, algunos historiadores en su día se horrorizaron por la cantidad de sangre y brutalidad de los cuadros de esta mujer, no porque sean dignos de una película de Tarantino, más bien por el mero hecho de que los pintaba una fémina.

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Intérpretes aprovechando una pausa para mirar la plaza Navona desde una de las ventanas de la exposición

Disculpad, sé que mis entradas son más largas que un día sin pan, así que el resto de esta reseña se publicará en breve.