Taller para hablar en público

Ayer se celebró en Madrid uno de los talleres para hablar en público impartido por Aline Casanova. Si sois lectores habituales del blog seguramente os suene el nombre. Aline nos habló el otoño pasado de InterpreTimeBank.

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Aline en acción al inicio del taller
Fue una experiencia muy interesante. Hace aproximadamente 10 años fui profesora de Aline y ser su alumna me ha encantado. No me dedico a dar charlas, por lo que podría pensar que no necesito hablar bien en público, pero aunque el discurso no sea mío, cuando hago consecutiva hablo en público y en simultánea también tengo un público atento a lo que digo. Así que todo lo que me ayude a mejorar y cuidar la voz me viene bien. A muchos compañeros la idea de hacer consecutiva no les gusta precisamente porque el público les ve, este tipo de talleres les vendría de lujo para perder ese miedo escénico en un entorno positivo.

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La reacción de muchos ante la posibilidad de hablar en público

 

Antes del taller nos envío un cuestionario para saber cuáles eran las áreas que más nos interesaba mejorar. Como intérprete, me apetecía trabajar mucho el tema de la voz. Este año he tenido dos afonías, una de ellas durante más de 10 días y sin voz no puedo trabajar. Además de tener ahora un arsenal de tisanas, pastillas y sprays (tengo una parte de la cocina que parece propia de un druida), es muy importante mejorar la respiración para no forzar las cuerdas vocales.

La primera parte del taller de 4 horas de duración no defraudó en absoluto. Tocamos el tema de la respiración diafragmática, la proyección de voz sin sobrecargar las cuerdas vocales y practicamos varios ejercicios. Primero Aline comprobó si respirábamos de forma adecuada. Parece fácil pensar que sí lo hacemos (no nos hemos muerto), pero me dí cuenta de que podía mejorar para aprovechar la salida de aire para proyectar la voz sin que suponga un esfuerzo. Como eramos un grupo reducido, Aline estaba muy pendiente de cómo lo hacíamos cada uno. En los ejercicios con vocales estudió nuestros tonos graves y agudos, dando consejos y correcciones siempre que era necesario.

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Aline explicando cómo funciona el diagragma

Nos recomendó que para proyectar bien la voz como ponente o en una consecutiva debíamos analizar la sala en la que íbamos a trabajar. Yo suelo llegar siempre con mucho tiempo y más si tengo que hacer consecutiva. En simultánea ya han colocado la cabina en el que sitio que han considerado más oportuno (que suele incluir una columna delante de las ventanas), pero en consecutiva es importante saber dónde se va a realizar el acto, si va a ser necesario moverse por la sala, si van a estar sentados, si hay micrófonos, etc. Aline nos recomienda analizar también el tipo de superficies y materiales que nos rodean si queremos proyectar la voz. Es mejor contar con superficies de vidrio, metal, básicamente es útil buscar superficies duras y evitar moquetas, entelados, etc.

Los ejercicios de vocalización también nos vinieron muy bien, así como los estiramientos y preparación de los músculos del rostro.

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Hay que prepararse como un deportista, un actor o un cantante

 

La segunda parte del taller se centraba en ejercicios de hablar en público. Cada uno tenía que llevar preparado un discurso que no superase los 5 minutos. No podías leerlo, ni apoyarte en ayudas visuales. Ya he hablado de los Power Points en el blog, esos elementos que a nosotros nos vienen tan bien para preparar la terminología, pero que pueden convertirse en un infierno si el ponente se limita a leer el texto que contienen a toda velocidad.

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Antes de arrancar, nos preguntó cuáles eran en nuestro opinión nuestros mayores miedos, dónde fallábamos, qué nos preocupaba más y qué era lo que necesitábamos para nuestro oficio. El grupo estaba compuesto por dos personas dedicadas a la política municipal, una psicóloga y otra intérprete que además también había sido alumna mía hace unos años. Fue una sorpresa estupenda volver a ver a Claudia. Por cierto, Claudia ya había pasado por el blog en su día 😉

En mi caso yo quería corregir un fallo que me habían identificado este año en las múltiples consecutivas que realizo durante la semana de inauguraciones de las exposiciones de Photoespaña. No me había dado cuenta, pero uno de los fotógrafos que acude todos los años me comentó que tiendo a cerrar los ojos durante la consecutiva para concentrarme mejor, sobre todo cuando el orador se ha olvidado de mi presencia y se ha tirado más de 5 minutos hablando de lo divino y lo humano a toda pastilla.

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Aquí interpretando (post-it en mano). Foto cortesía de Paco Posse

Ese tipo de comentarios vienen bien, muchas veces no te fijas en esos vicios que uno adquiere con el tiempo. Tendemos a centrarnos mucho en la velocidad, en la terminología, en no perder ni una idea, no cambiar el sentido. Todo eso es importante, pero el modo en el que luego transmitimos la información también desempeña un papel y puede ser lo que nos distinga de la competencia. El lenguaje corporal, saber usar las manos para hacer llegar el mensaje sin distraer la atención, el colocar bien las piernas y no balancearnos, mantener la espalda recta (aporta autoridad y la espalda es clave en la respiración y para la voz, como explicó Aline). Uno podría pensar que son muchas cosas, que es imposible estar pendiente de todo eso, pues hay que añadir además hacer contacto visual con el público. ¿A qué hora se entiende mejor el que un buen intérprete tenga unas buenas tarifas?

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Además de centrarme en lo que yo necesitaba, me resultó útil escuchar a los no-intérpretes. Tendemos a quejarnos mucho de los ponentes, pero es positivo ver que hay quien quiere mejorar y lo que les agobia es que las frases no suenen lógicas o bien enlazadas.

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Y sobre todo, dejar que los nervios te puedan, porque en ese caso puedes acabar por ver al público como el enemigo y todo eso lo trasmitimos con el lenguaje corporal.

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En consecutiva es fundamental transmitir seguridad, de lo contrario la interpretación no termina de funcionar del todo.

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¿Se nota que estoy encantada de estar aquí?

Así que uno a uno nos tocó salir a dar nuestro discurso, con señales de colores para no pasarnos del tiempo. Años aplaudiendo cuando los organizadores usan luces rojas para que el ponente no se venga arriba y hable durante horas y al ver la luz amarilla casi se me sale el corazón por la boca. Metí una carrera al final para evitar la luz roja que me alegré de que nadie tuviera que interpretarme. Estar al otro lado ayuda a entender mejor a los ponentes.

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Claudia a punto de empezar su discurso.
Cada uno tenía que enfrentarse a sus demonios particulares: hablar en un espacio muy abierto, mirar a los ojos al público, hablar desde un atril, hablar sentado en una mesa rodeado de otras personas, hablar sobre un tema controvertido pensando que van a atacarte. Tras el ejercicio, Aline y su magnífico equipo nos daban feedback y preguntaban al resto si teníamos comentarios sobre algo que nos había gustado o no. Curiosamente, Aline tenía razón en que todos pensábamos que eramos bastante peores hablando en público de lo que luego demostramos ser.

Van a celebrarse más talleres y si os interesa mejorar la respiración, el lenguaje corporal para consecutiva o sencillamente perder el miedo al público, esta puede ser una buena oportunidad para seguir avanzando. No perdáis de vista a Aline en Twitter (@CasanovaAline) o en InterpreTimeBank en Google+.

 

La curvatura del espacio-tiempo en cabina

En ocasiones me encuentro en cabina con el fenómeno del milagro de los minutos, también conocido por otros nombres, motes y epítetos. ¿En qué consiste? Bueno, se trata de los casos en los que algunos ponentes (no todos) deciden que la teoría de la curvatura del espacio-tiempo de Einstein no iba tan desencaminada porque el tiempo que se les ha asignado para su charla es definitivamente relativo.

Todo esto empieza muchas veces con un error de programación, es decir, con un fallo al calcular que en una hora y media puedes tener a cuatro o cinco ponentes y asumir que ninguno de ellos va a tener un fallo técnico o que se va a pasar unos minutos del tiempo. Generalmente el primer ponente tiene todo el tiempo del mundo y el resto ve poco a poco como su momento se va reduciendo peligrosamente ante sus ojos.

El segundo error de planteamiento es el no tomarse la molestia de pensar en el público a la hora de preparar el discurso. Muchos ponentes (insisto, no todos) reciben el encargo de hablar durante quince minutos, les dan un tema más o menos concreto y unos días, meses o semanas para que lo preparen. Vamos a poner un ejemplo para verlo con más claridad: el ponente A tiene que hablar sobre el impacto que ha tenido la apertura de una estación de tren en un barrio con problemas económicos. Lo suyo es hablar un poco sobre la situación del barrio antes y después de la apertura de la estación, dar algunos datos, mostrar algunas tablas en las diapositivas, plantear algunos ejemplos concretos y dejar espacio para las preguntas y respuestas. El problema viene cuando dicho ponente A decide que aunque tiene 15 minutos, no vendría mal contar la historia del ferrocarril en España desde sus inicios, luego dar absolutamente todos los datos demográficos, con sus estadísticas completas sobre el barrio, contar el número de polideportivos que tiene, si en el 2008 además fue elegido el barrio con las mejores tintorerías y ya de paso hablar sobre los presupuestos municipales de los últimos siete años, esa disputa por terrenos que mantienen con el barrio de al lado y como uno de sus equipos de fútbol tiene opciones de ganar el próximo partido de la Copa del Rey. Toda la información tiene que ver con el barrio, eso es verdad, pero son datos que ha escrito en un documento de 35 páginas, con elaboradas fórmulas más propias de algunos premios Planeta. Por supuesto, el ponente A no ha leído en casa esas 35 páginas en voz alta para ver si quedan bien o suenan algo pomposas, tampoco ha calculado el tiempo que le lleva recitar esas páginas y no tiene ni idea de si se ciñe a los quince minutos marcados o no pero se siente satisfecho por el trabajo realizado.

Ahora llega el momento de la verdad: la conferencia. Personas de medio mundo han acudido y quieren intercambiar casos prácticos sobre cómo combatir la falta de motivación en barrios en situaciones complicadas. Se fusionan nuestros dos errores y empieza la tercera mesa redonda de la mañana con cinco ponentes, cada uno de una ciudad diferente y con una historia propia. El ponente A es el tercero, así que cuando le llega el turno los otros dos ya se han comido la mayor parte de la hora y media asignada a la mesa y el moderador le informa de que tan solo dispone de 10 minutos, aunque sería mejor si solo hablase cinco y dejase espacio para la pausa de la comida.

En realidad es bastante injusto para el ponente A, porque ha perdido tiempo que le correspondía y cinco minutos no permitirán explicar bien lo que ha pasado en su barrio. Eso no lo voy a negar.

Aún así el ponente A no se viene abajo y saca su taco de 35 folios y avisa al público que dado que no tiene tiempo va a proceder a leer a toda velocidad las páginas, que lo siente por los “traductores” pero que es lo que hay. En efecto se pone a leer a toda marcha, sin apenas hacer pausas para respirar, acelerando el ritmo aún más cada vez que el moderador le avisa que se queda sin tiempo, sin levantar la vista del papel, sin resumir, recortar o cuidar de la presentación de ideas e ignorando las miradas asesinas de sus intérpretes.

A todo esto, el público está en la sala recibiendo el discurso sin enterarse de mucho. Es bastante frecuente que después de uno de estos ponentes, se te acerquen los asistentes en el descanso y te comenten:

– No sé cómo le habéis podido traducir, me costaba entender esa charla a mi y es mi propia lengua.

Esto pasa tanto con ponentes que hablan en castellano como en inglés y es una pena, en primer lugar por el público, que suele desconectar al cabo de dos minutos si el ponente se limita a leer a toda caña un texto escrito y pensado para una lectura sosegada y no para un auditorio. Muchas veces, las ideas son buenas, los ejemplos interesantes y se pierden por el camino debido a una pésima presentación.

Finalmente, si me lo permiten, también querría recordar que los intérpretes no somos el enemigo a batir, somos una herramienta de comunicación, nos limitamos a transmitir en otra lengua el mensaje y lo que queremos es hacer nuestro trabajo lo mejor posible.

Recientemente un ponente nos dijo: “Voy a dar solo dos ideas claves, con sus ejemplos y voy a hablar despacio y de forma clara porque mi hijo es intérprete y se queja mucho de lo mal que hablan los ponentes, así que quiero ayudaros porque mi objetivo es llegar al público”

Somos un equipo, aún así somos conscientes de que siempre existirán ponentes metralleta o correcaminos, convencidos de que el tiempo es realmente flexible y que el milagro de convertir cinco minutos en media hora es factible.

Ponente A y su intérprete