WISE Bruselas 2017 – #wiserandstrangerterps

Hace unas semanas os contaba la experiencia en la semana de prácticas de interpretación italiano><inglés en Leeds pero ya es hora de volver a Bruselas y hablar de la última temporada de Juego de cabinas o …

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El mundo del revés es lo que nos espera fuera de la cabina

Este año se ha celebrado la quinta edición de WISE, los talleres de práctica intensiva organizados en Valencia y Bruselas por José Sentamans y Joe Burbidge. Como ya es tradición, Valencia ha sido sede de dos talleres (uno en junio y otro en julio) y el de Bruselas se ha desarrollado a mediados de agosto.

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Joe y José dando la bienvenida al valiente grupo de intérpretes en Bruselas

Ya he explicado tantas veces qué es WISE que quizás sea mejor dejar aquí los enlaces a las entradas anteriores para los que aún no saben de qué va esto de las prácticas intensivas de verano y así podemos centrarnos en las novedades de 2017 y lo que podemos encontrarnos en las cabinas wiseras en 2018:

En 2013 publiqué una entrada sobre el curso de verano para intérpretes de la universidad Heriot Watt bajo el título de Crónicas escocesas: juego de cabinas.

En 2014 fue el estreno de la segunda temporada de juego de cabinas, en la que hablé sobre el taller intensivo de práctica para intérpretes de WISE Valencia.

En 2015 cambiamos de serie (como fuente de inspiración) y le tocó el turno a WISE is the new black (WITNB)  o WISE Bruselas.

En 2016 la serie volvió a cambiar y pasamos a Wiser Terps.

 

WISE cumple 5 años y no baja el ritmo, aunque en Bruselas técnicamente cumple 4 años, dado que el primer año los talleres se realizaron en Valencia y Londres. Ahora bien, en Bruselas teníamos de todo: 4 salas (2 de simultánea y 2 para consecutiva), más de 14 cabinas y seis idiomas en danza (español, inglés, francés, alemán, italiano y neerlandés).

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la KU Leuven volvió a ser nuestro hogar durante 5 días de mucho trabajo

La mecánica de WISE es colaborativa y sencilla. La clave está en entender que vas a trabajar, a compartir tu tiempo y experiencia y, sobre todo, a aprender de otros compañeros. Te va a tocar interpretar en simultánea y consecutiva, escuchar a otros intérpretes y proporcionar un feedback adecuado, ser ponente y durante una tarde participarás en un debate en varios idiomas donde te puede tocar hacer relé.

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Andrea Alvisi como ponente para una de las sesiones de consecutiva del italiano 
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Vistas desde una de las cabinas

Algunos estarán ahora pensando que esto ya os lo he contado otros años pero hay novedades, no olvidéis que este ha sido el quinto aniversario y los padres de la criatura nos han regalado unos cuadernos perfectos para la toma de notas con boli y todo por si había algún despistado en la sala al que se le hubiera olvidado meter cuadernos en la maleta.

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Hasta ahora, lo que se hacía durante la tarde del debate era dividir al grupo general en dos y elegir temas de actualidad para que nos sonasen a todos. De esa manera algunos fingían ser políticos o representantes de sus países, otros interpretaban y los ponentes también escuchaban cuando no les tocaba hablar para dar algo de feedback.

Este año en lugar de hacerlo así nos hemos reunidos todos en la sala de cabinas (apretados pero contentos), para debatir sobre cuestiones que atañen al sector de la interpretación. Lo que José y Joe han bautizado con el hashtag #EYAWKANDA (todo lo que siempre has querido saber pero no te has atrevido a preguntar) – #EverythingYouAlwaysWantedToKnowAndNeverDaredToAsk. Se eligieron los temas generales sobre los que se iba a hablar mediante una votación y aquellos que claramente despertaban más interés fueron los que se pusieron sobre la mesa. Uno de los que más votos recibió fue la eterna pregunta ¿Cómo consigo trabajo? No en vano somos autónomos y la búsqueda de clientes siempre será una prioridad. Me resultó curioso que el tema tarifas no sacó las garras y rozamos un poco la superficie de las nuevas tecnologías. Es verdad que uno de los aspectos que se tocó fue el de las tabletas y portátiles en cabina, pero la interpretación remota debería haber generado más preguntas. Quizás es que aún la vemos muy lejana, cuando no es así.

Además de muchas horas de cabina, hojas y hojas de notas y discursos que han agarrado la actualidad por los cuernos (sí, también hemos tenido un par de discursos sobre canciones de verano y Despacito), nos ha dado tiempo para cenar en grupo, hablar del mercado en cada una de las distintas ciudades en las que residimos, pasar un buen rato y tener un bonito reencuentro con wiseros de ediciones anteriores.

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WISE 2016 y 2017 se unen con Spritz y un gin tonic con una ensalada dentro

Se han podido degustar cervezas locales en terrazas y en sitios tan turísticos como el Delirium Café. Hemos sobrevivido a camareras que podrían presentarse al casting de Terminator y a menús que cambian a pesar de haber sido acordados previamente. La comunicación, amigos, esa gran desconocida. ¿Qué haría el mundo sin nuestra ayuda?

También hemos aprendido frases hechas en diversos idiomas, algunas traducibles, otras casi mejor que no y tradiciones históricas como la de usar patatas para dejar mensajes (o eso asegura un compañero de la cabina irlandesa). #theflyingpotato

 

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Ninguna patata sufrió daños o retrasos en los vuelos durante la redacción de esta entrada.

Cinco años dan para mucho, ahora bien, ¿qué nos ofrecerá WISE en el 2018? José Sentamans nos comenta que entre otras cosas, WISE va a formar parte de un estudio de la universidad danesa de Aarhus. El estudio forma parte del doctorado en formación en mediación cultural aplicada a la interpretación de conferencias. La idea parte de que ahora mismo son dos disciplinas separadas y no se enseña mediación cultural en la formación de intérpretes, a pesar de que hay situaciones en las que este tipo de conocimientos pueden ser de gran ayuda. WISE se convierte así en el laboratorio de pruebas.

El estudio lo realiza Ana, una antigua wisera e intérprete, y consistirá en lo siguiente:  tras la selección de participantes a WISE 2018 se realizarán una serie de entrevistas con aquellos que estén interesados en participar como voluntarios. Responderán preguntas sobre si se han encontrado con momentos en los que les hubiera venido bien tener formación en mediación cultural y qué hicieron en ese caso, así como su opinión sobre el tema. Durante la semana de WISE Ana dará una serie de charlas sobre esto y habrá sesiones que incluirán prácticas con juego de roles (sin que esto afecte al desarrollo normal de la semana de mejora de las técnicas de interpretación). En estas sesiones también se podrá practicar con casos en los que es necesario adaptar el discurso a un público concreto, aunque aún quedan flecos por rematar y un año entero para hacerlo.

Me temo que José no nos revela muchos más spoilers pero es posible que haya más sorpresas para que cada WISE no decaiga. Así que espero que la familia wisera siga creciendo muchos años más.

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WISE Bruselas 2017

Si os interesa formar parte de la familia de intérpretes que practican en verano para seguir mejorando, puliendo detalles y añadiendo lenguas de trabajo a su repertorio, os recomiendo que no perdáis de vista la cuenta de tuiter del señor Sentamans ( ), la página de Facebook de WISE y el blog en el que se incluye el enlace para registrarse para el año que viene. Por si todo eso os ha parecido poco, también tienen canal en Youtube con vídeos para que sigamos practicando. Vamos, que si queréis ser wiseros, basta con estar atentos. A las malas, mandad una patata con mensaje a José y una bici a Joe (la bici es el mensaje).

Si queréis leer la opinión sobre WISE Valencia (en inglés) de otra intérprete y compañera en #LeedsENIT os dejo aquí el enlace.

El premio FIT a la excelencia en interpretación

Este año ya os he hablado de la FIT, la Federación Internacional de Asociaciones de Traductores, Intérpretes y Terminólogos, en la entrada sobre la visita de su presidente a Madrid a principios de año. Ahora se celebra el XXI congreso de la FIT, del 3 al 5 de agosto de 2017 en Brisbane, Australia. Aprovechando que hay una representante española, María Galán Barrera, presidenta de Asetrad, y que ha tuiteado que formará parte del jurado que decidirá quién se lleva este año el premio a la excelencia en interpretación no podía dejar pasar la oportunidad, tenía que hacer algunas preguntas.

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1- Al leet tu tuit surgen varias preguntas: ¿Qué es el congreso FIT? ¿Qué nos puedes contar sobre él?

El congreso de la Federación Internacional de Traductores se divide en dos partes: una reservada a las reuniones de los representantes de las distintas asociaciones. Esta se desarrollará del 1 al 2 de agosto. La otra, pública con charlas, conferenicas y talleres como en cualquier otro congreso tendrá lugar del 3 al 5 de agosto.

Desde un punto de vista asociativo, la primera parte resulta más interesante pues en ella:

  • intercambiamos información con otros compañeros que nos permite descubrir qué problemas tienen los traductores e intérpretes en otras partes del mundo, cómo están intentando solucionarlo y ver cómo podemos ayudarnos entre todos.
  • Se mantienen reuniones de trabajo y encuentros un poco más informales entre café y café que pueden ser el germen de futuras colaboraciones entre asociaciones.
  • Debatimos sobre qué es la FIT y lo que queremos que sea dentro de unos años y nos marcamos objetivos para los próximos años siempre con el objetivo final de mejorar las condiciones laborales de los traducores e intérpretes en todo el mundo.

Las reuniones de la FIT se celebran cada dos años, aunque luego cada grupo de trabajo, “task force”, mantenga reuniones con más frecuencia.

2- ¿Qué es lo más te apetece de esta aventura?

Representar a Asetrad en estas reuniones y contribuir a su internalización es, sin ninguna duda, lo que más ilusión me hace de esta aventura australiana.

Hay mucha gente trabajando a diario en Asetrad, no solo desde la junta directiva sino también desde los diferentes comités, grupos de trabajo y comisiones, el banco de tiempo, el programa de prácticas universitarias y la Linterna del Traductor. Socios que, de manera totalmente atruista, dedican parte de su tiempo libre a seguir haciendo de Asetrad lo que es: una gran asociación de traductores, correctores e intérpretes.

Tener la oportunidad de compartir con compañeros de todas partes del mundo lo que estamos haciendo, por lo que luchamos a diario, no puede más que llenarme de orgullo.

Ahora bien, me quedan preguntas en el tintero y he consultado el enlace que me ha facilitado María para saber más: ¿Premio de interpretación? ¿En qué consiste? ¿Cómo se seleccionan los nominados? ¿Hay que presentar vídeos de las interpretaciones puntuales o es un premio a toda una carrera? ¿Qué recibe el ganador? ¿Desde cuándo existe?

El premio se otorgó por primera vez en 2014 a Dorothy Charbonneau de Canadá, que es por el momento la única intérprete que ha recibido el premio. Fue nominada por la Asociación de Traductores e Intérpretes de Ontario (ATIO).

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Dorothy y el presidente de la FIT [© Jørgen Christian Wind Nielsen, Wind Kommunikation, Denmark]
No es necesario presentar vídeos para nominar a los companeros que consideremos que han demostrado un nivel de excelencia a lo largo de su carrera. Tal y como explican desde la FIT, no es necesariamente un premio a un proyecto concreto, puede verse como un premio a toda una carrera pero también existe la opción de nominar a un profesional por un trabajo de especial importancia si dicho proyecto facilita el acceso a un grupo. También puede darse a una asociación y organismo por su labor a la hora de mejorar la calidad de la interpretación o promover la labor del intérprete.

The International Federation of Translators (FIT) has an international prize for inter- pretation designed to promote and improve the quality of interpreting and draw at- tention to the role of interpreters in providing professional language access in a wide variety of situations.

Se pueden nominar candidatos, igual que pasa con el Premio Danica Seleskovitch de la AIIC (que por cierto tiene ahora abierto el plazo para presentar candidaturas para aquellas contribuciones excepcionales a la interpretación y a la investigación en el campo). En el caso del premio de la FIT, las nominaciones las deben presentar miembros de la Asociación y será un jurado internacional copuesto por cinco profesionales el que tome la decisión final. Cada miembro de la FIT podrá nominar solo a un miembro de su propia asociación.

El premio es un reconocimiento pero además viene acompañado de una suma de dinero.

El Premio Danica Seleckovitch se otorga desde 1992 y en 2018 se concederá a uno de los compañeros nominados este verano.

La idea del premio como un reconocimiento al trabajo y a la dedicación a esta profesión me parece brillante. Si conocéis más premios similares, por favor, dejadme los enlaces en comentarios para poder incluirlos todos. Todo lo que nos ayude a celebrar la excelencia y a conseguir una visibilidad positiva nos viene bien a largo plazo.

 

¿Corremos el riesgo de ser uberizados?

Uberización: 

  • Por representar un símbolo de un nuevo modelo económico, el nombre de la firma Uber se prestó para crear esta expresión. Esta expresión se usa para definir los nuevos modelos de negocios en los cuales particulares pueden efectuar transacciones económicas vía plataformas accesibles desde aplicaciones que se encuentran en sus celulares inteligentes o en sus computadores. Además de Uber, los últimos años han experimentado una explosión de oferta de plataformas que van desde el alojamiento con AirBnB hasta plataformas de intermediación financiera, otras dedicadas a los servicios domésticos, a los servicios jurídicos, etc. [¿Qué significa la “uberización” de la economía? – Foco Económico]

 

Hemos leído noticias sobre Uber y la uberización de ciertos servicios, aunque cada vez se habla más de la posibilidad de contratar servicios a través de aplicaciones, de sitios web, en los que nada más entrar planteas lo que necesitas, te aparece un presupuesto en cuestión de segundos y se te asigna un “profesional” anónimo que prestará dicho servicio en el momento que se necesite y sin dar una sola pega, siendo al mismo tiempo amable y agradable. Hasta ahí todo es de color de rosa pero, ¿es oro todo lo que reluce en la “uberización” de servicios? ¿Se van a uberizar los servicios de traducción e interpretación?

De forma imparable, aunque las actividades económicas tradicionales se resistan, se está produciendo una drástica transformación en la mayoría de los sectores que acabará con lo que hoy conocemos. La banca, las eléctricas y otras industrias están llamadas a transformarse con rapidez o a desaparecer. No importa lo grandes y potentes que sean, o se transforman, o antes de que se den cuenta estarán en la puerta de salida. – Eduardo Olier en El Economista.es

Esta fue una de las preguntas que nos planteó ayer en Madrid Henry Liu, el presidente de la FIT, la Federación Internacional de Traductores, en el encuentro de asociaciones de la Red Vértice organizado por Asetrad en su flamante nueva sede.

No es la primera vez que se escuchan los gritos de pavor de la multitud del sector:

  • Las máquinas van a quitarnos el trabajo.
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Me encanta el olor a traductor chamuscado antes del amanecer
  • La uberización va a hacer que se desplomen las tarifas.
  • El intrusismo, el intrusismo (perdón, es marzo y este grito suele sonar más fuerte en temporada baja).
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Corred insensatos

Volviendo al tema que nos atañe hoy, ¿son las máquinas el final de la profesión? ¿Son el malo de la película ellas solitas? ¿Tienen secuaces? Quizás nos estamos equivocando y en realidad son el Clark Kent que aún no sabemos que puede salvarnos.

Lo que sí tenemos que aceptar es que están aquí, la tecnología ya no es algo nuevo y el hecho de que los consumidores quieren una homogeneidad en el modo en el que contratan servicios también. Se ha hablado mucho del efecto Ryanair y los productos “low-cost” y a eso ahora tenemos que añadir la urgencia de una sociedad que exige servicios las 24 horas, los siete días de la semana y los 365 días del año.

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La idea es buena y la tecnología lo permite, pero ¿qué significa para nosotros?

En lugar de decir sencillamente que NO, no quiero saber nada de eso o SÍ, es el futuro, aprovechemos las oportunidades que ofrece, tendríamos que plantearnos algunas preguntas.

¿Qué supone uberizar el servicio de traducción e interpretación? En traducción ya llevamos tiempo viendo agencias que lanzan aplicaciones que ofrecen básicamente ese servicio a los interesados. ¿Qué quiere traducir? ¿Para cuándo lo quiere? Esto es lo que cuesta. Para poder ofrecer esto tienen que contar con una base de datos de traductores que permita sacar el trabajo independientemente de la hora y además necesitas unos precios muy competitivos. La gente que opta por contratar traducciones de este modo quiere rapidez y que salga lo más barato posible. ¿Dónde queda aquí la calidad? ¿Es siquiera parte de la ecuación?

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Nadie contrata un traductor para conocer gente guay, pero si puede optar por un servicio uberizado de traducción para ahorrar tiempo y dinero.

Si somos sinceros, todos hemos tenido clientes que necesitan la traducción para ayer y que te saltan sin el más mínimo atisbo de vergüenza que tampoco la quieren perfecta, “con entender un poco lo que dice me vale”. Ahí te plantean un conflicto profesional serio. ¿Sabemos hacer las traducciones personalizando el nivel de calidad en: mal pero no se nota mucho / medio bien / pasable / excelente / si Hemingway levantara la cabeza me invitaría a una copa? ¿Nos interesa incluir la moda de la personalización o “customizar” nuestro trabajo hasta ese punto? ¿Es rentable hacerlo? 

Muchas preguntas, pero es necesario planteárselas en un mercado en el que tienes dos opciones: trabajar a destajo con tarifas bajas o ofrecer un nivel de calidad acorde a las tarifas que planteas. Si vamos más allá, la siguiente pregunta es: ¿Qué es lo que entendemos por calidad? ¿Es lo mismo que lo que entienden los clientes que nos contratan?

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Una cosa está clara, si prometes un servicio de calidad, lo tienes que dar.

La calidad no puede ser una promesa vacía que usemos para defender nuestras tarifas y que luego se quede en nada.  Si quiero cobrar tarifas altas tengo que diferenciarme del resto siendo bueno en lo que hago, esforzándome más en la preparación de los proyectos, formándome cada poco para mantenerme actualizado y seguir ofreciendo valor añadido a los clientes. Tampoco nos vendría mal escuchar más a los clientes, descubrir qué necesitan y de qué se quejan de servicios previos que han tenido.

Esa teoría es buena y ciertamente funciona pero, ¿qué hacer cuándo el cliente prefiere algo barato incluso si no es tan bueno?

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Existen distintos tipos de clientes igual que hay distintos tipos de servicios de traducción

El cliente debería conocer más el servicio, para saber así qué tipo de traductor o intérprete está contratando y qué calidad es la que puede esperar. No es lo mismo un traductor literario que traduce todas las novelas de un autor, un traductor autónomo que quiere ganarse a ese cliente, uno que trabaja para la agencia X y no tiene clientes asignados fijos, un traductor en plantilla que trabaja solo para una empresa, una agencia que mima a sus traductores por ser valiosos activos o un aplicación de móvil que te promete la traducción de 10.000 palabras en dos días.

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¿Quién traduce o interpreta tus contenidos?

La autoría, el que se sepa quién hace qué, es uno de los temas más complicados de nuestro sector. Quizás en la traducción editorial o literaria las cosas sean algo más fáciles (tampoco tanto, consultad la campaña Acredítame – Cita al traductor para ver de qué hablo). Pero en otros campos, por ejemplo el de la interpretación, la cosa es mucho más compleja. Durante años nos hemos enorgullecido de ser invisibles, si no se nota la presencia del intérprete es que estamos haciendo bien nuestro trabajo de facilitar la comunicación (cierto), pero esta invisibilidad nos perjudica a la hora de poder vender nuestros servicios. La clave es encontrar un modo de mantener la confidencialidad que piden muchos clientes y nuestra capacidad para vender nuestra experiencia profesional. Parece fácil y a veces no lo es tanto. Henry Liu comentó aquí el caso de una delegación china que visitó Nueva Zelanda (su país de origen) con unas 800 personas en total, de las que 9 eran intérpretes. Tenían un intérprete para las ruedas de prensa, otro para la negociaciones, etc. Nuevamente, la idea no es mala, si te juegas millones y necesitas que tu mensaje llegue tal y como tú quieres, ¿por qué no invertir en conocer los activos que te pueden dar los mejores resultados dependiendo de la situación? No hay un intérprete que sea bueno en todo, pero todos sabemos en qué somos mejores y dónde realmente destacamos. ¿Por qué no aprovechar eso? Aquí, Natalia González de AICE, Asociación de Intérpretes de Conferencia de España, apuntó con acierto que uno de nuestro principales fallos a la hora de ofrecer nuestros servicios es saber vendernos. No hablamos aquí de los colores que tenemos que elegir como fondo de la web, ni del grosor de las tarjetas de visita, sino de nuestra capacidad para expresar de forma clara, profesional y atractiva en qué somos realmente buenos, en qué somos mejores que otros que ofrecen el mismo precio o tarifas más bajas.

Las máquinas nos dan mucho miedo, no es nada nuevo: Google Translate nos va a quitar el trabajo, los nuevos auriculares que interpretan mientras caminan nos van a quitar el trabajo y encima son bonitos. Todos tenemos un familiar angustiado que nos manda artículos al WhatsApp con estos inventos que nos dejarán viviendo bajo un puente.

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Bonitos son

Llevamos años escuchando esto, quizás sea hora de ver lo que ha pasado en ese período.

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En 2014 ya hablaban de este tema en el congreso de la FIT

La traducción automática o MT es una realidad, hay una inundación de datos que requieren traducción, hay comunicados internos, manuales de instrucciones, etc. Henry Liu lo ha comentado: no existe una crisis de material a traducir e interpretar. Ese no es el problema, hoy por hoy se traduce más que nunca antes.

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No se trata de una crisis de palabras, en la actualidad ni siquiera hay una escasez de profesionales preparados (hay quien dice que incluso somos demasiados) pero sí que existe una crisis de percepción del valor de nuestro trabajo que da como una resultado una crisis de tarifas. Si no percibo que contar con un profesional preparado y serio tiene un valor añadido, voy a estar encantado de contratar a alguien por cuatro duros. Lógicamente, las futuras generaciones verán que esta no es una profesión suficientemente rentable y estudiarán otra cosa y en un futuro sí que tendremos una crisis de escasez de traductores e intérpretes que no beneficia al sector.

Ahorrar costes solo pone en peligro la sostenibilidad del sector.

Ahora bien, ese es nuestro trabajo, dejar claro qué hacemos y, para ser expertos en comunicación, se nos da fatal comunicarnos con el mundo exterior, ese que puede convertirse en un cliente potencial. Invertimos mucho en herramientas de software, actualizamos los programas de traducción asistida, intentamos ser cada vez más eficientes, llenamos las cabinas de tabletas, diccionarios electrónicos, cascos con mejor sonido, etc. Todo eso es aprovechar la tecnología para mejorar el servicio y es bueno. Pero en traducción estamos viendo que a veces eso juega en nuestra contra a pesar del tiempo y dinero invertido.

Henry Liu puso un par de ejemplos excelentes para ver lo absurdo que llega a ser:

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Si en las pruebas no me detecta nada nuevo no pago, hay una concordancia del 100% con la radiografía anterior
  • El ejemplo del médico está muy trillado pero vamos a verlo desde el punto de vista de la interpretación. Si eres el intérprete de la rueda de prensa del inicio de las reuniones del G7 o G8  en los últimos años te han tocado los mismo temas: la guerra de Siria, la crisis económica, Grecia, Brexit, el populismo, el calentamiento global. Muy bien, pues cada vez que salga un tema que ya se haya interpretado el intérprete cobra un 10% menos de la tarifa o no lo interpreta. Si nos parece ridículo en un servicio, ¿por qué dejamos que nos impongan ciertas cosas en otro? A ver que la interpretación no se libra de las peticiones desquiciadas. No creo que sea la primera a la que el cliente le quiere descontar (sin éxito) de la tarifa total los 15 minutos de la pausa del café o los 45 minutos de la pausa comida.
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No soy una máquina, no me desenchufo en la pausa café (que además rara vez dura 15 minutos). Ni soy un parking y no cobro por minutos

Nos reímos mucho de las “supuestas” traducciones hechas con programas gratuitos o baratos y las subimos a todas las redes sociales como modo de defensa contra el ataque de las máquinas, pero, ¿estamos seguros de quién ha sido el que ha traducido eso? A ver, en este caso, ¿quién ha sido?

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Se trata de una traducción literal del chino: resbale y caiga con cuidado
  • A) Esto ha sido G* Translate
  • B) Ese primo del director que pasó un verano estudiando chino y que hace traducciones de vez en cuando para sacarse unos eurillos
  •  C) Un traductor con inglés como lengua D o incluso F que había recibido pocas ofertas ese mes y total, es un montón de señales de advertencia, no puede ser tan difícil.
  • D) ¿Vamos a pagar a un traductor para esto? Trae para acá, que esto lo saco yo en un rato libre que hablo un inglés de Oxford nivel bilingüe.
  • E) Un traductor con buen dominio de chino e inglés con dos copas de más o un gripazo brutal de esos que no te dejan ver bien ni la pantalla.

¿Podéis acusar sin dudar a la máquina?

Lo que queda claro es que la tecnología ha llegado para quedarse, tenemos que aprender a aprovecharla, que el mercado demanda cosas de forma diferente, que tenemos que ser flexibles pero no por ello renunciar a una tarifas que nos permitan vivir de nuestro trabajo y sobre todo, no renunciar a tener vida. Las máquinas pueden trabajar las 24 horas, yo no y tampoco quiero hacerlo. Por lo que si quiero que me contraten, tendré que especializarme, venderme bien y ofrecerle al cliente lo que le prometo. ¿Corro el riesgo de ser uberizada?

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Muchas gracias a Asetrad por permitirme acudir, ha sido un placer escuchar a Henry Liu que habla de la realidad del sector sin dramatismo, con los pies en la tierra y con conocimiento de causa, dado que recorre el mundo visitando las asociaciones locales para ver qué podemos aprender unos de otros.

 

El maestro traductor y las puertas

Hace poco me concedí un regalo de cumpleaños de los que me encantan: una entrada para ir a ver la obra de Ibsen El Maestro Constructor que se ha representado en The Old Vic en Londres durante los últimos meses con un reparto de lujo encabezado por el fantástico Ralph Fiennes.

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Hasta el cartel es interesante

 

Lo más curioso es que aunque la obra no es actual ni tiene nada que ver con nuestra profesión me fue imposible no pensar en nuestro mercado. No quiero destripar nada a nadie que pueda verla representada en un futuro pero la historia trata sobre un maestro constructor que se enfrenta a una crisis profesional y personal al llegar a una cierta edad (no hace falta entrar en detalles). Ha dedicado su vida a su verdadero amor: su trabajo. Es un autodidacta que se esforzó en su día por aprender todo lo posible para poder dedicarse a la construcción pero que reconoce, a veces de forma voluntaria y otras no tanto, que necesita a su aprendiz que sí que sabe de esas cosas de cálculos y herramientas que requiere un edificio moderno.

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Soy un intruso motivado con un becario que sabe de AutoCAD. ¿Os suena de algo?

No le ha ido mal, su pasión y dedicación ha suplido otras deficiencias y se ha rodeado de gente válida para seguir avanzando, pero por supuesto su éxito recibe críticas diversas. Unos opinan que es un intruso, sin formación, sin auténtico talento que sencillamente tuvo suerte. Otros le admiran como si se tratase de un dios romano. La única que le mira sin una opinión clara es la sufrida esposa que espera que termine el proyecto que tiene entre manos, a pesar de que sabe que siempre habrá otro detrás.

¿Qué hace un maestro traductor, perdón, constructor cuando ya no le quedan proyectos? Excelente pregunta y algo que da mucho miedo a los autónomos. La eterna lucha entre la experiencia que aportan los años y la fuerza de lo nuevo es el motor que mueve esta tragicomedia sin cesar. Halvard Solness no quiere retirarse, tampoco quiere construir más iglesias pero no considera que haya llegado la hora de dejar paso a las nuevas generaciones. Su aprendiz es un chaval lleno de talento pero al que aplasta constantemente para que no se emocione y quiera atreverse en solitario. ¿Qué será de todo su esfuerzo y de sus sacrificios personales si llega alguien mejor preparado y se queda con el mercado? ¿Quién va a querer a un constructor que en realidad no tiene título de arquitecto ni nada por el estilo? ¿Cómo se detiene a la marea que se empeña en llegar?

Ragnar, su aprendiz, maldice por las esquinas que nadie le de una oportunidad, duda de si tendrá verdadero talento y vive en una eterna lucha entre la admiración que siente por su maestro y las ganas que tiene por ocupar su lugar y demostrar que es mejor. Reconozcamos que el que se llame Ragnar es un punto a su favor. Además, lo que muestra este aprendiz es algo que nos suena a todos o casi todos. Ese momento en el que sales de la carrera o del máster con todos los títulos bajo el brazo y te das de bruces con la realidad del mercado. La de veces que nos hemos pegado con las palabras “experiencia obligatoria” antes de conseguirla.

Lo curioso es que cuando ya llevas unos años, ya tienes la dichosa experiencia y te sigues esforzando por tener oportunidades empiezas a ver claros los dos puntos de vista, entiendes tanto a Ragnar como a Halvard. Lo difícil que es empezar y lo complicado que es permanecer una vez las cosas han empezado a funcionar.

Entonces entra en escena una chica (que está como un cencerro) y que representa la volatilidad, creatividad y el abanico infinito de posibilidades de la juventud.

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Hilda, me caes bien ¿sabes usar Crados?

No desvelaré más detalles de la trama, tampoco es necesario, pero hay una conversación que me dejó poso (como dice mi compi de cabina Esther Moreno):

Halvard le explica su mayor miedo al médico de la familia:

SOLNESS. – Usted lo verá, doctor; usted verá a la juventud llamar, impaciente, a la puerta de mi casa.

DOCTOR. (Sonriendo). — Bueno, ¿y después?

SOLNESS. — Después, todo habrá concluido para el constructor Solness.

Y luego se lo cuenta a Hilda, que representa a esa juventud arrolladora, que le da una respuesta que no se espera:

SOLNESS. – (…) Se lo diré: ¡Empieza a darme mucho miedo la juventud!

HILDA. -¿Es posible que tenga miedo a  la juventud?

SOLNESS. -¡Oh! Sí, lo tengo. He aquí por qué vivo encerrado en mi casa. La juventud vendrá a llamar a mi puerta, querrá venir hacia mí…

HILDA. -En este caso, creo que sería mejor salirle al encuentro, y abrirle la puerta de par en par.

SOLNESS. – ¿Abrirle la puerta?

SOLNESS. — ¿Abrirle la puerta?

 

Lo de cerrar puertas es una lucha imposible e innecesaria, pero no viene mal un poco de empatía. Recordar los inicios, respetar la experiencia y admirar los broches de oro a carreras que han costado muchos años de batalla. El mercado nos necesita a todos en 1892 (fecha en la que se publicó la obra) y en 2016.

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Se ha venido arriba (esto solo cuenta como spoiler para los que han visto la obra) 

 

 

Intérpretes con piernas

Esta entrada tenía que llegar. Siempre estoy hablando de la calidad en la interpretación, de la formación para mejorar la vocalización, la pronunciación, el dominio del idioma y la curiosidad necesaria para conocer de todo un poco pero nunca me había parado a pensar que quizás debería invertir en tonificar las piernas, que tengo los tobillos como una matrona de las novelas de Jane Austen.

Todo esto viene por un anuncio que ha quemado las redes sociales esta mañana y no es para menos:

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En plena guerra de tarifas, en la que tienes que decidir si vas a batallar con la calidad de tu trabajo o lo bajo de tus tarifas en el campo de los presupuestos, nos encontramos con esto. De los productores de “si es un tema general muy sencillo”, los guionistas de “tengo un amigo que pasó un verano en Dublín y me lo hace gratis” y los actores de “interpreta como puedas” llega la última tendencia que nunca quisimos ver en nuestras pantallas de ordenador: el intérprete con piernas.

Corremos el riesgo de ser llamados intrusos por los acompañantes profesionales con años de experiencia en el sector y buen dominio de los idiomas. (Pun totally intended!). Sin embargo, esto no es nada nuevo en el mundo del marketing de servicios. Ya en Chile nos encontramos con los famosos cafés con piernas. Locales que a simple vista pueden parecer una cafetería normal y corriente, en los que te puedes tomar una Coca-Cola, un cortado o pedir unos servicios sexuales (no obligatorio).

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La clave está en las piernas

Si es que hasta en Brighton, que son unos adelantados, se han dado cuenta de que todo con piernas es mejor, incluso el cine.

 

No penséis cosas raras, estas piernas son publicidad engañosa, solo ponen películas y venden palomitas.

Por si alguien a estas alturas no lo ha pillado, esta nueva obsesión con las piernas que he desarrollado hoy es puro y duro:

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Sarcasmo: empleo de la ironía con fines expresivos.

Siempre me pregunto si hemos sido buenos a la hora de explicar lo que sí hacemos y para qué servimos (si hacemos nuestro trabajo bien). Una conversación que he mantenido más de una vez me plantea esta duda con frecuencia:

Final de una consecutiva, una persona se acerca con la mejor de las intenciones:

– Hola, me ha encantado lo que has hecho, qué difícil.

– Gracias, he preparado bien el tema y ha sido muy interesante.

– Se nota, ya te digo, felicidades.

– Gracias.

– ¿A qué te dedicas?

– A esto (ojos como platos).

– ¿En serio? ¿Todo el tiempo ¿Te pagan por esto? ¿Da para comer?

 

Por suerte por ahora nadie ha terminado esa conversación mirando furtivamente mis tobillos, pero ese es otro cantar…

 

 

El fantasma literario

El fantasma es una figura muy socorrida en muchos libros y en las obras de Shakespeare. ¿Qué habría sido de Hamlet sin el fantasma de su padre que vagabundeaba a horas indignas por sitios en los que debía hacer un frío considerable? Probablemente habría sido una obra mucho más insulsa y más parecida a Dawson Crece con todos su conflictos adolescentes. ¿Cómo habría sido posible arrancar el dramón entre generaciones y saltos en el tiempo de Cumbres Borrascosas sin el supuesto fantasma de Catherine saludando desde la ventana? ¿Sería posible Harry Potter sin fantasmas? En los primeros libros eran divertidos pero al mismo tiempo eran más útiles que Wikipedia, gracias a todos los años de secretos que atesoraban.

Tranquilos, no voy a mentar cada fantasma que ha pasado por las páginas de un libro, pero hay muchos y además de esos que sí reciben nombre o cierto protagonismo, hay muchos más, invisibles, pero no por ello menos necesarios: los traductores.

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¿Para cuándo dice que quiere la entrega de los primeros capítulos?

Los lectores más fieles del blog me dirán aquí que esto les suena y no andan desencaminados. Hace ya unos años, tres para ser exactos, publiqué una entrada sobre la presentación de un libro escrito por varios traductores y que intenta explicar el oficio: los traductores fantasmas. Entonces ya hablaba de la traducción utilizando imágenes de Los Cazafantasmas para ilustrarla. Bueno, han pasado tres años y tenemos una nueva película y un nuevo libro entre manos.

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El pasado martes 22 de marzo se presentó en La Central de Madrid el libro El fantasma en el libro de Javier Calvo, publicado por Seix Barral, con un coloquio sobre la traducción literaria que contaba con la presencia del autor (también traductor), Pilar Adón (traductora y editora), Mercedes Cebrían (traductora) y Javier Lucini (traductor y editor).

 

Por si leer toda la entrada os parece demasiado compromiso en plena Semana Santa pero os interesa el tema, os dejo el enlace a la entrevista que le han hecho a Javier Calvo en la radio: El ojo crítico.

Dicho esto, ¿de qué se habló en el coloquio? De muchas cosas. Vamos por partes.

Se trató bastante el tema de las editoriales, no hay que olvidar que entre los presentes había dos traductores que también son editores. Se mencionó la relación entre escritor-traductor-editor. De lo necesario que es dejar de mirarse el ombligo y aprender sobre el resto de pasos del proceso que es sacar un libro al mercado. Se aprende sobre la distribución, el papel de los libreros, las cifras (siempre importantes) y cómo los posicionamientos justifican cada actuación.

Uno de los fenómenos editoriales más relevantes en opinión de algunos de los presentes era la proliferación en los últimos años de nuevas editoriales, más pequeñas, más independientes y sobre todo, más arriesgadas. Pilar Adón nos habló de Impedimenta. Que es una editorial que cuida mucho a sus traductores, hasta el punto de que se incluye una pequeña biografía de los mismos en el propio libro tras las del escritor. Esto despertó un debate sobre si eso era o no realmente necesario. Primero por la necesidad de mantener al traductor como un fantasma invisible, que no altere con su voz la del autor, y en segundo lugar, por un motivo mucho más práctico. Si incluyes la biografía del escritor y del traductor, ¿qué pasa con la del corrector/editor/maquetador/ilustrador/revisor, etc.? ¿Acaso no son ellos también padres o al menos comadronas durante el parto de la criatura? Pero si metemos todas las biografías, la cosa se nos podría ir de las manos y parecer las etiquetas de la ropa de Zara o los interminables créditos de Blade Runner. Claro que visto lo visto, si la cosa va de ahorrar páginas y espacio, acabamos en la preocupante tendencia en la que las obras ni siquiera mentan a sus traductores y sus nombres se pierden en el olvido.

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Traductores que se pierden en el tiempo

 

Desde luego si uno consulta la web de Impedimenta (enlace en el párrafo anterior), verá que el nombre del traductor figura en la ficha del libro de una manera visible y adecuada.

Pilar también comentó que en los grandes grupos todo lo que se hace en torno al lanzamiento de un libro está enfocado a la venta y que las nuevas editoriales, que también quieren vivir de su trabajo (lógicamente), se permiten tener catálogos más cuidados, en el sentido que el editor puede permitirse un catálogo poblado por autores que realmente le gustan. Algunas veces estas son misiones suicidas si sus gustos no coinciden con los del público.

También se habló de las nuevas traducciones de los grandes clásicos. ¿Es realmente necesario volver a traducir Ana Karénina (1877) si ya está traducida desde hace años? Aparentemente sí. Nos contó la anécdota sobre una escena en el libro en el que los personajes toman un aperitivo con caviar y vodka que curiosamente no figura en la traducción española original, quizás porque la idea de un aperitivo antes de la cena no encajaba con la cultura local de ese tiempo, quizás porque la adaptación más lógica habría sido decir que se tomaron unas tapas antes de cenar (cosa que habría rechinado de mala manera) o quizás todo se debía a que el anterior traductor se la había merendado sin compasión. Porque hay que tener en cuenta que en esa época muchas de las traducciones que nos llegaron del ruso eran más un ejercicio de relé en traducción que otra cosa. Para los que evitan las entradas sobre interpretación en el blog, el relé es cuando no puedes interpretar directamente de sala porque desconoces el idioma y tienes que utilizar el audio de otra de las cabinas para poder volcar el mensaje a tu lengua de trabajo o como la define el SCIC:

Interpretación de un idioma a otro a través de un tercero

Pues lo mismo pasó a la hora de traducir las novelas rusas, que en muchos casos se traducían usando las traducciones de otros al francés o inglés. Peor era el caso de las obras en lenguas como el polaco, que podían pasar por el francés y de ahí al inglés antes de ser traducidas al español. Vamos, un teléfono escacharrado decimonónico.

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¿Cómo es eso de que no hay caviar y vodka?

En otras ocasiones las omisiones en las traducciones se debían a elecciones propias y absolutamente subjetivas del traductor. No existía el mismo sistema de controles que hay hoy en día y además el conocimiento de lenguas extranjeras en general era bastante más bajo, por lo que muchas veces los editores no tenían herramientas a su disposición para confirmar si estaba todo en orden y en algunos casos, eran los propios traductores los que no entendían del todo un giro cultural o lingüístico, no estaban de acuerdo con una idea o sencillamente no sabían cómo resolver un entuerto y elegían la opción de esconder ese párrafo (escena, página y por lo comentado, incluso capítulo) bajo la alfombra.

Tengo una edición de la Divina Comedia que perteneció a mi abuelo, que publica la carta del traductor al inicio y que es una joya a la hora de explicar la situación de la profesión en un pasado no tan lejano:

Mi querido amigo: Después de concluido mi penoso trabajo de interpretar y traducir verso por verso la Comedia de Dante, toda entera, aquí me tienes perplejo sobre su publicación en las presentes circunstancias. Un hombre de mis creencias religiosas y de mis opiniones políticas, naturalmente no ha de querer dar pábulo al espíritu irreligioso y revolucionario de Europa en los días en que tan sañudo se presenta contra el poder temporal del Papa. Pero la explicación del pensamiento del gran Poeta, generalmente mal interpretado por los que no son buenos, ¿puede contribuir a extraviar los espíritus, o, por el contrario, impedirá que se hagan de él citas falsas o equivocadas…

Si crees útil que vea la luz pública, pon a continuación de esta carta e Prólogo que te dicte la conciencia, y vaya todo al impresor.

Javier Calvo comentó que las prácticas de control de calidad y la profesionalización seria de nuestra labor arranca a mediados de la década de los 80 para evitar errores como los antes mencionados.

También se habló de la figura de los escritores-traductores. Si antes hemos dicho que el traductor ha de ser un fantasma (si bien no anónimo), que facilite la transmisión del mensaje sin aportar en exceso el sonido de su propia voz, la cosa se complica cuando es un escritor el que firma la traducción. Por una parte está la defensa lógica: un buen traductor literario (o no literario) tiene que saber redactar en su lengua de llegada y hacerlo bien. Nadie mejor que un buen escritor para eso, pero el ego de un escritor es más complejo que el de un traductor acostumbrado a las sombras. Si alguien ha leído la traducción del Orlando de Virginia Woolf a manos de Borges puede comentar si tiene o no un cierto sabor argentino.

 

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En ese momento se abrió un nuevo debate: Si bien es cierto que ahora los traductores contamos con un mejor nivel en los idiomas de trabajo, tenemos internet con todos sus recursos y viajamos más para empaparnos de las culturas con las que convivimos en los textos, ¿no es cierto que los traductores del pasado fallaban en documentación pero nos daban sopas con ondas en la calidad de la redacción?

Aquí se manifestaron opiniones de todo tipo. Se culpó a la cultura audiovisual y a la influencia del inglés. Se mencionó que también puede deberse a que el material no es tan bueno, es decir, que los propios escritores cada vez redactan peor, por los motivos que sean. Quizás la propia industrialización del proceso de traducción que garantiza los niveles de control ha mecanizado en exceso el oficio, acentuando su parte industrial y aplanando los textos. La literatura siempre se ha alimentado de otros textos y expresiones culturales y como ahora parece que la cultura se hace en inglés o se traduce desde el inglés, su influencia es algo con lo que hay que lidiar en un mundo que tiende a ser demasiado monocromático.

Eso por no hablar de la corrección política que no solo afecta a las cabinas de interpretación o a los discursos oficiales. Muchos traductores se enfrentan a dudas ante ciertos textos. Si dejas lo que está puesto te arriesgas a ofender a parte del público lector pero si tomas la decisión de rebajar insultos o ideas, estás traicionando al autor. Esa eterna tentación de enmendar al autor y sus cojeras que es ahora una carga mucho más pesada de lo que pudiéramos pensar (y vuelvo a la cita del traductor de Dante para ver que las cosas cambian tanto que a veces damos toda la vuelta y regresamos al mismo punto).

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La sala llena

Como era de esperar, si hablamos de adaptar textos, no se podía pasar por alto el rompecabezas favorito de los traductores literarios: el español neutro. Ese anhelo de todo editor que tiene que vender libros a los dos lados del charco y que pide algo que es más un unicornio que un fantasma.

Javier aquí entró en detalles y me temo que si me extiendo más esta entrada va a ser peor que la tradición de ver Lo que el viento se llevo en Semana Santa (que empiezas el jueves y el domingo con un poco de suerte logras levantarte del sofá). Pero lo que me pareció super curioso y desconocía fue una de las cosas que dijo sobre este problema. Se habla mucho sobre este “español neutro”, porque los libros que suenan muy españoles molestan a algunos lectores en países latinoaméricanos, acostumbrados a las traducciones realizadas en Argentina o México (principalmente) y lo mismo pasa en la otra dirección (aunque las quejas las he visto más en doblaje y subtitulado). La pregunta ante esto era de esperar, ¿pasa lo mismo con el inglés? ¿Se piden traducciones de inglés neutro? Tengamos en cuenta la cantidad de países diferentes y muy separados geográficamente que usan la lengua de Shakespeare como idioma oficial. Javier Calvo nos explicó que en este caso los angosajones son mucho más prácticos y cuentan con un paso intermedio. Es decir, que un libro traducido por un inglés que se vaya a publicar en Estados Unidos pasará antes por un intermediario que adaptará el texto al inglés americano y viceversa. Bromeó diciendo que siempre se imagina a ese paso intermedio con su ordenador flotando por encima del Atlántico.

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Por supuesto se preguntó por tarifas y estuvimos a punto de entrar en lo que Javier denominó el “bucle infinito” en el que entramos todos los traductores-intérpretes cuando nos encontramos con otros compañeros. Se preguntó por G++gle Translate (no hace falta que añada la respuesta) y se habló mucho de literatura, traductores y del amor por este oficio. Si os habéis quedado con ganas de más, ya sabéis, toca darse un paseo a la librería más cercana.

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Traductores, traductores por todas partes