No me llames Dolores, llámame Lola, perdón, quería decir intérprete

Hay poder en los nombres. Andrea Brocanelli lo recordaba el otro día en Facebook y para eso los mitos nórdicos son muy ilustrativos. A Odín se le han llegado a adjudicar hasta 200 nombres, ahí es nada. El Padre de todos o dios cuervo tenía tantos nombres como algunos coleccionan posavasos de bares porque consideraba que si alguien los conocía todos, tendría poder sobre él. Las fantásticas novelas de Joanne Harris sobre la mitología escandinava aprovechan este detalle constantemente.
Hubo una época en la que me indignaba cada vez que me llamaban traductora u opciones más originales en lugar de intérprete. Echando la vista atrás, en la última década me han llamado todas las versiones de “traductora” existentes: traductora oral, traductora que habla, traductora inmediata, traductora simultánea, traductora rápida y hubo una vez en la que me preguntaron si yo podía traducir antes de que el ponente hablase o si lo hacía en diferido (lo primero habría tenido su mérito).

 

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Tranquilidad, me comentan que el compañero Sentamans sigue vivo y traduciendo

 

Con el tiempo dejé de darle importancia, porque las verdaderas batallas que me preocupan son las condiciones de trabajo y las tarifas. Cuando llevas unas cuantas cabinas y consecutivas llegas a la conclusión de que eso da igual si cumplen con lo acordado en la fase previa. ¿Cuántas veces hemos llegado a un hotel o sala de conferencias y nos hemos encontrado con que la información que nos habían pasado era un sueño de Resines? Simultáneas sin cabina para una sala de 100 personas en las que esperan que interpretes sola al mismo tiempo que habla el ponente y que no subas mucho la voz que a los del fondo les molesta, ¿micrófono? ¿Para qué quieres eso? ¿No sabes impostar la voz? Que te quedas con las ganas de darte con un poste más bien para acabar con tu sufrimiento. Por no entrar en los temas ya mencionados en la entrada sobre “uberización” como lo de querer descontar el tiempo de los descansos de café o pensar que las jornadas de 12 horas seguidas son perfectamente normales.

Negociar las condiciones, explicar el motivo por el que pedimos lo que pedimos siempre me ha parecido una batalla necesaria y cuyo final aún no está cerca. Pero, después de darte muchas veces con paredes, muros y puertas, una empieza a preguntarse ¿Qué es lo falla? ¿Por qué cuando pido el material pasan de mi correo? ¿Piensan que voy a vender el power point de 50 diapositivas con letras blancas en Times New Roman 8 sobre fondo gris a las potencias extranjeras?

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No veo un pimiento de lo pequeña que es la letra, pero esta presentación la vendo y saco para pipas

En el fondo creo que el principal problema al que nos enfrentamos es la falta de comunicación eficaz. Soy consciente de que esta no es más que mi opinión personal, pero tengo la sensación de que muchas veces la pelea por las tarifas, por una cabina desde la que pueda ver al ponente o el recibir el material para estudiar se deben a que el cliente que nos contrata no sabe qué se necesita para que el servicio funcione. No digo que la culpa sea del cliente, ni mucho menos. Cuando contratas el servicio de un fontanero no tienes ni idea de tuberías y después de pagarle sigues sin tener ni idea, para eso le contratas, pero haces un esfuerzo por no molestar y por aprender si te comenta algo. No es tarea del cliente aprender previamente lo que necesita un intérprete, pero sí podemos ir explicando de forma correcta y profesional cuáles son los requisitos mínimos para que salga adelante un proyecto con calidad, el motivo por el que pedimos las cosas y debemos intentar ser mejores a la hora de comunicarnos. Podemos evitar los malos entendidos y ser flexibles sin caer en malos hábitos que luego va a tener que sufrir el siguiente compañero al que contrate ese cliente.

Se nota cuando un organizador de eventos ha trabajado antes con intérpretes que han hecho bien su trabajo. Si el cliente recibe calidad, valora el servicio y entiende la tarifa. La mejor manera de explicar lo que costamos es ofrecer un servicio que lo valga. Cuesta menos pagar las cosas si consideramos que vamos a obtener algo bueno a cambio. En una ocasión un cliente nos comentó que nuestro presupuesto no era el más barato pero que era un evento demasiado importante como para dejarlo al azar y que prefería pagar más pero estar tranquilo. Aprovechó para preguntar un montón de dudas sobre el material: ¿Qué mando? ¿Cuándo lo mando? ¿Pongo fecha límite a los ponentes para que pasen las presentaciones? Este es un excelente modo de ver las opiniones de las dos partes y llegar a puntos de entendimiento. No es fácil, no siempre es posible, pero debemos intentarlo.

 

Sin embargo, los clientes no son los únicos que debe saber lo que hacemos, porque igual que podemos trabajar con cualquier tema, todo el mundo es un cliente potencial. Si uno sabe los beneficios que conlleva contratar a un intérprete profesional y la dificultad de la tarea en cuestión, no pensará en que esa reunión con los futuros clientes de Australia en la que se decidirá el futuro de su proyecto la puede “traducir” ese compañero que fue a Londres el verano pasado y se entendía de lujo con todo el mundo.

Todos los años por estas fechas hago jornadas enteras de consecutiva y hay momentos que nunca fallan:

  • Alguien me manda callar en una sala de exposición por interpretar en susurrada mientras habla el comisario.
  • Alguien interrumpe mi consecutiva porque necesita que me mueva para hacer mejor la foto, me echa la bronca por estar en medio cuando quiere pasar o apoya el micrófono/cámara/móvil en mi hombro para no cansarse (ha pasado más de una vez)
  • Alguien con la mejor de las intenciones se acerca al terminar la presentación para felicitarme por mi trabajo, me pregunta por las notas, se asombra de la memoria que se necesita para hacer una consecutiva y termina por preguntarme a qué me dedico.  La persona en cuestión suele sorprenderse cuando respondo que a ser intérprete y en algunas ocasiones se ha lanzado a preguntar si me pagan por eso.

 

El día que quede más claro qué es un intérprete, qué necesita para hacer su trabajo, qué se esconde en el nombre, quizás sea todo un poco más fácil. Que me llamen traductora cuando pregunto por la cabina no me ofende, me enorgullezco de serlo, pero quizás indica que hay una falta de información de fondo que no nos beneficia y que está en nuestras manos remediar.

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Hasta Julieta se preguntaba cuál era la importancia de un nombre, pero si uno estudia los nombres de la obra, muchos tienen un significado que encaja con la trama, por lo que no fueron elegidos sin motivo.

 

Ayer la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que reconoce el papel que juegan los profesionales de nuestro sector a la hora de ayudar a las naciones a establecer vínculos de entendimiento y declaró el 30 de septiembre como el día internacional de la traducción. Un pequeño paso para la ONU pero un paso en la buena dirección para el sector.

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Nota: Gracias a @jsentamans_  por la foto.

El cuervo, el editor, el traductor y el intérprete

Me encantan los títulos de las entradas que parecen el inicio de un chiste: “Un cuervo,  un editor, un traductor, un periodista y un intérprete entraron en un bar a hacer una consecutiva…”

En este caso no había bar pero sí una serie de entrevistas con interpretación consecutiva a un escritor que también es editor en Londres, en la editorial Granta, y que vino a Madrid a presentar su primera novela. La que a su vez se puede describir como un libro de ficción que es un poco poema, un poco prosa, que es serio, divertido, contiene bromas, un amplio abanico de lo mejor del humor escatológico británico, duelo (mucho dolor),  funerales, cuervos, cero bodas, una escena de sexo que da todo menos gustirrinín y un par de niños que son una entidad sin nombre. ¿A qué apetece?

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Portada en inglés

El titulo del primer libro de Max Porter se ha traducido en español como “El duelo es esa cosa con alas”. Antes de que nadie empiece con los debates sin final sobre la traducción de los títulos, vamos a lo interesante. ¿De dónde viene este nombre tan poético para una “novela”?

Pues de un poema de Emily Dickinson, una de las fuentes de inspiración de las que se alimenta Porter y que arranca el libro en varios sentidos. El poema original en inglés es el 314 y dice algo así como “Hope is the thing with feathers…”

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En español he encontrado varias traducciones, en muchas la esperanza es la cosa con plumas o ese algo con plumas o la cosa con alas. Claramente esa ha sido la versión que ha gustado más al traductor y a la editorial :Rata. 

Emily Dickinson (poema nº 314)

“Esperanza” es la cosa con plumas –

Que se posa en el alma –

Y canta la melodía sin las palabras –

Y no cesa – jamás –

Pero Emily no nos abandona tan pronto, otro de sus poemas nos presenta nada más arrancar a una de las tres voces (cuervo) que nos van a narrar una historia de duelo, de dolor ante la perdida de un ser querido, de cómo la vida sigue y no sigue del mismo modo tras una muerte, de la fuerza que tiene el humor, que no desaparece ni cuando se han apagado todas las luces. 

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Homenaje, respeto pero también vandalismo

Max Porter tiene a Emily Dickinson en un altar y es un apasionado de la poesía, pero el respeto no impide jugar con los héroes literarios, aprovechar sus ideas, darles la vuelta, dejar que cobren vida y soltarlas a volar. La esperanza es una cosa con alas porque vuela, crece, no se detiene con frecuencia. El duelo actúa de forma similar y la labor de aquellos que trabajamos con el lenguaje salta y grazna lo mismo que el cuervo que visita a la familia del libro, que en medio de un proceso doloroso, necesita más esa versión híbrida y posmoderna de niñera, médico, psicólogo y despertador que la invasión de tuppers de lasagna compasivos que le llueve desde el entierro.

Cuervo es un personaje, un narrador, un tramposo, un pájaro que vuela, destroza, insulta, bromea, cuida, protege como una madre a un par de niños de huérfanos y le da las bofetadas necesarias al padre para que pase por el trance.

Y es que el lenguaje de cada una de las tres voces narrativas exponen el duelo desde distintos prismas y juegan con las palabras y el tono de las mismas sin descanso, como un pájaro en vuelo. De ahí que la labor del traductor de este libro me parezca impresionante. Cuervo grazna (literalmente), canta, insulta como un hooligan en día de partido, recita poemas, lee cuentos infantiles, es una Mary Poppins con un pico que más valdría lavar con jabón lagarto de tanto en tanto.

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La editorial :Rata ha cuidado cada detalle, desde la elección de un traductor que da voz a este híbrido de prosa poética en español con gran acierto, hasta la carta manuscrita en inglés del escritor y el sonido del cuervo que nos saluda desde antes de que arranquemos la lectura (detalle que ha encantado al autor).

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Craaa, craaa

El cuervo entiende el poder de las palabras, las escoge con mimo, pero juega con ellas sin parar, lo mismo que hace el autor con el lenguaje, que apenas le da reposo. El traductor lógicamente no tiene más remedio que ir con ellos en esa búsqueda loca de cachivaches que recoge el cuervo en forma de onomatopeyas, tacos y poemas que atesora para luego mostrárselos a la familia rota.

El cuervo ha sido siempre una figura cargada de significado, hay cuervos en todas las mitologías. El cuervo de Max Porter es hijo o sobrino del de Ted Hughes. Aunque no es familia de Sylvia Plath, pero conoce su historia.

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Ted y Sylvia en 1956

Ya sabía que en las entrevistas saldrían muchos primos corvinos que sobrevolarían mis notas. Si hablas de pajarracos negros es imposible que Poe no salude, o que los cuervos de Odín no te recuerden que uno representaba el espíritu (Hugi) y el otro la memoria (Munnin). Hay cuervos entrelazados en mitos de creación en los cuentos de los nativos estadounidenses, que crean los vientos y los truenos (que no se enteren Odín y Thor). Hay cuervos que combaten los hechizos malignos, otros capaces de congelar el sol, hay cuervos con tres ojos o tres patas. Para muchas civilizaciones eran algo negativo, dado que son aves carroñeras, se alimentan de la muerte y eso no puede traer nada bueno. Otros los veían como mensajeros entre el mundo de los vivos y los muertos por el mismo motivo. Hay muchos cuervos mensajeros, algunos hasta adivinan el futuro de las batallas y entregan mensajes de los dioses a los humanos. Quizás por eso Atenea pensó que era mejor tener un buho (inteligencia) que un cuervo (cotilla), que luego ya se sabe.

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Apolo y el cuervo

Un intérprete es un mensajero, uno que salta de un tema a otro, que vuela entre las palabras y discursos ajenos para asegurarse de que todos se informan de lo que se ha dicho, un cotilla, puesto que se entera de todo, el encargado de jugar con las palabras para que signifiquen lo mismo al pasar del mundo de una lengua al de otra.

Por supuesto, al terminar la temporada alta nos parecemos mucho más al cuervo de Brandon Lee que al mensajero con alas de los dioses.

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¿Quiere que hagamos esta entrevista en susurrada?

Cuando te preparas para una interpretación como esta sabes que te van a salir juegos de palabras, sobre todo con “alas” y “plumas”. Por eso buscas soluciones a cosas como “ruffle some feathers”, “scavenger” o “time flies”.

Lo mejor de tener un autor que también es editor es que te encuentras con que en muchas de las entrevistas se habla de la traducción, en primer lugar del libro en cuestión, pero también en general. Como el mercado de libros traducidos crece en Reino Unido, el trabajo del editor con el traductor y la relación del autor con sus traductores.

Max Porter contó que su libro se ha traducido a más de 20 idiomas y que ha podido responder preguntas de sus traductores. Ese proceso no solo le ha gustado, sino que le ha tranquilizado, pues veía por las preguntas que los traductores iban bien encaminados. Además, me comentó que en las entrevistas que ha dado en medio mundo ha visto enseguida si las traducciones eran buenas o no. Si al llegar a un país todos los periodistas preguntaban cosas que no encajaban o no habían entendido el mensaje del libro empezaba a temblar, pero si las preguntas iban bien, entonces la traducción había obrado su magia.

La editorial :Rata ha incluido el nombre del traductor en la cubierta y, aún mejor, ha publicado una entrevista del traductor al escritor al final del libro. Nada como una conversación entre el cuervo escritor y el cuervo traductor, con el cuervo intérprete saltando cerca, esperando su turno.

 

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Debates e intérpretes: Trump

En la anterior entrada hablé sobre mi experiencia al interpretar a Hillary Clinton en el primer debate electoral televisado de esta campaña electoral. Sin embargo, como quedó claro, un proyecto de este tipo no es algo que hagas solo. A mi lado tenía a Daniel Sánchez, intérprete muy curtido en estas batallas, no en vano ha participado ya en otros debates y ha sido la voz en español del presidente Obama desde hace años.

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Concentración máxima a segundos del inicio del debate (pulsando el MUTE)

Otros intérpretes de Donald Trump ya han explicado cómo vivieron el debate (enlaces en la anterior entrada) pero no podía dejar escapar la oportunidad de pedirle a Daniel que nos contase su punto de vista.

  • Dado que ya se ha hablado sobre las diversas dificultades que planteó interpretar a Trump durante el debate y el modo en el que uno debe mantenerse imparcial: ¿Qué te pareció lo más complicado o reseñable a la hora de interpretarle?

Yo diría que lo más complicado y lo más reseñable es lo mismo en este caso. Trump no es un orador al uso. Tras haber visto vídeos de sus discursos ya sabía que no me podía esperar un discurso totalmente coherente, pero en el debate lo más difícil fue que en cada intervención que hacía (intervenciones de un minuto aproximadamente, por cierto) no había ningún hilo conductor. Podía estar hablando de Irán y en el mismo minuto hablar de las mujeres, de su hijo, de que es un gran empresario, de Yemen, de Alemania y de más cosas. Eso, a la hora de interpretar, se hace muy difícil porque no vas siguiendo un hilo lógico que te ayude, que te permita estar preparado para lo que viene.

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Además Trump tiene la característica de que habla muy claro, pero diría que lo hace cuando quiere. En otras ocasiones parece que está en la barra de un bar y deja sin terminar las frases, grita, no pronuncia bien las palabras o incluso utiliza términos que no corresponden en ese momento. En este último caso, adivinar cuál era la palabra que quería utilizar es complicado.

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Sobre la neutralidad que tienes que tener a la hora de interpretar a alguien como Trump, obviamente hay muchas cosas que dice con las que yo no estoy de acuerdo, pero de eso me olvido completamente cuando estoy interpretando y lo que hago es intentar transmitirlo utilizando el mismo tono que utiliza él: si es enérgico, yo también; si está enfadado, yo
también; si se ríe, igual hago yo. Otra cosa es lo que piense cuando acabo la intervención, pero pienso que la gente que está viendo el debate en televisión y que no habla inglés debería poder entender con la interpretación lo mismo que ve un espectador que lo sigue en inglés, y aquí se incluye también los gestos y el tono, que van más allá de la
mera interpretación de una frase.

  • ¿Cómo se prepara uno para interpretar a Trump?

Viendo muchos vídeos suyos. Me he preparado viendo algunos de los debates entre candidatos republicanos en las primarias. Lo hacía leyendo la transcripción del debate para que no se me escapase ninguna palabra, sobre todo aquellas que utiliza y que son de una jerga “más de la calle”. Quería saber cómo habla exactamente, qué tipo de expresiones utiliza y prepararlas para la hora del debate. Y aunque no siempre puedes conocerlas todas, sí que ha ayudado.
Igualmente, he visto entrevistas o mítines de Trump en estos últimos días. Los mítines sirven para detallar los puntos de su política y te permiten hacerte una buena idea de cómo responderá a las distintas preguntas que le planteen durante el debate.
Por último, me he leído de arriba abajo el programa electoral que aparece en su web. Es curioso, porque hasta el mismo día del debate, su programa se basaba en 7 u 8 puntos bastante escuetos: el muro con México, ayuda a veteranos, reforma fiscal, economía, relaciones con China, comercio y poco más. Como decía, lo curioso fue que la misma noche del debate ese programa electoral “creció” por sorpresa. Ahora es bastante más extenso.

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El muro aún no ha salido en los debates
  • Después de 8 años de Obama, de conocerle al dedillo, ¿qué diferencias como orador destacarías?

Te diría que destaco todas las diferencias. Obama me parece uno de los mejores oradores que me he encontrado. Pronuncia unos discursos con mucho contenido, haciendo hincapié donde es necesario, habla claro, se permite siempre un punto de humor para mantener la atención del público. Además su dicción es muy buena. Le gusta incluir en sus discursos citas de personajes célebres, historias de gente de a pie… Son discursos muy bien hechos pero muy cercanos a la gente.

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En un mes…

Por el contrario, Trump me parece un torbellino. Creo que es la mejor palabra para describirlo. Ya he dicho antes que en un minuto para responder a una pregunta, te puede hablar de 9 cosas distintas. Deja frases sin acabar, “machaca” palabras, usa palabras que no corresponden, utiliza mucho lenguaje “de la calle” no para dar un punto de humor (como hace Obama), sino para hacer su discurso un poquito violento. Para mí son dos tipos de oradores totalmente distintos.

  • ¿Qué retos plantea cada uno de ellos?

Para mí el gran reto que supone interpretar a Trump es no perderte. A veces tienes la sensación de que, al interpretar, dices cosas sin sentido gramatical, o sin sentido en el significado. Pero es que es así. Y como nunca sabes cómo va a seguir la frase hay que ir muy pegado a él, aunque hable bastante rápido, porque si no puedes perderte.
Con Obama el reto es menor. Aún así, tampoco es fácil. Hay mucha diferencia entre el Obama que lee sus discursos en el Teleprompter, a una velocidad bastante alta, y el Obama que responde las preguntas de los periodistas sin guión. Ahí es mucho más lento y te permite recrearte más en la construcción de las frases. Pero cuando lee su discurso, hay que estar muy alerta para aguantar la velocidad que lleva e intentar no perder contenido.

Debates e intérpretes

Hace casi cuatro años entrevisté a Daniel Sánchez, la voz en español del presidente Obama durante todos estos años y hablamos de lo que supone trabajar en los debates de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos: Yo soy Obama. Pero cada periodo electoral es diferente, viene marcado por la personalidad de los candidatos y el clima político, económico y social del mundo en ese momento.

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Las cosas cambian

¿Quién nos iba a decir hace cuatro años que Estados Unidos tendría su primera candidata a la presidencia de uno de los dos grandes partidos? Había mucha expectación cara al primer debate electoral este año y desde luego no defraudó a la hora de dar titulares. Ya se han publicado algunas entrevistas a los intérpretes de Trump (Traducir el debate y Producir en español), pero por ahora no he visto ninguna a las intérpretes de Hillary.

¿Cómo se prepara uno para una interpretación de este tipo?

No queda otra que estudiar, como pasa con cualquier proyecto. Aquí sabes que tienes que tener en cuenta otros factores como el horario. Los debates se emiten en directo y eso en hora española significa empezar a interpretar a las tres de la madrugada. Son 90 minutos sin interrupciones y son realmente intensos, porque incluso cuando está hablando el contrario, no puedes relajarte. Si Trump está definiendo una política o acusando a Clinton de algo, tienes que saber qué está diciendo, dado que la respuesta de tu ponente va tratar el mismo tema o va a responder directamente a la acusación de turno. Aquí trabajas cada uno de los 90 minutos.

Eso por no mencionar el hecho de que un intérprete nunca descansa del todo en las pausas, porque lo lógico es ayudar al compañero anotando palabras que se atascan o números.

Otra de las peculiaridades de esta interpretación es que tenemos que ser tres en cabina y aquí tres no son multitud pero el espacio es reducido.

En la esquina izquierda del cuadrilátero teníamos a Daniel Sánchez, curiosamente en el mismo lugar que Donald Trump. En el centro estaba yo y a mi derecha Alberto Cartier que se encargaba de interpretar al moderador del primer debate: Lester Holt.

Diseñamos un plan estratégico de notas, en el que yo anotaba cifras a Dani y Alberto me las anotaba a mi para tenerlo todo en hojas de papel separadas y no mezclar datos. De todos modos, las notas se pasaban en silencio por la mesa. La colaboración es fundamental en un trabajo a esas horas y con ese nivel de tensión en el discurso. El compañerismo siempre da buenos frutos pero si somos tres en una cabina, es aún más importante.

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Ya lo decía la secretaria Clinton, las palabras son importantes y la terminología puede llegar a ser bastante específica en estos debates. Se habla de leyes, de juicios, de personas concretas, de incidentes, etc. Puedes estudiarte la política y la legislación estadounidense durante días y siempre te sorprenderán con algo que no te dio tiempo a ver. Para eso es especialmente útil combinar el estudio y los conocimientos de los tres intérpretes. Si a ti no te suena, es posible que a uno de tus compañeros sí y te lo anote o le de tiempo a buscarlo en Google. Lo ideal es tenerlo todo bien atado pero también tener capacidad para adaptarte cuando las cosas se complican de forma inesperada. La velocidad en televisión siempre va a jugar en nuestra contra, es parte del reto.

Desde luego, a esas horas y con esa velocidad, si no estudias no sacas el debate. Aquí la preparación es clave. Nosotros hemos seguido atentamente las primarias, incluso antes de saber si sería Hillary Clinton o Bernie Sander, ya escuchábamos los discursos, leíamos los programas.

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Una vez que quedó claro quién sería el candidato del partido Demócrata, nos dedicamos a estudiar lo que se decía en las convenciones de los dos partidos de julio. Dado que es igual de importante aprenderte el discurso de tu candidato como el del opuesto. En el debate no solo tienes que saber qué tipo de anécdotas suele contar Clinton, si habla rápido o hace pausas, si usa citas y en caso afirmativo, si es de las que prefiere las citas de los clásicos o de las películas, si menciona muchos nombres o muchas estadísticas, etc.

En esos meses de estudio, vi que Hillary Clinton tiene una serie de frases que se repiten y, por tanto, es necesario tener preparadas, suele mencionar a su padre y la fábrica de cortinas, a su abuelo y la fábrica de encaje (esa aún no ha salido), habla de sus nietos, de los derechos de las mujeres, de la baja por maternidad, del techo de cristal y de la conciliación familiar. Todo eso lo tenía en los post-its con los que decoré la cabina (con permiso de mis estupendos compañeros). También sabía que usa citas bastante cultas y usa palabras en latín en ocasiones (no salió en el primer debate, pero quedan otros dos).

También es cierto que el programa electoral que tiene en la página web es muy completo y es fácil ver todos los temas individualmente y conectados entre sí. Eso por no mencionar la enorme cantidad de vídeos breves que ha subido en redes sociales con algunas de sus propuestas y las principales acusaciones que le dedica a su contrincante. Sin embargo, a pesar de ese océano de información disponible, fue capaz de sorprenderme inventándose un nuevo término: “Trumped up-trickle down economics”

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Nunca es tarde para crear nuevos términos

La opción de economía de goteo no basta y “trump up” además de ser un juego de palabras con el apellido del candidato y su amor por bautizar con el mismo a todas sus empresas se puede llegar a traducir como algo inventado, falso o “fabricated”. Si te aparece en una traducción tienes tiempo para darle todas las vueltas que quieras y encontrar una solución creativa, pero en televisión y en directo, el proceso es más complicado.

Al menos tuvo el detalle de regalar grandes momentos durante el debate a los intérpretes:

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Otro de los problemas con lo que no contábamos eran las interrupciones constantes. Menos mal que estábamos todos en la misma cabina y hacíamos un esfuerzo para no interrumpirnos demasiado. Sí que queríamos transmitir el hecho de que se interrumpían pero si tienes el audio original de fondo y a eso le sumas el ruido que generan dos o tres intérpretes pisándose, el resultado es un caos que nadie quiere escuchar. Aquí le han dado mucha caña al moderador, si bien no le envidiaba el trabajo. Ahora toca ver qué hacen los siguientes.

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Yo venía a moderar

Al inicio reconozco que los nervios jugaban en mi contra. Era mi primer debate electoral, cosa lógica por otra parte (nunca antes habían tenido candidatas a la presidencia) y había estudiado mucho, pero con el paso de los minutos me encontré más cómoda con el ritmo. He anotado cosas que quiero mejorar para el siguiente debate y cosas que me han gustado.

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Me he preparado para ser su intérprete y creo que eso es algo positivo

En la siguiente entrada dejaré hablar al señor Trump, perdón, a Daniel, que ya he consumido mis dos minutos de tiempo. El turno de palabra del moderador llegará después del segundo debate, porque todos queremos ver qué pasa tras las críticas que ha recibido Lester. Eso sí, no pensarías que iba a terminar esta entrada sin incluir el gif del primer debate.

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Buen debate a todos

Cantando en cabina

En algunos seminarios sobre interpretación para principiantes suelen recomendar las sesiones de karaoke para superar la timidez natural de muchos de los que aspiran a ser habitantes de las cabinas. Si no mueres por dentro mientras una sala de personas ligeramente perjudicadas por el alcohol escucha tus gallos al intentar emular a los noruegos de A-ha cantando Take on me, es que estás preparado para todo. (Aviso: la canción parece fácil pero espera al momento falsete intenso).

 

Para el que tenga dudas, sí, esta es una entrada musical. ¿Entrada musical? ¿Qué tiene que ver la música con la interpretación además de esa sugerencia del karaoke? En las entrevistas durante el estreno de la película La intérprete (2005), el director de la cinta, Sydney Pollack, comentó que había hablado con una serie de intérpretes de las Naciones Unidas en Nueva York para poder elaborar un perfil más claro y entender qué es eso de ser intérprete. Una de las conclusiones que sacó es que la mayoría tenía cierto “talento” musical y tocaban instrumentos varios (de ahí que Nicole se pasase media película paseando una flauta en el bolso). Es cierto que tener un buen manejo de la voz es una de las claves de esta profesión y un ejercicio al que debemos dedicar tiempo a lo largo de nuestra carrera pero de ahí a pensar que puedo cantar como Mariah Carey hay un paso.

En mi caso el talento musical (de existir) es escaso. Aún así, me he enfrentado a esos momentos únicos en los que un ponente decide crear ambiente y poner una canción y solicitar por el micrófono que la cabina interprete la letra: “es tan bonita”. Si te toca Imagine de John Lennon no parece que la cosa sea para tanto pero y si al hombre le motiva algo más en línea del Work Work Work de Rihanna o Shakira con su tigre la cosa se pone interesante.

 

En algunos casos uno siempre puede optar por responder: “Las canciones no se traducen”. Es cierto, algunas canciones es mejor no traducirlas, pierden toda su gracia en otro idioma (más que nada porque descubres que tampoco tenían tanta gracia cuando finalmente entiendes lo que dicen).

Sin embargo, hay ocasiones en las que el uso de canciones es algo más complicado, porque no son mero acompañamiento musical, son parte del mensaje y eso sí que nos compete. En el pasado las canciones de las películas musicales se doblaban precisamente para que la gente no perdiese parte del diálogo que se cantaba y bailaba. También ayudaba a vender más bandas sonoras pero esa es otra cuestión. ¿Cómo olvidar al tío en América en West Side Story?

1- La escena original con subtítulos en inglés.

 

2- No he encontrado la escena de la película doblada en YouTube (la tengo en DVD) pero la canción doblada sí y nos permite ver que no se trata de traducir literalmente, si vas a cantar tiene que encajar en el ritmo.

 

Ahora en las películas musicales para evitar tener que modificar la letra para que rime o simplemente para que entre en tiempo, la subtitulan y así se pueden escuchar las voces originales y seguir los subtítulos para saber qué se cuentan.

Pero en la interpretación no hay opción de subtitulado, ni de nota del intérprete. Si te lanzas a interpretar una canción en plena ponencia o durante la retransmisión de un programa tienes que seguir adelante. No vale empezar, pensando que no va a ser tan difícil y luego parar cuando te das cuentas de que te has metido en un jardín y no ves la hora de salir de allí. Aquí ya entra en juego la habilidad musical de cada uno, si se ve capacitado, adelante, pero si va a quedar mal y la opción es decir que no, pues yo no me lanzaría de cabeza sin pensarlo.

Este año me he encontrado con 2 proyectos en los que curiosamente había un rap y el cliente en cada caso se debatía si se debería interpretar o no. El primero tenía mucha miga, se iban a perder bastantes bromas pero a la velocidad a la que iba a ir podía acabar siendo un desastre, por lo que fue el propio cliente el que decidió que no se interpretaba (imaginad la cara de felicidad de la abajo firmante).

Aviso a navegantes: esta es la versión sin censura publicada por MTV, no se ve la actuación pero se entiende muy bien lo que le pasó a Leo con el oso. Aquí no habría sufrido demasiado porque solo interviene una chica pero era Rebel Wilson y esa mujer me hace sudar mucho con sus intervenciones.

 

En la segunda ocasión nos preguntaron si sería posible interpretar el rap al inglés para los extranjeros en la sala. Os dejo el vídeo (sólo se escucha el audio original) para que tengáis algo de práctica curiosa. #Rarrr

 

Parece fácil cuando lo escuchas pero interpretar una canción tiene varios niveles de complicación. En primer lugar tienes que plantearte si vas a limitarte a interpretar la letra o si ya que te pones, te animas y sigues el ritmo o incluso cantas. En mi caso, desafino más que la secretaria del Ministerio del Tiempo y hago un enorme favor a la humanidad cuando no canto (a pesar de lo que opine el señor Pollack, no todos los intérpretes tenemos habilidades musicales).

Vale, pues solo interpreto la letra, nada más. Parece fácil, ¿no? Pero no lo es, a veces va muy rápido, en otras ocasiones son juegos de palabras, hay letras que no tienen ni el más mínimo sentido y, también, hay casos en los te dejas llevar por el ritmo como una alumna más de la academia Fama (sí, soy así de mayor). En clase solía usar el siguiente vídeo como ejemplo. Es el típico discurso de apertura, el presentador abre una gala de premios, habla, canta, baila y entretiene. Todo lo que dice es “información” y la gente quiere enterarse. Les decía a los alumnos que tenían que elegir y ser coherentes, tenían 3 opciones y no podían cambiar una vez empezaba:

  • No interpretar nada
  • Interpretar solo la letra, como si fuera un discurso normal (no vale ponerse a cantar a ratos)
  • Seguir el ritmo y cantar con el ponente

¿Os atrevéis?

 

El humor británico y las redes sociales

El año pasado os conté lo que había sido la experiencia de ser la intérprete femenina de la gala de los premios del cine británico: los BAFTA. En 2015 se emitió por primera vez en el canal TCM y he tenido la enorme suerte de repetir y seguir aprendiendo.

En primer lugar es una gala curiosa y de lo más ágil. Los británicos prometen un espectáculo que no supere las dos horas y no se pasan ni un minuto. Tal y como expliqué el año pasado, el truco está en el falso directo: la gala arranca a una hora, se entregan premios, todo perfectamente normal, solo que no empieza a retransmitirse en la televisión británica hasta que no lleva ya más de la mitad de la ceremonia. ¿Por qué hacen eso? Pues para recortar momentos innecesarios, si alguien tarda mucho en subir las escaleras, si ven que se alarga mucho quitan los premios más técnicos del programa y luego los añaden al final en un resumen especial (por lo que sí se ven pero ya no están dentro del programa como tal). La velocidad suele darnos problemas pero en televisión siempre van rápido, no es una novedad y al menos aquí nos viene bien porque nos permite terminar el programa antes y no acabar agotados. Tened en cuenta que al ser intérprete femenina para voces de chica e intérprete masculino para voces de chico, los dos trabajamos todo el rato, no se hacen los turnos habituales de cabina de 30 minutos cada.

Lo cierto es que en el pasado el falso directo no tenía la más mínima relevancia, la gente se enteraba de los premiados a medida que veía el programa de la tele pero ahora que todo el mundo tiene un móvil con acceso a las redes sociales, es imposible guardar el secreto ni cinco minutos, mucho menos una hora. Hace ya algún tiempo que la academia de los BAFTA reconoció la derrota y la propia cuenta oficial de Twitter nos informa de quién gana cada premio en tiempo real.

Para algunas personas se pierde un cierto misterio, aunque basta con no mirar Twitter durante las horas previas al programa, pero a nosotros, los intérpretes, nos viene de lujo. No es que sepamos lo que van a decir al dar las gracias pero sí sabemos qué ficha debemos sacar de la carpeta. Los días antes ya estamos enganchados a Twitter, hay muchísima información útil pululando por ahí. Los actores comentan si van a asistir o no, lo que van a llevar puesto (esto por ahora no es demasiado necesario, dado que no se interpreta la alfombra roja de los BAFTA).

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Con lo divina que iba Cate

Muchos incluso exponen en un tuit si van a defender alguna causa en su discurso en el caso de ganar la máscara (el premio de los BAFTA, igual que Oscar es una estatuilla o el Goya es un cabezón).

Lo ideal es ir pegados a Twitter para saber qué se cuece y además de eso no viene mal conocer la gala al dedillo (gracias a Youtube te puedes estudiar galas de años anteriores y ver qué suele pasar).

Que Stephen Fry es el presentador no es una sorpresa, lleva 11 años desempeñando ese papel, lo que tiene sus ventajas y desventajas. A favor tenemos que, como todo el mundo, es un hombre de costumbres y repite cosas todos años. Por ejemplo, le gusta pedir a los actores no británicos un beso para la cámara al inicio del discurso inicial.

 

Cada año revisamos la lista de asistentes para intentar averiguar a quién se lo va a pedir y este año al coincidir que la gala se celebraba en San Valentín sabíamos que no se iba a ir a casa sin un beso como mínimo. Pero no nos esperábamos una Kiss Cam al más puro estilo deportivo estadounidense.

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Dame un besito, Leo

También sabemos que el señor Fry es un virtuoso del adjetivo y del adverbio y preparamos listas de sinónimos de términos como “luminoso”, “efervescente”, “rutilante”,  “atractivo” y “sonoro”. Siempre son útiles.

Lo malo del señor Fry es que es un experto del humor británico: ácido, rápido, con múltiples significados y rico en dardos envenenados que uno debe interpretar lo mejor posible, sin perder demasiado tiempo y sin pestañear.

Este año ha abandonado Twitter por las críticas recibidas tras su comentario sobre el estilismo de la ganadora del premio al Mejor Vestuario. Claramente lo hizo en tono jocoso pero cuando la calificó de “baglady” (pordiosera) no todos lo encontraron gracioso.

Incluso cuando no hace comentarios puede ponerte en un apuro con una amplia selección de juegos de palabras hasta durante las presentaciones:

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Demos la bienvenida al principe Guillermo de los Black Eyed Peas

Pero Stephen Fry solo es el presentador de la gala. Luego tenemos a los que se ocupan de cada uno de los premios que vienen de casa con sus acentos, su manías y las gafas…

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Vamos a ver qué nos han escrito y si logramos hacer llorar a la intérprete

Kate se portó muy bien, aunque tener al lado a Idris Elba hacía que fuera algo más complicado concentrarse. Pero fue otra rubia la que me hizo sudar tinta porque si el humor inglés da quebraderos de cabeza, el sentido del humor de Rebel Wilson es tema aparte.

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Voy a cambiar tanto de dirección en este discurso que la intérprete no va a saber si presento algo, he venido a ligar o vendo el piso de mi abuela en Benidorm

Los que no defraudan son los discursos de agradecimiento que siempre tienen algo de inesperado: están bañados en lagrimas, menciones a los progrenitores, las mascotas, reivindicaciones, declaraciones de amor, citas imposibles de interpretar sin Wikipedia al lado o agradecimientos hasta el último ser humano del planeta.

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Es un detalle que para cuando se celebran los BAFTA ya hayan entregado los Globos de Oro y los SAG por lo menos, de ese modo ya sabes a quién van a agradecer algunos sus premios. Kate le dio las gracias a las mismas personas y casi en el mismo orden, un alivio para la intérprete que aún se estaba recuperando de la intervención de Rebel Wilson o del comentario de Dakota Johnson sobre sus preferencias en ropa interior.

La gala tiene muchas cosas a su favor: es rápida (en todos los sentidos), se hace amena, es muy británica, tiene muchas estrellas internacionales, no peca de números de adorno innecesarios, cuenta con Stephen Fry (aunque es mejor que deje su papel como comentarista de moda) y eso Twitter no se lo puede quitar.

 

Además de todo esto para mí tiene dos ventajas más: un horario que nos permite verla sin trasnochar y un equipo que hace que trabajar en ella sea un verdadero placer.

 

Así que aunque entre enero y febrero tengamos más premios de los que uno se pueda imaginar, os aconsejo que dejéis un hueco reservado en vuestros corazoncitos cinéfilos para los BAFTA.

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Corre, que nos perdemos los BAFTA