La Brigada de intérpretes

Hace algo más de un mes tuve la oportunidad de charlar con Esther Navarro-Hall, intérprete, profesora y compañera que ya ha participado en el blog en el pasado.

Esther M. Navarro-Hall
Esther Navarro-Hall

Es profesora en el MIIS (Middlebury Institute of International Studies) y reside en Estados Unidos, donde trabaja también como intérprete. Imparte talleres de Sim-Consec y de interpretación en distintos países y es una de las voces más claras y sensatas de la profesión en muchos de los congresos internacionales. Además de todo esto, es mejicana y los desastres naturales que ha sufrido su país este año la han animado a crear la Brigada de intérpretes (Interpreters Brigade).

1- ¿Qué es la Brigada de intérpretes? ¿De dónde nace esta idea?

La Brigada de intérpretes es una iniciativa que se me ocurrió apenas ocurrió el primer terremoto en México, en los estados de Oaxaca y Chiapas. Si mal no recuerdo, el primero fue el día siete de septiembre y yo ya iba a participar en un evento en la capital, en Ciudad de México. En cuanto supe que había ocurrido esto pensé que ya que iba a estar allí, quizás podría hacer algo por los damnificados Muchas personas en ese momento se estaban preguntando lo mismo, no sabían si era mejor enviar donativos, ropa, comida, agua, etc. Pensé que se iba a necesitar sobre todo comunicación y no veía que se estuviera haciendo mucho al respecto, así que cuando tuvo lugar el segundo terremoto, el día 19, inicié una campaña en GoFundme para pedir donativos para los damnificados. Lo hice de una manera muy específica para la interpretación, dirigida sobre todo a nuestros colegas traductores e intérpretes, que respondieron de una manera magnífica. Empezaron a mandar donativos y yo quería saber cómo canalizarlos, porque estaba escuchando que tras los desastres naturales, la respuesta por parte de las entidades gubernamentales no era todo lo buena que se podía desear. Entonces, decidí que lo mejor era ir y ayudar en persona, para ver exactamente dónde iban a parar los donativos. Muchas veces, cuando estábamos allá nos preguntaban (hablo en plural dado que mi marido me acompañó) que si veníamos de algún grupo, asociación en particular o de algún grupo religioso y no, mi marido respondía (en inglés, porque no habla español): “We are two people trying to make a difference”.

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2- La comunicación en un caso de desastre marca una diferencia. ¿Cómo puede ayudar un intérprete tras un terremoto o un atentado terrorista como el de Barcelona de este año?

Efectivamente, cuando ha sucedido un desastre, de cualquier tipo, lo primero que pasa después del pánico inicial y el impulso por ayudar al prójimo, como tratamos de hacer la mayoría, es el caos y la desorganización total. Un caos que si no dura semanas, como mínimo dura bastantes días. Sin comunicación no existe nada, no se puede mover nada, no puede llegar la ayuda allí donde se necesita y las personas, sobre todo la parte de la población más marginada, no alcanzan a pedir ayuda como se debe.

Lo he visto con las lenguas indígenas, me daba cuenta de que muchas de las poblaciones más marginadas son precisamente las poblaciones indígenas y no podían comunicarse ni siquiera en español, mucho menos en otro idioma, para poder ser auxiliadas por las brigadas que venían de otros países. Algunas de esas brigadas habían ido a sacar escombros, rescatar a las personas atrapadas dentro de edificios o a llevar la ayuda necesaria.

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3- Si un intérprete está leyendo esta entrada ahora en España o en cualquier otro país y decide que quiere ayudar, que quiere hacer un donativo para México, ¿aún existe esa opción?

Sí, es algo importante. Tras la primera o segunda semana lo normal es que se nos olvide que estas personas van a tardar meses o años si quieren reconstruir sus vidas o volver a la normalidad. Nosotros terminamos nuestro trabajo en México más que nada porque yo tenía compromisos laborales y tenía que regresar a Estados Unidos a terminar unos talleres y después tenía este viaje a España, puesto que ya tenía el compromiso de impartir talleres aquí con una asociación. De lo contrario, habría continuado mi labor sin interrupción allá en México. Aún se necesitan los donativos porque las personas ya no necesitan tanto comida y agua, digamos que eso es lo primero que llega en una situación de emergencia, pero ahora se trata más bien de reconstruir. Eso requiere artículos grandes que necesitan comprar ellos y lo que tratamos de hacer, que me pareció clave, es que una vez que compramos esos artículos allá lo hicimos en los pueblitos o en las afueras de la ciudad para hacer un consumo local. Así ayudas de dos maneras, entregas el artículo a la persona que lo necesita y ayudas a la economía local.

Todavía aceptamos donativos porque tenemos pensado regresar a finales de noviembre y seguir trabajando varias semanas.

4- Cuando te pregunté por la Brigada de interpretes me comentaste que hay un antes y un después a nivel personal y profesional. Si tuvieras que resumir en una experiencia o sensación lo que ha sido colaborar con la gente que ha sufrido este terremoto, ¿cómo lo harías?

Llevo 32 años siendo intérprete profesional, primero de conferencias, después intérprete judicial, médico, etc. He pasado por muchas experiencias y, como sabes, en los trabajos que hacemos vemos cosas bastante fuertes. Sin embargo, creo que todo se resume en cómo puede una persona ayudar a que otra persona conserve la dignidad a través de la comunicación. Vimos situaciones tan difíciles, madres solteras con niños pequeños, que sentían que no podían proteger a sus hijos ante lo que estaba pasando, porque en primer lugar no eran capaces de comunicarse y, en segundo lugar, como se les había derrumbado la casa o lo habían perdido todo, esas madres sentían que estaban dejando a sus hijos desprotegidos. Vimos casos graves de ancianos, niños y cuando tú le entregas a una persona algo tan sencillo como una manta, no sé si lo llaman así en España, yo digo cobija en México, y esa persona te besa las manos solo porque le has dado una manta. No es el artículo, es más el hecho de que como humanos su dignidad queda intacta cuando les dan aquello que necesitan con tanta urgencia.

Como profesional, en todo lo que llevo de carrera, y como persona siento que me ha cambiado la vida. Ha sido una experiencia muy bonita, ves lo mejor y lo peor de los seres humanos. Es algo que me gustaría seguir haciendo. No he trabajado mucho en lo que ahora llamo interpretación humanitaria, pero es una cuestión tan apasionante y que de verdad me llena de orgullo poder ayudar con algo tan sencillo como es conversar con una persona, hacer que se sienta mejor, ayudar con las necesidades más básicas. Ojalá todos pudiéramos tener esta experiencia, no se necesita mucho y es muy gratificante.

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5- ¿Qué se puede hacer desde el punto de vista del formador de intérpretes para estos casos?

Creo que es importante que los formadores contemos nuestras experiencias , podemos ayudar en la docencia en cuestiones como las técnicas, las estrategias, metodologías y hasta en la pedagogía. Creo que es muy necesario conversar con los futuros intérpretes sobre este tipo de situaciones, porque es algo a lo que no nos vamos a enfrentar con frecuencia, pero sí que ocurre en todos los rincones del mundo. Pasa en todos los sitios: terremotos, atentados, huracanes, etc. Es algo que no se enseña. Es complicado llevar esto al aula a menos de que hayas vivido la experiencia en persona.

Ya que he tenido esta experiencia, creo que voy a incluir esto dentro de lo que enseño en clase y me gustaría poder desarrollar un curso o taller en el futuro, incluso una charla, que hablase de este tipo de experiencia. Se aprende mucho y hay aspectos específicos en el desempeño diario de la labor del intérprete en estas situaciones. Tienes que ser ingenioso para lograr que las cosas se hagan bien, con calidad y, sobre todo, para garantizar que la comunicación exista como debe ser.

6- Existen charlas y talleres sobre intérpretes en zonas de conflicto, de hecho recomiendo asistir a esos talleres, aprendes cosas que de lo contrario no se te pasan por la cabeza. Uno de los aspectos que me interesa de la interpretación humanitaria tras un desastre o atentado es el hecho de que el intérprete ayuda a la coordinación de distintas brigadas internacionales, fuerzas de seguridad, servicios de atención médica, bomberos de otros países que vienen a ayudar. 

Son situaciones de urgencia, en las que la gente además de comunicación necesita un poco de calor humano, una forma de comunicarse con empatía. Surgen cosas interesantes como el trauma secundario*, que hay que aprender a tratar. También en el caso de las lenguas indígenas, la mayoría de los intérpretes no están acostumbrados a trabajar en relé en este tipo de situaciones. Son cuestiones que van surgiendo sobre la marcha, cuando ya estás sobre el terreno, y me parece que es algo que se podría practicar para poder desplegar una brigada, como hemos hecho esta vez, con un grupo de intérpretes que puedan trabajar al vuelo, que ya estén listos apenas pasa algo.

Allí también me tocó hacer otra labor. Muchos de los intérpretes de lenguas indígenas que trabajan en México no han recibido necesariamente la formación especializada, pero si es necesario conseguir una lengua que no es fácil de conseguir y tienes a una persona disponible aunque no cuente con esa formación, lo que hacía era darles yo una pequeña formación sobre el terreno. Era una formación de emergencia. No podías esperar a dar un taller de un fin de semana, tenía que ser allí, rápidamente, de un día para otro. Lo mínimo era ofrecer una orientación para trabajar bien con ellos y para que ellos pudieran trabajar en relé con nosotros.

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La Brigada de intérpretes tiene una página en Facebook, también podéis leer la entrada publicada en inglés por el MIIS sobre el trabajo de Esther Navarro-Hall en México y, para los interesados, el enlace a Go Fund Me está al inicio de la entrada.

 

  • Estrés traumático secundario: el concepto de Fatiga por compasión que hace referencia a la tensión traumática secundaria, o lo que es lo mismo, al “coste de preocuparse por los otros o por su dolor emocional” (Figley, 1982).

 

La chica del norte y la comunicación

¿Os acordáis del revuelo que se formó cuando le concedieron el Nobel de literatura a Bob Dylan? ¿Se puede considerar que las letras de las canciones son poemas? ¿Cuántas vidas han tenido que acompañar y cambiar para que así sea? ¿Se mide por “likes” en redes sociales? ¿La clave de este premio es que se venden más libros después de concederlo? ¿Se han vendido más discos de Dylan?

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Mientras tanto él se ha mantenido al margen

A pesar de que a veces da la impresión de que el frenético mundo moderno piensa menos en el arte que algunos gobiernos en el cambio climático, lo cierto es que en cuanto se acaba el calor del verano y tocan los anuncios de los premios Nobel dos son los que se llevan la mayor parte del interés. Los países se enorgullecen de los premios a las ciencias, pero no nos engañemos, la verdadera polémica tiene nombre de Nobel de la paz y de literatura.

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Alfredo estaba más nervioso que Murakami por ver si Dylan venía a recoger el premio
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En cabina estábamos esperando que viniera a pesar de todo lo dicho, pero Patti Smith cantando una de sus canciones compensó la decepción de no poder interpretarle.

Polémicas aparte, si algo dejó claro el 2016 es que las letras de las canciones también son un medio de comunicación, transmiten un mensaje y si son buenas, nos narrarán una historia. Puede que nos gusten o no, pero su valor no disminuirá por culpa de nuestras preferencias personales.

Cuando vi anunciada la obra Girl from the North Country en el teatro Old Vic de Londres pensé que se estaban aprovechando del Nobel de Dylan para vender entradas, no me molesté en ir más allá y entender que es algo más que un homenaje, es una adaptación y como tal una respuesta a las preguntas que se plantearon a raiz del premio y que he resumido con más o menos maña al inicio de esta entrada. No nos extraña si una obra teatral se representa, si una obra se lleva al cine o a la televisión, nos parece de lo más normal si una novela o una película se adapta al escenario, o si un anuncio bebe de la riqueza de las palabras de Shakespeare.

Todo sigue igual incluso si se aprovecha toda la discografía de un grupo para hacer un musical. Pero, ¿Qué pasa si en lugar de venderlo como un musical te dicen que es una obra de teatro en la que se intercala música en vivo? Claro que los puristas pueden decir aquí que esa es precisamente la definición de un musical, pero una vez que lo vives entiendes que hay una sutil diferencia, muy sutil, pero que no es lo mismo.

 

 

 

 

 

La obra Girl from the North Country que aún se representa en Londres es una obra difícil de clasificar: en parte drama familiar clásico, que toca temas como la incapacidad de comunicarse entre generaciones dentro de una familia en la que todos se quieren pero nadie realmente se molesta en conectar con palabras. La incomprensión entre personas que comparten el mismo techo y que no son familia, las conexiones inexplicables entre desconocidos y las separaciones absurdas entre aquellos que deberían estar juntos porque se quieren pero no se permiten el lujo de decirlo. En fin, el drama de toda la vida basado en silencios no necesarios, en palabras lanzadas sin pensar y en los malos entendidos eternos que nadie resuelve al final.

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Padre e hijo y una herencia de cosas importantes no dichas

Hasta ahí nada nuevo, aunque cabe destacar la excelente actuación de todo el reparto. Sin embargo, la magia viene de la mano de la música, con una banda en directo sobre el escenario (pero en la parte del fondo), con actores que además de tener un peso dramático, son capaces de cantar de tal forma que se te pone la piel de gallina con la fuerza de las letras/poemas/gritos de Dylan.

 

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Se pasa de las canciones más tristes a las alegres, de la calma a la tormenta como en la vida

 

 

No quiero destripar en exceso la trama pero la hija adoptada del posadero inicia la obra embarazada de un hombre misterioso que no hace acto de aparición sobre el escenario. En un momento ella canta a ese amor huído y creo que resume muy bien el ambiente que se respira en esa sala durante toda la representación.  A veces se necesita algo más que la palabra escrita para comunicarse:

 

La canción que da título a la obra nos habla de una mujer que una vez fue su amor verdadero. Escrita por Dylan en 1963 y grabada una segunda vez a duo con Johnny Cash, fue compuesta después del primer viaje del artista a Inglaterra, cuando fue en busca de su amor, a la que hacía en la pérfida Albión, cuando en realidad ya estaba de vuelta en Estados Unidos. Claramente otro fallo de comunicación.

Bueno, si vas a viajar a la feria del nórdico país,
Donde los vientos azotan la frontera,
Dale recuerdos a alguien que vive allí.
Ella una vez fue mi amor verdadero.

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¿Cuál de las dos mujeres de la familia es la chica del país del norte? ¿La hija abandonada o la madre con demencia que quería ser libre pero no puede escapar de la trampa de la mente? Shirley Henderson borda el personaje de la madre, que es quizás el más complejo, primeros signos de demencia senil, momentos de lucidez acompañados de juegos infantiles y un sufrimiento que no logra expresar en palabras. Los afilados dardos emponzoñados de verdad que lanza cuando nadie se lo espera. Es el personaje del tonto o loco de Shakespeare, la voz de la razón en la obra y al final la que arropa al personaje principal y sobre todo al espectador con un breve resumen que nos da las claves que se nos han escapado, la que menos debería, es la que ayuda a que público y escena se entiendan. No toda comunicación tiene que seguir los canales a los que estamos acostumbrados, lo único que importa es que sea eficaz.

 

No soy fan de Dylan pero como iba a viajar al norte me pareció una obra adecuada y me encanta sentarme a comer helado en el descanso de la obra en el teatro. Pequeños placeres antes de ponerme a trabajar en una cabina en el norte para mejorar mi capacidad de comunicar las palabras de otros.