No me llames Dolores, llámame Lola, perdón, quería decir intérprete

Hay poder en los nombres. Andrea Brocanelli lo recordaba el otro día en Facebook y para eso los mitos nórdicos son muy ilustrativos. A Odín se le han llegado a adjudicar hasta 200 nombres, ahí es nada. El Padre de todos o dios cuervo tenía tantos nombres como algunos coleccionan posavasos de bares porque consideraba que si alguien los conocía todos, tendría poder sobre él. Las fantásticas novelas de Joanne Harris sobre la mitología escandinava aprovechan este detalle constantemente.
Hubo una época en la que me indignaba cada vez que me llamaban traductora u opciones más originales en lugar de intérprete. Echando la vista atrás, en la última década me han llamado todas las versiones de “traductora” existentes: traductora oral, traductora que habla, traductora inmediata, traductora simultánea, traductora rápida y hubo una vez en la que me preguntaron si yo podía traducir antes de que el ponente hablase o si lo hacía en diferido (lo primero habría tenido su mérito).

 

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Tranquilidad, me comentan que el compañero Sentamans sigue vivo y traduciendo

 

Con el tiempo dejé de darle importancia, porque las verdaderas batallas que me preocupan son las condiciones de trabajo y las tarifas. Cuando llevas unas cuantas cabinas y consecutivas llegas a la conclusión de que eso da igual si cumplen con lo acordado en la fase previa. ¿Cuántas veces hemos llegado a un hotel o sala de conferencias y nos hemos encontrado con que la información que nos habían pasado era un sueño de Resines? Simultáneas sin cabina para una sala de 100 personas en las que esperan que interpretes sola al mismo tiempo que habla el ponente y que no subas mucho la voz que a los del fondo les molesta, ¿micrófono? ¿Para qué quieres eso? ¿No sabes impostar la voz? Que te quedas con las ganas de darte con un poste más bien para acabar con tu sufrimiento. Por no entrar en los temas ya mencionados en la entrada sobre “uberización” como lo de querer descontar el tiempo de los descansos de café o pensar que las jornadas de 12 horas seguidas son perfectamente normales.

Negociar las condiciones, explicar el motivo por el que pedimos lo que pedimos siempre me ha parecido una batalla necesaria y cuyo final aún no está cerca. Pero, después de darte muchas veces con paredes, muros y puertas, una empieza a preguntarse ¿Qué es lo falla? ¿Por qué cuando pido el material pasan de mi correo? ¿Piensan que voy a vender el power point de 50 diapositivas con letras blancas en Times New Roman 8 sobre fondo gris a las potencias extranjeras?

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No veo un pimiento de lo pequeña que es la letra, pero esta presentación la vendo y saco para pipas

En el fondo creo que el principal problema al que nos enfrentamos es la falta de comunicación eficaz. Soy consciente de que esta no es más que mi opinión personal, pero tengo la sensación de que muchas veces la pelea por las tarifas, por una cabina desde la que pueda ver al ponente o el recibir el material para estudiar se deben a que el cliente que nos contrata no sabe qué se necesita para que el servicio funcione. No digo que la culpa sea del cliente, ni mucho menos. Cuando contratas el servicio de un fontanero no tienes ni idea de tuberías y después de pagarle sigues sin tener ni idea, para eso le contratas, pero haces un esfuerzo por no molestar y por aprender si te comenta algo. No es tarea del cliente aprender previamente lo que necesita un intérprete, pero sí podemos ir explicando de forma correcta y profesional cuáles son los requisitos mínimos para que salga adelante un proyecto con calidad, el motivo por el que pedimos las cosas y debemos intentar ser mejores a la hora de comunicarnos. Podemos evitar los malos entendidos y ser flexibles sin caer en malos hábitos que luego va a tener que sufrir el siguiente compañero al que contrate ese cliente.

Se nota cuando un organizador de eventos ha trabajado antes con intérpretes que han hecho bien su trabajo. Si el cliente recibe calidad, valora el servicio y entiende la tarifa. La mejor manera de explicar lo que costamos es ofrecer un servicio que lo valga. Cuesta menos pagar las cosas si consideramos que vamos a obtener algo bueno a cambio. En una ocasión un cliente nos comentó que nuestro presupuesto no era el más barato pero que era un evento demasiado importante como para dejarlo al azar y que prefería pagar más pero estar tranquilo. Aprovechó para preguntar un montón de dudas sobre el material: ¿Qué mando? ¿Cuándo lo mando? ¿Pongo fecha límite a los ponentes para que pasen las presentaciones? Este es un excelente modo de ver las opiniones de las dos partes y llegar a puntos de entendimiento. No es fácil, no siempre es posible, pero debemos intentarlo.

 

Sin embargo, los clientes no son los únicos que debe saber lo que hacemos, porque igual que podemos trabajar con cualquier tema, todo el mundo es un cliente potencial. Si uno sabe los beneficios que conlleva contratar a un intérprete profesional y la dificultad de la tarea en cuestión, no pensará en que esa reunión con los futuros clientes de Australia en la que se decidirá el futuro de su proyecto la puede “traducir” ese compañero que fue a Londres el verano pasado y se entendía de lujo con todo el mundo.

Todos los años por estas fechas hago jornadas enteras de consecutiva y hay momentos que nunca fallan:

  • Alguien me manda callar en una sala de exposición por interpretar en susurrada mientras habla el comisario.
  • Alguien interrumpe mi consecutiva porque necesita que me mueva para hacer mejor la foto, me echa la bronca por estar en medio cuando quiere pasar o apoya el micrófono/cámara/móvil en mi hombro para no cansarse (ha pasado más de una vez)
  • Alguien con la mejor de las intenciones se acerca al terminar la presentación para felicitarme por mi trabajo, me pregunta por las notas, se asombra de la memoria que se necesita para hacer una consecutiva y termina por preguntarme a qué me dedico.  La persona en cuestión suele sorprenderse cuando respondo que a ser intérprete y en algunas ocasiones se ha lanzado a preguntar si me pagan por eso.

 

El día que quede más claro qué es un intérprete, qué necesita para hacer su trabajo, qué se esconde en el nombre, quizás sea todo un poco más fácil. Que me llamen traductora cuando pregunto por la cabina no me ofende, me enorgullezco de serlo, pero quizás indica que hay una falta de información de fondo que no nos beneficia y que está en nuestras manos remediar.

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Hasta Julieta se preguntaba cuál era la importancia de un nombre, pero si uno estudia los nombres de la obra, muchos tienen un significado que encaja con la trama, por lo que no fueron elegidos sin motivo.

 

Ayer la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que reconoce el papel que juegan los profesionales de nuestro sector a la hora de ayudar a las naciones a establecer vínculos de entendimiento y declaró el 30 de septiembre como el día internacional de la traducción. Un pequeño paso para la ONU pero un paso en la buena dirección para el sector.

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Nota: Gracias a @jsentamans_  por la foto.

El intérprete y la tecnología – Curso AICE

AICE, la Asociación de Intérpretes de conferencia de España, ha organizado un curso presencial de un día que tendrá lugar el próximo 20 de mayo de 2017 en Madrid. El curso Interpretación y tecnología  impartido por el intérprete y profesor de la Universidad de Granada, Óscar Jiménez Serrano, va a tocar algunos de los temas que más me interesan: el papel de las nuevas tecnologías en nuestro sector, la interpretación a distancia o remota que ya no es una posibilidad, más bien se trata de una realidad en el mercado, las CAIT (herramientas informáticas para el intérprete), el BYOD (“trae tu propio dispositivo”) que en algunos países empieza a ser bastante frecuente, etc. Para saber un poco, he hablado con la intérprete Marcella Bracco, miembro de AICE y del comité de formación de la asociación, para que nos aporte algunas pinceladas más.

  • Estamos acostumbrados a escuchar charlas y ver cursos sobre las herramientas CAT y modos de aprovechar la tecnología en la traducción. Daba la sensación de que la interpretación vivía aislada de los nuevos avances, más allá de las mejoras en las cabinas y los equipos de sonido. Sin embargo, cada vez se habla más de la tecnología en el ámbito de la interpretación y este es uno de los primeros cursos que se ofrecen en España sobre el tema. ¿Qué ha motivado a AICE a dar este paso? ¿Qué se va a ver en el curso? ¿Tendrá un enfoque más práctico o combinará información y práctica?

 

Para contestar a esta pregunta tomaré prestadas las palabras de nuestra anterior Presidenta, Ana Villa, quien en su informe de fin de presidencia, hace poco más de año y medio, dijo: “El tema lo merece; que luego no nos pille la ola, ¡mejor surfearla!”.

La actual Junta de AICE, con su Presidenta Inés González Zarza a la cabeza, está profundamente convencida de la importancia de la formación continua, y en especial creemos que debemos estar muy bien informados sobre las últimas tendencias y novedades tecnológicas, que de alguna manera pueden afectar a nuestro trabajo. Si bien estas innovaciones pueden parecer algo muy lejano, sabemos que la tecnología avanza con pasos de gigante y no podemos quedarnos rezagados.

Este curso nace precisamente de esta inquietud y de la necesidad de estar preparados para lo que nos depare el futuro. Como asociación profesional, AICE quiere que sus miembros estemos formados e informados para poder seguir ofreciendo la calidad y profesionalidad que nos caracterizan. Este curso será eminentemente informativo, aunque también habrá la posibilidad de compartir y debatir los conocimientos adquiridos y otros temas de actualidad con los compañeros de profesión y de hacer algunas pruebas con el material que nos proporcione del profesor.

 

  • En Bruselas recientemente se han organizado talleres para aprovechar mejor las tabletas en cabina y en consecutiva, sin embargo, de acuerdo con algunos estudios realizados por estudiantes e intérpretes, no todos los intérpretes se animan a dar el paso. ¿Qué ventajas y desventajas tienen las nuevas herramientas a la hora de interpretar? 
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Mini portátil o tableta en cabina para tener a mano glosario, presentaciones, acceso a internet

Yo creo que las ventajas y desventajas son las mismas que en la vida cotidiana: si manejas bien la tecnología, esta te facilita la vida; sino la manejas bien, puede entorpecer tu trabajo (igual que en tu vida privada). Creo que ahí está el quid de la cuestión: muchos intérpretes no se atreven a lanzarse a la piscina por puro desconocimiento. Supongo que en su día pasaría lo mismo en el campo de la traducción. Sin embargo, en la actualidad, creo que la gran mayoría de los traductores (exceptuando, tal vez, a los literarios) utilizan herramientas de traducción asistida, con sus memorias de traducción, sus herramientas para la creación de glosarios, etc. Los intérpretes simplemente tienen que dar ese salto y por ello decidimos proponer un curso enfocado a la aplicación de estas nuevas tecnologías a nuestro trabajo. Por citar algunos ejemplos, se hablará, entre otros, de Skype Translator, Pilot Speech Translator, gestores de glosarios, asistentes de toma de notas, bolígrafos inteligentes, etc….

 

  • El curso no solo va a hablar de lo bueno de la tecnología, también mencionará los riesgos que conlleva. En el blog he hablado sobre el peligro de la “uberización” de los servicios, de la posibilidad de que el cliente pida una disponibilidad en cualquier momento y de inmediato, sin prestar atención a lo que una buena interpretación necesita. ¿cómo podemos prepararnos para las posibles demandas de los clientes en un mundo que no duerme ni cesa? ¿Es posible (o recomendable) agilizar el proceso de preparación de un trabajo y mejorar la calidad de la interpretación si aprovechamos la tecnología? Quizás, igual que los movimientos de rechazo a la cultura low-cost y fast-fashion, podemos aprovechar las redes para que los clientes de interpretación sean más conscientes del valor del trabajo bien hecho o ¿acaso avanzamos hacia una era de “fast-interpreting”?

 

Me gusta mucho tu manera de explicarlo, creo que has hecho un análisis muy correcto. Muchos intérpretes temen precisamente eso: si me apunto a un curso de tecnología aplicada a la interpretación, acabaré entrando en el peligroso y oscuro mundo del “fast-interpreting”. ¡Nada más lejos de nuestra intención! A mí me gusta decir que hay que conocer al enemigo para poder derribarlo . En el curso veremos hasta qué punto estamos hablando de un “enemigo” o, más bien, de un potencial “aliado”. Aprender e informarnos sobre las nuevas tecnologías nos servirá para responder mejor a las peticiones absurdas de algunos clientes, quienes, por desconocimiento o por atrevimiento, a veces nos proponen trabajar en condiciones inaceptables (y por tarifas irrisorias, no lo olvidemos). Ahí es donde el intérprete profesional (y bien formado e informado), tiene que saber asesorar y aconsejar al cliente sobre cuál es la mejor solución para una interpretación, dependiendo del tipo de evento.

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“Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos”

 

  • Por desgracia, no puedo asistir al curso por motivos de trabajo pero, ¿se va a repetir el curso? ¿Se va a grabar para aquellos que quieren ir pero no pueden? Creo que es un acierto y que no hay suficientes talleres y cursos especializados para intérpretes ya en activo, por lo que este tipo de iniciativas nos benefician. ¿Cuán importante consideras que es la formación continuada para los intérpretes? Muchos pueden pensar que con tener el título y el máster ya basta pero, ¿qué se puede aprender al acudir a este tipo de cursos de un día? ¿Por qué se opta por la formación presencial?

 

La grabación no está prevista en esta ocasión. Sin embargo, el curso se repetirá en la medida en que veamos que hay un interés por parte de nuestros miembros (más de un intérprete de AICE nos ha dicho que en esta ocasión no podrá asistir pero que estaría interesado en una segunda convocatoria del curso).

Y para contestar a tu última pregunta, como te decía antes, para AICE y su actual Junta la formación a lo largo de la vida esvital para los intérpretes. Tanto es así que este no es el primer curso que organizamos (hemos organizado, por ejemplo, un curso sobre cuidados de la voz y otro sobre gestión de la identidad digital) y pensamos seguir ofreciendo actividades formativas porque , efectivamente, escasean iniciativas de este tipo para intérpretes en activo. El hecho de que los cursos sean presenciales favorece además la posibilidad de compartir conocimientos y experiencias con compañeros de profesión.

 

  • Nos podrías adelantar de qué van a ir los próximos cursos. Dejo el espacio de comentarios abierto para que los lectores aporten sugerencias, ¿qué nos gustaría ver en un curso en un futuro no muy lejano? Personalmente me encantaría ver más talleres sobre nuevas tecnologías. 

 

La verdad es que AICE tiene varias ideas para futuros cursos, entre los que se incluyen cursos especializados en terminología médica, financiera y jurídica, cursos de actualización en las técnicas de interpretación, sobre todo la toma de notas para la consecutiva, o un curso sobre el uso y aprovechamiento profesional de las redes sociales, etc.

Sobre Marcella Bracco:
Intérprete de conferencias y traductora de italiano, español, inglés, francés y catalán. Trabaja como autónoma en España desde 2001, compaginando su profesión de intérprete y traductora con la enseñanza del italiano. Su trabajo de intérprete la lleva a todos los rincones de Europa, donde suele saborear las maravillas de ciudades como París, Praga o Bruselas desde las ventanillas de un taxi. Marcella es miembro de Asetrad y de AICE, aunque en su otra vida maña estuvo también militando en ASATI. Actualmente vive en Tarragona, donde disfruta como una enana del Mare Nostrum.

 

¿Corremos el riesgo de ser uberizados?

Uberización: 

  • Por representar un símbolo de un nuevo modelo económico, el nombre de la firma Uber se prestó para crear esta expresión. Esta expresión se usa para definir los nuevos modelos de negocios en los cuales particulares pueden efectuar transacciones económicas vía plataformas accesibles desde aplicaciones que se encuentran en sus celulares inteligentes o en sus computadores. Además de Uber, los últimos años han experimentado una explosión de oferta de plataformas que van desde el alojamiento con AirBnB hasta plataformas de intermediación financiera, otras dedicadas a los servicios domésticos, a los servicios jurídicos, etc. [¿Qué significa la “uberización” de la economía? – Foco Económico]

 

Hemos leído noticias sobre Uber y la uberización de ciertos servicios, aunque cada vez se habla más de la posibilidad de contratar servicios a través de aplicaciones, de sitios web, en los que nada más entrar planteas lo que necesitas, te aparece un presupuesto en cuestión de segundos y se te asigna un “profesional” anónimo que prestará dicho servicio en el momento que se necesite y sin dar una sola pega, siendo al mismo tiempo amable y agradable. Hasta ahí todo es de color de rosa pero, ¿es oro todo lo que reluce en la “uberización” de servicios? ¿Se van a uberizar los servicios de traducción e interpretación?

De forma imparable, aunque las actividades económicas tradicionales se resistan, se está produciendo una drástica transformación en la mayoría de los sectores que acabará con lo que hoy conocemos. La banca, las eléctricas y otras industrias están llamadas a transformarse con rapidez o a desaparecer. No importa lo grandes y potentes que sean, o se transforman, o antes de que se den cuenta estarán en la puerta de salida. – Eduardo Olier en El Economista.es

Esta fue una de las preguntas que nos planteó ayer en Madrid Henry Liu, el presidente de la FIT, la Federación Internacional de Traductores, en el encuentro de asociaciones de la Red Vértice organizado por Asetrad en su flamante nueva sede.

No es la primera vez que se escuchan los gritos de pavor de la multitud del sector:

  • Las máquinas van a quitarnos el trabajo.
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Me encanta el olor a traductor chamuscado antes del amanecer
  • La uberización va a hacer que se desplomen las tarifas.
  • El intrusismo, el intrusismo (perdón, es marzo y este grito suele sonar más fuerte en temporada baja).
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Corred insensatos

Volviendo al tema que nos atañe hoy, ¿son las máquinas el final de la profesión? ¿Son el malo de la película ellas solitas? ¿Tienen secuaces? Quizás nos estamos equivocando y en realidad son el Clark Kent que aún no sabemos que puede salvarnos.

Lo que sí tenemos que aceptar es que están aquí, la tecnología ya no es algo nuevo y el hecho de que los consumidores quieren una homogeneidad en el modo en el que contratan servicios también. Se ha hablado mucho del efecto Ryanair y los productos “low-cost” y a eso ahora tenemos que añadir la urgencia de una sociedad que exige servicios las 24 horas, los siete días de la semana y los 365 días del año.

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La idea es buena y la tecnología lo permite, pero ¿qué significa para nosotros?

En lugar de decir sencillamente que NO, no quiero saber nada de eso o SÍ, es el futuro, aprovechemos las oportunidades que ofrece, tendríamos que plantearnos algunas preguntas.

¿Qué supone uberizar el servicio de traducción e interpretación? En traducción ya llevamos tiempo viendo agencias que lanzan aplicaciones que ofrecen básicamente ese servicio a los interesados. ¿Qué quiere traducir? ¿Para cuándo lo quiere? Esto es lo que cuesta. Para poder ofrecer esto tienen que contar con una base de datos de traductores que permita sacar el trabajo independientemente de la hora y además necesitas unos precios muy competitivos. La gente que opta por contratar traducciones de este modo quiere rapidez y que salga lo más barato posible. ¿Dónde queda aquí la calidad? ¿Es siquiera parte de la ecuación?

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Nadie contrata un traductor para conocer gente guay, pero si puede optar por un servicio uberizado de traducción para ahorrar tiempo y dinero.

Si somos sinceros, todos hemos tenido clientes que necesitan la traducción para ayer y que te saltan sin el más mínimo atisbo de vergüenza que tampoco la quieren perfecta, “con entender un poco lo que dice me vale”. Ahí te plantean un conflicto profesional serio. ¿Sabemos hacer las traducciones personalizando el nivel de calidad en: mal pero no se nota mucho / medio bien / pasable / excelente / si Hemingway levantara la cabeza me invitaría a una copa? ¿Nos interesa incluir la moda de la personalización o “customizar” nuestro trabajo hasta ese punto? ¿Es rentable hacerlo? 

Muchas preguntas, pero es necesario planteárselas en un mercado en el que tienes dos opciones: trabajar a destajo con tarifas bajas o ofrecer un nivel de calidad acorde a las tarifas que planteas. Si vamos más allá, la siguiente pregunta es: ¿Qué es lo que entendemos por calidad? ¿Es lo mismo que lo que entienden los clientes que nos contratan?

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Una cosa está clara, si prometes un servicio de calidad, lo tienes que dar.

La calidad no puede ser una promesa vacía que usemos para defender nuestras tarifas y que luego se quede en nada.  Si quiero cobrar tarifas altas tengo que diferenciarme del resto siendo bueno en lo que hago, esforzándome más en la preparación de los proyectos, formándome cada poco para mantenerme actualizado y seguir ofreciendo valor añadido a los clientes. Tampoco nos vendría mal escuchar más a los clientes, descubrir qué necesitan y de qué se quejan de servicios previos que han tenido.

Esa teoría es buena y ciertamente funciona pero, ¿qué hacer cuándo el cliente prefiere algo barato incluso si no es tan bueno?

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Existen distintos tipos de clientes igual que hay distintos tipos de servicios de traducción

El cliente debería conocer más el servicio, para saber así qué tipo de traductor o intérprete está contratando y qué calidad es la que puede esperar. No es lo mismo un traductor literario que traduce todas las novelas de un autor, un traductor autónomo que quiere ganarse a ese cliente, uno que trabaja para la agencia X y no tiene clientes asignados fijos, un traductor en plantilla que trabaja solo para una empresa, una agencia que mima a sus traductores por ser valiosos activos o un aplicación de móvil que te promete la traducción de 10.000 palabras en dos días.

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¿Quién traduce o interpreta tus contenidos?

La autoría, el que se sepa quién hace qué, es uno de los temas más complicados de nuestro sector. Quizás en la traducción editorial o literaria las cosas sean algo más fáciles (tampoco tanto, consultad la campaña Acredítame – Cita al traductor para ver de qué hablo). Pero en otros campos, por ejemplo el de la interpretación, la cosa es mucho más compleja. Durante años nos hemos enorgullecido de ser invisibles, si no se nota la presencia del intérprete es que estamos haciendo bien nuestro trabajo de facilitar la comunicación (cierto), pero esta invisibilidad nos perjudica a la hora de poder vender nuestros servicios. La clave es encontrar un modo de mantener la confidencialidad que piden muchos clientes y nuestra capacidad para vender nuestra experiencia profesional. Parece fácil y a veces no lo es tanto. Henry Liu comentó aquí el caso de una delegación china que visitó Nueva Zelanda (su país de origen) con unas 800 personas en total, de las que 9 eran intérpretes. Tenían un intérprete para las ruedas de prensa, otro para la negociaciones, etc. Nuevamente, la idea no es mala, si te juegas millones y necesitas que tu mensaje llegue tal y como tú quieres, ¿por qué no invertir en conocer los activos que te pueden dar los mejores resultados dependiendo de la situación? No hay un intérprete que sea bueno en todo, pero todos sabemos en qué somos mejores y dónde realmente destacamos. ¿Por qué no aprovechar eso? Aquí, Natalia González de AICE, Asociación de Intérpretes de Conferencia de España, apuntó con acierto que uno de nuestro principales fallos a la hora de ofrecer nuestros servicios es saber vendernos. No hablamos aquí de los colores que tenemos que elegir como fondo de la web, ni del grosor de las tarjetas de visita, sino de nuestra capacidad para expresar de forma clara, profesional y atractiva en qué somos realmente buenos, en qué somos mejores que otros que ofrecen el mismo precio o tarifas más bajas.

Las máquinas nos dan mucho miedo, no es nada nuevo: Google Translate nos va a quitar el trabajo, los nuevos auriculares que interpretan mientras caminan nos van a quitar el trabajo y encima son bonitos. Todos tenemos un familiar angustiado que nos manda artículos al WhatsApp con estos inventos que nos dejarán viviendo bajo un puente.

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Bonitos son

Llevamos años escuchando esto, quizás sea hora de ver lo que ha pasado en ese período.

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En 2014 ya hablaban de este tema en el congreso de la FIT

La traducción automática o MT es una realidad, hay una inundación de datos que requieren traducción, hay comunicados internos, manuales de instrucciones, etc. Henry Liu lo ha comentado: no existe una crisis de material a traducir e interpretar. Ese no es el problema, hoy por hoy se traduce más que nunca antes.

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No se trata de una crisis de palabras, en la actualidad ni siquiera hay una escasez de profesionales preparados (hay quien dice que incluso somos demasiados) pero sí que existe una crisis de percepción del valor de nuestro trabajo que da como una resultado una crisis de tarifas. Si no percibo que contar con un profesional preparado y serio tiene un valor añadido, voy a estar encantado de contratar a alguien por cuatro duros. Lógicamente, las futuras generaciones verán que esta no es una profesión suficientemente rentable y estudiarán otra cosa y en un futuro sí que tendremos una crisis de escasez de traductores e intérpretes que no beneficia al sector.

Ahorrar costes solo pone en peligro la sostenibilidad del sector.

Ahora bien, ese es nuestro trabajo, dejar claro qué hacemos y, para ser expertos en comunicación, se nos da fatal comunicarnos con el mundo exterior, ese que puede convertirse en un cliente potencial. Invertimos mucho en herramientas de software, actualizamos los programas de traducción asistida, intentamos ser cada vez más eficientes, llenamos las cabinas de tabletas, diccionarios electrónicos, cascos con mejor sonido, etc. Todo eso es aprovechar la tecnología para mejorar el servicio y es bueno. Pero en traducción estamos viendo que a veces eso juega en nuestra contra a pesar del tiempo y dinero invertido.

Henry Liu puso un par de ejemplos excelentes para ver lo absurdo que llega a ser:

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Si en las pruebas no me detecta nada nuevo no pago, hay una concordancia del 100% con la radiografía anterior
  • El ejemplo del médico está muy trillado pero vamos a verlo desde el punto de vista de la interpretación. Si eres el intérprete de la rueda de prensa del inicio de las reuniones del G7 o G8  en los últimos años te han tocado los mismo temas: la guerra de Siria, la crisis económica, Grecia, Brexit, el populismo, el calentamiento global. Muy bien, pues cada vez que salga un tema que ya se haya interpretado el intérprete cobra un 10% menos de la tarifa o no lo interpreta. Si nos parece ridículo en un servicio, ¿por qué dejamos que nos impongan ciertas cosas en otro? A ver que la interpretación no se libra de las peticiones desquiciadas. No creo que sea la primera a la que el cliente le quiere descontar (sin éxito) de la tarifa total los 15 minutos de la pausa del café o los 45 minutos de la pausa comida.
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No soy una máquina, no me desenchufo en la pausa café (que además rara vez dura 15 minutos). Ni soy un parking y no cobro por minutos

Nos reímos mucho de las “supuestas” traducciones hechas con programas gratuitos o baratos y las subimos a todas las redes sociales como modo de defensa contra el ataque de las máquinas, pero, ¿estamos seguros de quién ha sido el que ha traducido eso? A ver, en este caso, ¿quién ha sido?

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Se trata de una traducción literal del chino: resbale y caiga con cuidado
  • A) Esto ha sido G* Translate
  • B) Ese primo del director que pasó un verano estudiando chino y que hace traducciones de vez en cuando para sacarse unos eurillos
  •  C) Un traductor con inglés como lengua D o incluso F que había recibido pocas ofertas ese mes y total, es un montón de señales de advertencia, no puede ser tan difícil.
  • D) ¿Vamos a pagar a un traductor para esto? Trae para acá, que esto lo saco yo en un rato libre que hablo un inglés de Oxford nivel bilingüe.
  • E) Un traductor con buen dominio de chino e inglés con dos copas de más o un gripazo brutal de esos que no te dejan ver bien ni la pantalla.

¿Podéis acusar sin dudar a la máquina?

Lo que queda claro es que la tecnología ha llegado para quedarse, tenemos que aprender a aprovecharla, que el mercado demanda cosas de forma diferente, que tenemos que ser flexibles pero no por ello renunciar a una tarifas que nos permitan vivir de nuestro trabajo y sobre todo, no renunciar a tener vida. Las máquinas pueden trabajar las 24 horas, yo no y tampoco quiero hacerlo. Por lo que si quiero que me contraten, tendré que especializarme, venderme bien y ofrecerle al cliente lo que le prometo. ¿Corro el riesgo de ser uberizada?

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Muchas gracias a Asetrad por permitirme acudir, ha sido un placer escuchar a Henry Liu que habla de la realidad del sector sin dramatismo, con los pies en la tierra y con conocimiento de causa, dado que recorre el mundo visitando las asociaciones locales para ver qué podemos aprender unos de otros.

 

La cabina muda y el intérprete fantasma

¿Qué es una cabina muda?

Parece imposible que una cabina sea muda, su función es transmitir información en otra lengua para facilitar la comunicación en una sala de conferencias o a través de la televisión o la radio.

La cabina muda es básicamente hacer prácticas de interpretación en una cabina (normalmente a solas), con un discurso real que se desarrolla en la sala, pero sin que te escuche el público asistente. ¿Para qué sirve si no te escucha nadie? Cuando aún no has pisado la cabina profesionalmente, te ayuda a meterme en situación, no es lo mismo el aula de clase que una conferencia. También te permite familiarizarte con muchos de los detalles que solo se aprenden en el trabajo. Si está bien organizada, algún intérprete se ofrecerá a escucharte para poder darte luego feedback (el intérprete que no trabaja en ese momento en la cabina que sí está interpretando para el público) o simplemente te permitirán grabarte para luego repasar lo que has hecho bien y lo que has hecho mal. A veces viene bien incluso si ya llevas tiempo trabajando, porque te permite enfrentarte a temas que te producen cierta inseguridad, hacer más discursos para resolver problemas ya identificados, practicar combinaciones de idiomas que estás añadiendo o que usas poco, etc.

Se llama “muda” no porque no hable el intérprete, más bien porque nadie le escucha (o prácticamente nadie). Por lo que los ejercicios en casa son una especie de cabina muda cutre, en la que practicas en pijama pero te falta ese elemento del feedback (cosa que ahora está cambiando gracias a las iniciativas online sobre las que ya hemos hablado en el blog).

En inglés se llama dummy booth y siempre me acuerdo de los muñequitos a los que someten a accidentes de coches de esos que duele solo verlos.

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Me ha dolido menos que un discurso de economía.

Hoy sin embargo voy a hablar de los intérpretes que pueden parecer mudos y no lo son. Lo sé, lo sé, no parece tener sentido, pero ya habéis visto que existen las cabinas mudas y que son muy útiles. Lo mismo pasa con los intérpretes a los que apenas escucha alguien.

A menudo en el blog he hablado de visibilidad pero, ¿qué es un intérprete fantasma?. En televisión puedes ver al periodista, a los entrevistados, te muestran vídeos, imágenes pero nunca ves al intérprete, solo escuchas una voz que sale de la nada, como el narrador de Gossip Girl o de una de esas películas de calidad sospechosa que ponen en el horario de sobremesa. Vale, no nos hace falta salir en antena (personalmente no es algo que me llame la atención), pero imaginad que si ni siquiera se escucha tu voz. En ese caso, da la impresión de que ni siquiera has estado ahí y, lo cierto, es que has sido una pieza tan necesaria como todas las demás para que esa entrevista salga adelante.

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Oigo voces, ¿serán intérpretes?

¿A qué me refiero con esto? 

En las entrevistas en televisión normalmente (no siempre, por desgracia) hay dos intérpretes: uno interpreta al castellano lo que diga el invitado extranjero y el otro interpreta las preguntas y demás comentarios del castellano a la lengua del entrevistado.

¿Por qué necesitan dos intérpretes?

Muy sencillo, si queremos que todo fluya con la rapidez que exige la televisión, necesitas que un intérprete se centre en las preguntas y otro en las respuestas. Si solo tienes uno, lo más probable es que vaya escaso de tiempo y cuando vas muy acelerado cometes más errores, en ocasiones hasta olvidas cambiar las lenguas y haces magníficas interpretaciones del inglés al inglés, por lo que te la juegas si es una retransmisión en directo. Con dos intérpretes sale todo mucho mejor, hay menos estrés y encima se pueden ayudar el uno al otro. He probado las dos opciones y no hay color, en serio.

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Uno interpreta, el otro aprieta el botón MUTE y así no se cuela nada del otro micro en el directo

Cuando vemos la tele y escuchamos al intérprete no nos acordamos que hay otro compañero “en la sombra” que permite que el entrevistado entienda la pregunta. Esta labor que pasa tan desapercibida es clave para el ritmo del programa. No puedes eternizarte al interpretar preguntas, debes ser conciso, no añadir nada, no adornar en exceso pero, sobre todo, no cambiar en lo más mínimo el sentido de la pregunta o los posibles chistes. La respuesta debe encajar con la pregunta, de lo contrario dejas de ser un fantasma.

Si alargas mucho la interpretación de la pregunta el presentador se quedará esperando y el entrevistado pondrá cara de impaciencia, mientras en casa la gente se preguntará qué narices ha pasado. Eso por no hablar de los momentos en los que el entrevistador y el invitado deciden marcarse una charla entre amigos y hablan casi a la vez. Ese tipo de coloquios o charletas improvisadas le dan más dinamismo a las entrevistas y si surgen suelen demostrar que la interpretación va viento en popa, tanto que el extranjero sigue lo que se dice en plató como si pudiera hablar la lengua local. Ahí debes estar muy atento, algunos invitados te están escuchando y sienten la necesidad de interrumpir la pregunta, tu compañero debe entrar y tú debes dejar de hablar y empezar a presionar el botón MUTE de la consola para que tu micro no interfiera en el directo.

Puede parecer que si te llaman para ser el intérprete de las preguntas tu cometido va a ser más fácil y no es así necesariamente. Es verdad que será menos vistoso, ni siquiera tu abuela sabrá que has interpretado en ese programa, pero si no lo haces bien se va a notar, sin ti no funciona la entrevista. En ocasiones el intérprete que no se escucha en directo trabaja hasta más que el que sí se oye.

Visto desde otro punto de vista, si os agobia interpretar para la televisión por eso de que te va a escuchar media España, ofreceros para ser “el otro intérprete” y asunto resuelto.

Aquí os dejo un ejemplo de una entrevista reciente. Dado que el entrevistado era una hombre, la que no se oye es mi voz:

Entrevista a John Helliwell de Supertramp

Da la sensación de que soy la intérprete muda pero nada más lejos de la realidad. Una de las cosas que me gusta hacer cuando me toca ser fantasma es presentarme (I am the voice in your ear) y si es necesario, luego dedico los segundos antes de entrar en antena a explicar al entrevistado cómo va a funcionar todo el proceso, para que sepa que mi trabajo es hacer que no pierda nada de lo que se dice.

¿Qué tipo de intérprete eres?

El Gamification World Congress celebró ayer su quinta edición y he trabajado con Esther Moreno en la cabina durante los últimos cuatro años. Este año hemos vuelto a Madrid, al origen y, como siempre, ha sido una jornada maratoniana, llena de información y de cosas curiosas. Ya os he hablado de este congreso en el blog.

Después de 4 años de interpretar a conferenciantes que hablan sobre tipos de jugadores basándose en el modelo de Bartle de 4 tipos o en el del fantástico Andrzej Marczewski con 8 tipos, estoy bastante familiarizada con ellos. Ayer un asistente preguntó para qué sirve saber cuáles son los tipos. Bueno, la respuesta es sencilla, si identificas los tipos de personalidades que tienen tus jugadores, qué les motiva, cuáles son los objetivos que les interesan y cómo interactúan con otros jugadores y con el entorno, sabrás cómo diseñar propuestas personalizadas y podrás hasta cierto punto hacer una previsión de la respuesta que vas a obtener. Ahí es donde me pregunté si no nos vendría bien identificar los tipos de intérpretes.

Antes de nada, ¿qué tipos de jugadores hay?

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Modelo Bartle para juegos multijugador en tiempo real en mundo virtuales

Vale, vale, pero, ¿podemos ver esto de forma más clara y a ser posible en español?

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Del blog ICEMD

Un Triunfador es una persona para la que lo más importante es la sensación de haber conseguido algo, lograr una meta y cuanto más compleja mejor. Quiere ganar y ser el primero en la clasificación. Actuar sobre el entorno (mundo), dejar su marca, es más relevante que la interacción con otros. Bien podría ser también un tipo de intérprete, más individualista, muy centrado en el reto de sacar adelante proyectos difíciles, enfrentarse a terminología muy específica, eventos de mucha tensión o que han generado mucha expectación y prepararlos tan bien que el resultado final sea perfecto. No tiene nada de malo aspirar a la perfección. Sería un intérprete que estudia el tema, practica en casa y ofrece un pack completo: terminología precisa, pronunciación, ritmo, etc. Pero le fallaría la parte del “concabinato”. Se centraría más en su rendimiento  que en el trabajo en equipo o en empatizar con la sala, el ponente, etc. Puede ser un intérprete que se centre solo en algunas especializaciones y en menos combinaciones de idiomas, dado que una de sus motivaciones es ser reconocido como uno de los mejores (o el mejor) en lo que hace, por lo que le dedica tiempo a aquellas áreas donde destaca y es perfeccionista.

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#winning

Un Explorador desea descubrir lo desconocido, quiere explorar nuevos mundos y conseguir cosas nuevas en cada partida o con cada proyecto de interpretación. Este es el tipo de intérprete que se metió en cabina cuando le contaron que si te dedicas a esto nunca vas a dejar de estudiar, investigar y aprender algo. Pueden fallarle (o no) otras técnicas pero la documentación es lo suyo. Horas leyendo artículos, buscando enlaces, investigando referencias, es un campeón con los vídeos de Youtube que tratan sobre el tema del día o la semana. Sin embargo, no le interesa alcanzar el nivel experto de los ponentes, porque cuando termina una conferencia, lo que busca es sumergirse en otro tema, a ser posible muy diferente, para seguir descubriendo cosas. Es un estudioso, el curioso profesional. Puede ser un compañero de lo más útil (todo le sonará), o un habitante de biblioteca que se relaciona mejor con los libros (ebook, vídeos, o cualquier formato que queráis) que con las personas. Su motivación es interactuar con el mundo, la parte sociable puede estar o no estar incluida en el modelo de fábrica.

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Libros, libros

 

Un Ambicioso (o asesino, depende de cómo quieras traducir killer) es el que quiere ganar, su motivación es actuar sobre el mundo, por lo que competir es lo suyo. Le gusta ganar pero es la competición y derribar a la competencia lo que le activa más que el cuarto café de la mañana. No es lo que encuentre con más frecuencia en cabina pero en todos los sectores hay gente que asume que la vida es una competición y que tienen que ser “el mejor” incluso cuando el trabajo de cabina es un trabajo en equipo.

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#Mmmm

 

El Sociable o socializador es una persona que se siente motivada si puede interactuar con otras personas. Es el intérprete que disfruta con el concabinato, es al que le dicen que en el proyecto hay 6 cabinas y se viene arriba pensando en todos los compañeros con los que va a trabajar y la gente nueva que va a conocer. Es el intérprete que empatiza, que sigue el tono del ponente, que se mete en el papel. Es el compañero que sabes que te va a ayudar pase lo que pase y sus notas son tus notas. Es el compañero que suele gestionar bien la parte social de este trabajo (pedir presentaciones, hablar con los ponentes). Si eres un explorador, este es un compañero que te complementa y que te va a apreciar aunque seas menos sociable que el Grinch.

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Vamos a compartir cabina, dame un abrazo, que se note ese #terplove

No sé si uno es solo un tipo de jugador y nada más que un tipo. Creo que en el fondo muchos tenemos un poco de los 4, con uno de los tipos más marcado. También hay épocas y proyectos concretos en los que sacas a relucir más un tipo que otro pero está bien conocerse, saber qué somos y con qué tipo de compañero encajamos mejor.

Otro de los puntos del GWC16 que me ha hecho pensar es la siguiente idea: a la gente le gusta sentirse especial. Si tienes que pagar más pero sientes que te ofrecen un servicio “VIP”, único y distinto al que se le ofrece al resto, lo pagarás y encima estarás encantado de hacerlo. Es una idea que lleva tiempo circulando por las conferencias de marketing, que explica el consumo de artículos de lujo (sobre todo cuando no son especialmente buenos). Pero que por ahora es complicado aplicar a los presupuestos que enviamos a los clientes. Lo de “te ofrezco una interpretación de calidad y por eso tienes que pagar estas tarifas” (que son las estándar, no hay truco aquí, dado que siempre intentas ofrecer una interpretación de calidad) no siempre convence al cliente. Quizás el fallo esté en no incluir una tarifa más barata para una “interpretación cutre” en el menú para que así tengan opciones. Lo sé, lo sé, es mejor no dar ese tipo de ideas. Tendremos que seguir buscando modos de transmitir que somos un servicio de calidad, útil, que realmente aporta valor y que tanto si somos ambiciosos, sociables, exploradores o triunfadores, lo que está claro es que somos profesionales y nos dejaremos la piel para que el evento salga adelante.

Mientras tanto, aquí os dejo el vídeo que mostraron y que nos habla sobre nuestra necesidad de sentirnos importantes incluso mientras esperamos el bus. ¿La clave será poner un cordón VIP alrededor de la cabina?

 

Debates e intérpretes: el moderador

Después de 3 debates electorales y 2 entradas en las que hemos visto cómo es interpretar a Hillary Clinton y a Donald Trump, le ha llegado el turno a la voz de la moderación: Alberto Cartier.

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Alberto atento y sin soltar el MUTE mientras hablan los candidatos

– En el primer debate el moderador fue Lester Holt y el formato le permitió plantear preguntas enmarcadas en 3 grandes temas. ¿Cuáles fueron las principales dificultades que encontraste? A Lester le llovieron críticas por no poner suficiente orden en los turnos de intervención.

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Lester Holt en el primer debate

Para mí el principal problema en los tres debates fue que el vocabulario me tocaba primero, después ya lo organizábamos, pero los “palabros” aparecían primero de boca del moderador.

En el caso de Lester, es cierto que intervino menos, sin embargo leía las preguntas, por lo que su parte era más rápida que cuando los dos candidatos se paraban a pensar (que tampoco era siempre pues muchas de sus respuestas eran las de toda la campaña)

– En el segundo debate las cosas se complicaron ligeramente. Dos moderadores, Anderson Cooper y Martha. Cada uno con un estilo diferente pero ambos muy directos. ¿Notaste diferencias entre uno y otro o con la velocidad a la que va un debate ni te dio tiempo a percibirlas? ¿Mejor o peor que Lester?

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Dos moderadores y un intérprete

En el segundo debate efectivamente la presencia de dos moderadores hizo la interpretación más divertida, además a mí me gusta cambiar el tono de voz cuando habla uno u otro para poder dar al oyente por lo menos la sensación de es otra persona la que habla y hacer así más fácil la comprensión.

Estos moderadores fueron más activos y participaron más, lo que hizo que tuviera que estar más pendiente para intervenir y eso hizo que nos tuviéramos que coordinar más en cabina, pues no podía intervenir la interpretación del moderador cuando empezaban a hablar los moderadores, sino cuando el intérprete o la intérprete que estaba en ese momento terminaba su parte, para que tuviera sentido para el público. Eso hizo que tuviéramos que coordinarnos más.

– Al no haber anunciado previamente los temas que iba a salir, ¿te resultó más complicado este segundo debate? 

Sí, ya lo había notado en el primer debate a pesar de que habían anunciado las preguntas, aquí efectivamente el nivel de dificultad se complicó y la única preparación fue haber seguido, más o menos, las campañas en los medios.

– Además de dos moderadores, las preguntas llegaban desde el público y redes sociales ¿Prefieres preguntas de un mismo moderador o de distintas fuentes?

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¿Cómo no iba a sacar a Ken en esta entrada?

Idealmente de un único moderador y a una velocidad adecuada sería lo mejor. Al ser del público había que considerar a cada una de las personas que preguntaba, lo nerviosos que estaban o dejaban de estar y sus correspondientes acentos. A mí me divierte más, pero hace la interpretación más difícil.

– A pocos días del final del tercer debate, el final y definitivo, con solo un moderador, ¿Qué esperabas de ese debate y qué te ha gustado o no te ha gustado del moderador, Chris Wallace? La prensa lo ha calificado como uno de los mejores moderadores de estos debates. ¿Has notado diferencias reales a la hora de interpretarlos a todos?

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Chris Wallace

A mí también me ha parecido el mejor moderador, el más imparcial y el que más orden ha puesto de una forma más civilizada. Aunque al principio parecía que favorecía a Trump, luego daba caña a los dos por igual. Además iba interviniendo y mantuvo al público semi callado casi todo el debate.

A nivel de interpretación me pareció el más sencillo, pero ya contaba con la experiencia de los dos debates anteriores, así que no sabría decir si fue por él mismo o por las tablas.

– Finalmente, ¿cómo se vive el debate desde la silla del intérprete del moderador? ¿Mayor tensión, menor? ¿Qué haces mientras hablan los candidatos? (La respuesta a esa última pregunta la sé pero seguro que los lectores del blog se la han planteado)

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Desde la silla del moderador la tensión de interpretar es menor, porque el tiempo de intervención también es menor.

Sin embargo, contábamos con una cabina de lujo, mientras que Aida traía todo preparado a la perfección con sus cuadernos de colores y demás, que nos hicieron la vida más fácil a Dani y a mí, Dani tenía al que yo considero más difícil de interpretar (a Trump), porque al decir barbaridades sin contexto más de una vez nos hizo pensar si lo que habíamos entendido era lo que había dicho realmente o no.

La tensión, creo que para los tres, fue constante, pues todos consideramos que lo importante es que la interpretación en su conjunto salga bien, y no solo la parte individual de cada uno, así que todo el tiempo que estaba hablando otro estábamos viendo como apoyar y atentos como si nos tocara a nosotros para facilitar la palabra, término o número que hiciera falta si veíamos que el compañero o la compañera dudaba.

En este sentido también vi que la experiencia es la madre de la ciencia y que ya para el tercer debate nos coordinábamos mejor en cabina.

Ha sido un lujo el trabajo con Aida González y con Daniel Sánchez, no solo a nivel de compañeros de interpretación sino también a nivel humano. El tercer debate terminamos con un café con churros y porras en la tele.

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Tal y como ha dicho Alberto: Ha sido un placer ser parte del equipo 😉